El exluchador de artes marciales mixtas (MMA) Farhod Rahimzoda fue reportado muerto en las últimas horas mientras cumplía una pena de 23 años de prisión en la región rusa de Novosibirsk. El peleador de origen tayiko había sido condenado por el atroz asesinato de Olga Yaroslavtseva y de su pequeña hija de tan solo cinco años, un caso que conmocionó a la opinión pública internacional por su extremada crueldad y frialdad logística.
La noticia de su fallecimiento fue difundida por medios locales de la Federación de Rusia y replicada por la prensa europea. Hasta el momento, las autoridades penitenciarias de ese país no han emitido un parte médico oficial que aclare las causas exactas del deceso dentro del establecimiento carcelario.
Un plan macabro motivado por la codicia y encubierto tras la violencia
El sangriento episodio ocurrió en enero de 2024 y tuvo su desenlace judicial el 23 de octubre de 2025, cuando el Tribunal Regional de Novosibirsk halló a Rahimzoda culpable de los delitos de robo y doble homicidio agravado. La reconstrucción de los hechos reveló que el agresor, quien además de su carrera deportiva trabajaba como chofer de taxi, entabló una relación de confianza con Yaroslavtseva tras prestarle servicios de traslado.
Sabiendo que la mujer había recibido una importante herencia y planeaba invertir parte de los fondos en un vehículo de alta gama, el luchador diseñó una emboscada. El 20 de enero de 2024, mientras acompañaba a la víctima y a su hija de cinco años a retirar el coche recién comprado por 1.540.000 rublos (unos 18.000 dólares), Rahimzoda desviaron el trayecto hacia una zona descampada.
Allí atacó brutalmente a la mujer con un cuchillo, propinándole diez puñaladas mortales. La pequeña presenció toda la secuencia desde el interior del automóvil. Para evitar ser delatado, el agresor estranguló a la niña sin piedad y procedió a deshacerse de los cuerpos en distintos puntos de la región, robando además 3,8 millones de rublos en efectivo, el teléfono móvil y el propio vehículo de la víctima.
Falsas coartadas, fuga fronteriza y antecedentes de violencia en deportistas
Durante los días en que madre e hija permanecieron desaparecidas, Rahimzoda respondió las llamadas de los angustiados familiares asegurando cínicamente que «las chicas estaban durmiendo» para ganar tiempo. Tras abandonar los cadáveres cerca de autopistas y mercados locales, intentó escapar hacia Uzbekistán, pero fue interceptado y detenido por la policía en Kazajstán cinco días después del crimen.
Aunque en un principio alegó legítima defensa y posteriormente adujo un «ataque de celos», las pericias forenses desmintieron sus dichos y probaron el móvil económico del atraco. Este patrón de conducta criminal evoca trágicos antecedentes internacionales donde deportistas de alto contacto utilizan su preparación física para someter a víctimas indefensas en contextos de violencia machista o robos planificados.
En América Latina y el resto del mundo, los casos de atletas profesionales involucrados en homicidios o violencia intrafamiliar han abierto debates sobre el acompañamiento psicológico, los controles de conducta y el rigor de las sanciones penales para quienes abusan de su superioridad física frente a personas en situación de vulnerabilidad.
Peritajes oficiales y el cierre de un caso desgarrador
Las declaraciones vertidas durante el juicio por expertos de la fiscalía rusa dieron cuenta del escalofriante nivel de sometimiento que sufrieron las víctimas. Oleg Shemelov, jefe del departamento de ciencia forense, resumió ante la prensa local la crueldad de la escena: «Él mató a la madre delante de su hija y luego terminó con la vida de la niña para borrar las evidencias».
La condena de 23 años en una colonia penal de máxima seguridad incluía además resarcimientos económicos para la familia directa de las víctimas, que debió afrontar un devastador proceso de búsqueda e identificación de los restos.
Un desenlace inesperado tras las rejas
Apenas un año después de haber sido transferido a la penitenciaría, el deceso de Rahimzoda interrumpe de forma definitiva la ejecución de su condena. Mientras la policía y las autoridades carcelarias rusas completan las autopsias de rigor para determinar las causas de su muerte, la comunidad local cierra uno de los capítulos más oscuros y dolorosos de la crónica policial reciente.






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