El mercado de plataformas de contenido erótico como OnlyFans ha experimentado un crecimiento exponencial en Argentina en los últimos años. Lo que para miles de usuarias comenzó como un canal informal de ingresos en moneda extranjera o una alternativa frente a la crisis económica, se ha transformado en una industria de escala masiva que mueve millones de dólares mensuales. Sin embargo, el esquema operativo de cobros y giros internacionales de divisas ha entrado formalmente en el radar de fiscalización de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
La controversia estalló durante las últimas semanas a raíz de una oleada de notificaciones, intimaciones y bloqueos preventivos de cuentas bancarias y billeteras virtuales pertenecientes a creadoras de contenido. El foco de las autoridades tributarias apunta a la inconsistencia entre los volúmenes de facturación declarados ante el fisco y los fondos efectivamente percibidos desde cuentas u operadoras en el exterior, donde una parte sustancial del universo de usuarias operaba en la informalidad o mediante la inscripción en categorías mínimas del régimen simplificado para pequeños contribuyentes.
Las cifras de la industria y la complejidad tributaria
Estimaciones del sector calculan que en Argentina existen más de 48.000 creadoras registradas en este tipo de plataformas. El abanico de facturación resulta sumamente heterogéneo: mientras que las participantes principiantes perciben promedios que parten desde los 180 a 350 dólares mensuales, los perfiles con mayor tráfico y suscriptores alcanzan rangos que van desde los 5.000 hasta superar los 10.000 dólares cada mes mediante suscripciones periódicas, contenidos exclusivos en modalidad pago por visión (pay-per-view) y propinas digitales directo de usuarios extranjeros.
El principal escollo radica en los mecanismos de bancarización y repatriación de las divisas. Para percibir las ganancias generadas en OnlyFans —plataforma que retiene un 20 % de comisión por intermediación técnica—, los fondos deben ser canalizados a cuentas bancarias o billeteras virtuales que pertenezcan obligatoriamente al mismo titular registrado. Ante el desconocimiento normativo o la falta de asesoramiento contable especializado, múltiples creadoras recurrieron al uso de plataformas de pago de terceros o declararon ingresos únicamente mediante el Monotributo, situación que devino en la recategorización de oficio, la suspensión de la clave fiscal o la exigencia de inscripción en el régimen de Responsable Inscripto por superar los topes de facturación legalmente permitidos.
Academias, agencias intermediarias y el mercado de «mentoras»
Paralelamente al crecimiento de las plataformas, se consolidó en el país un ecosistema periférico compuesto por agencias de representación, empresas productoras de material audiovisual y «mentoras» o academias de formación dirigidas a guiar a las plataformas emergentes. Estas estructuras intermediarias prestan servicios de edición, promoción, manejo de chats con suscriptores y asesoramiento logístico a cambio de comisiones que, en diversos casos, oscilan entre el 40 % y el 60 % de los ingresos brutos generados por la creadora.
Esta dinámica de intermediación ha sumado un nivel de fricción adicional con la entidad de recaudación tributaria. Debido a que la totalidad de la facturación que ingresa desde el exterior queda asentada a nombre del perfil de la creadora, los organismos de control exigen la tributación por el monto bruto percibido. Esta situación genera que las usuarias deban hacer frente a obligaciones impositivas calculadas sobre la totalidad del dinero ingresado, sin importar que más de la mitad del capital sea absorbido posteriormente por los porcentajes de retención de las agencias intermediarias que no emiten facturación oficial.
Consecuencias administrativas y el impacto en la región
Las intimaciones del organismo recaudador ya han provocado el congelamiento preventivo de saldos e imposibilidad de operar a numerosas creadoras que mantenían inconsistencias fiscales sin resolver desde hacía varios meses. Desde los despachos contables señalan que la falta de una categoría tributaria específica adaptada a los servicios digitales de entretenimiento para adultos agrava la situación, obligando a encuadrar la actividad bajo la figura de exportación de servicios.
La intensificación en el entrecruzamiento de datos bancarios e informativos sobre transacciones digitales no solo marca un precedente administrativo en el mercado argentino, sino que sienta un antecedente directo para los países de la región. El avance sobre el control impositivo del trabajo digital transfronterizo refleja la tendencia global de las agencias de recaudación por fiscalizar los flujos financieros de las nuevas economías de la red y las plataformas de suscripción.






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