La tierra tembló con una violencia inusitada en Panamá y dejó a su paso una estela de destrucción, pero también historias marcadas por el milagro y la solidaridad vecinal. Un sismo de magnitud 7.5 sacudió al país centroamericano y redujo a escombros una vivienda en el distrito de Soná, donde un niño de corta edad logró sobrevivir de manera milagrosa tras quedar atrapado debajo de una cama junto a otros familiares.
Los antecedentes inmediatos del fenómeno indican que el epicentro se localizó a poca profundidad en la zona de Tonosí, provocando daños estructurales severos, cortes generalizados en el suministro de agua y electricidad, y dejando a comunidades enteras completamente incomunicadas por vía terrestre. En medio de la oscuridad y la desesperación posterior al temblor, los diez integrantes de la familia afectada quedaron sin un techo donde pasar la noche.
El momento crítico se vivió cuando la madre, consciente de que los menores se encontraban en el interior, alertó al padre sobre la ausencia del niño. Tras múltiples llamados sin respuesta en medio de los restos de la estructura colapsada, una frase rompió el silencio desde el fondo de las ruinas: “Mamá, papá, estoy aquí”. Rápidamente, el padre y varios vecinos que se sumaron a las tareas de rescate lograron abrirse paso entre los escombros para retirar al menor y a sus parientes, en una escena que los propios protagonistas calificaron como un auténtico milagro.
Voces de los residentes afectados en las localidades más golpeadas describieron escenas de profunda angustia, con réplicas constantes cada pocos minutos que obligaron a la población a permanecer a la intemperie en los patios, alejados de paredes y tendidos eléctricos. Autoridades nacionales y equipos de protección civil desplegaron operativos de emergencia para evaluar las condiciones de los inmuebles afectados, asistir a los heridos y relevar los daños totales registrados en distintos puntos del interior del país.
La proyección futura de esta emergencia pone de relieve el enorme desafío humanitario y de reconstrucción que enfrenta el gobierno panameño para asistir a las familias damnificadas. Mientras las brigadas continúan con los relevamientos en las zonas más aisladas, el testimonio de supervivencia en Soná se erige como el símbolo de resiliencia de una comunidad golpeada por la fuerza de la naturaleza.




