La salud mental como prioridad en el ámbito laboral peruano
La salud mental ya ocupa el cuarto lugar entre los principales riesgos que enfrentan las organizaciones en Perú, según el informe People Risk 2026 de Marsh. Este dato marca una diferencia con respecto a la situación global, donde se ubica en el noveno puesto. Esta realidad abre un debate sobre sus efectos en la productividad, la rotación de personal y los costos asociados a la salud de los trabajadores.
Transformación digital y escasez de talento
El estudio coloca en primer lugar la transformación de los lugares de trabajo, seguida por la escasez de talento tecnológico. La salud mental se sitúa después de estos desafíos, superando otros factores comunes en la agenda de recursos humanos. Para las empresas, el problema trasciende las políticas de bienestar y entra en el ámbito de la gestión de riesgos.
Limitaciones en la evaluación de riesgos psicosociales
La preocupación se combina con restricciones en la capacidad de respuesta. Solo una de cada tres organizaciones considera efectiva su evaluación de riesgos psicosociales, una herramienta que permite detectar cómo las condiciones de trabajo afectan a los equipos. Sin indicadores y seguimiento, las compañías tienen menos margen para anticipar situaciones de agotamiento, ausentismo o desvinculación.
Dificultades en el acceso a la atención de salud mental
Un dato con impacto económico es el acceso a la atención. El 28% de las organizaciones identifica dificultades para que sus colaboradores reciban servicios de salud mental de calidad. A esto se suma el aumento de los gastos médicos: el 38% advierte que los costos de salud erosionan los ingresos y ahorros de los empleados.
Este escenario puede influir en el clima laboral y en la permanencia de los trabajadores. Las empresas que no detectan estos factores enfrentan un riesgo mayor de que los problemas de salud mental se traduzcan en ausencias, menor rendimiento o salida de personal, aunque el informe no cuantifica estos efectos para el mercado peruano.
Grietas en la ejecución de estrategias de bienestar
El informe regional Redefiniendo la Salud Mental 2025 revela otra brecha. El 79% de las organizaciones cuenta con un presupuesto para iniciativas de bienestar emocional o salud mental, pero el 43% aún las maneja como acciones aisladas, sin una estrategia articulada.
La distancia entre recursos y ejecución también se observa en la prevención del agotamiento laboral. El 52% de las compañías consultadas no tiene medidas para abordar el burnout. A su vez, el 62% de las organizaciones que afirma contar con estrategias de apoyo no dispone de un protocolo claro para responder ante crisis o emergencias de salud mental.
La falta de procedimientos definidos puede dificultar la intervención temprana, los ajustes razonables y el acompañamiento de quienes regresan al trabajo después de una licencia. También plantea un desafío para los mandos medios, que suelen ser el primer contacto ante problemas que afectan al personal.
El rol de los líderes en la salud mental organizacional
El rol de los jefes aparece como otro punto pendiente. Apenas el 12% de las organizaciones involucra a sus líderes desde la planificación de las acciones de salud mental, según el relevamiento regional, que analizó a 746 organizaciones de América Latina.
Ariel Almazán, líder de Consultoría en Salud para Marsh Latinoamérica y el Caribe, sostuvo que las compañías deben incorporar métricas sobre riesgos psicosociales, ausentismo, rotación, seguridad y productividad. También planteó la necesidad de contar con rutas de atención y protocolos para crisis.
Para las organizaciones peruanas, el reto está en conectar la inversión en bienestar con mecanismos de medición, prevención y atención. Los datos de Marsh sugieren que la salud mental ya es parte de la agenda empresarial, aunque persisten diferencias entre reconocer el riesgo y contar con herramientas para gestionarlo.






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