Una mentira formulada para eludir la acción de la justicia terminó desmoronándose ante el peso de las pruebas científicas e investigaciones policiales. Gustavo Fernando Olguín, de 56 años, fue condenado a prisión perpetua tras confesar mediante un juicio abreviado que asesinó a su padre, Hugo Olguín, de 84 años, en el interior de su vivienda ubicada en la calle Pedro del Castillo al 3900, en la localidad de Villa Nueva, departamento de Guaymallén, provincia de Mendoza.
El caso comenzó la mañana del martes 19 de agosto del año pasado, cuando el acusado intentó instalar ante las autoridades la versión de que su padre se había descompensado, sufrido una caída accidental y golpeado la cabeza. Sin embargo, la inspección en la escena del crimen reveló detalles incompatibles con un accidente doméstico: el cuerpo yacía boca abajo entre vidrios rotos, sillas fuera de lugar y múltiples manchas hemáticas distribuidas por las paredes, el comedor y la heladera.
La cámara de seguridad que desmintió el relato
La fiscal de Homicidios Andrea Cecilia Lazo encabezó la instrucción que permitió reconstruir los movimientos de la mañana del crimen. El análisis de las cámaras de seguridad de un inmueble vecino desmintió categóricamente la primera versión del acusado. Los registros mostraron que Gustavo ingresó y salió del domicilio de su padre en tres oportunidades entre las 9:25 y las 9:59 de esa mañana, cambiándose incluso de indumentaria entre una visita y otra.
Las imágenes captaron además el último momento con vida de Hugo Olguín a las 9:27, caminando con dificultad cerca del garaje. A pesar de haber estado en la vivienda en la franja horaria en la que se perpetró el ataque, el agresor omitió esa información ante la Policía y se retiró del lugar sin llamar al servicio de emergencias 911. Fue un familiar que habitualmente le llevaba el almuerzo a la víctima quien descubrió el cuerpo y dio la alerta a las autoridades.
Golpes, asfixia y encubrimiento con un palo
La necropsia realizada por el Cuerpo Médico Forense terminó de descartar cualquier hipótesis de muerte natural o caída accidental. El informe reveló que el anciano sufrió múltiples traumatismos en el cráneo, fractura nasal, hematomas y lesiones defensivas en sus brazos y manos. La causa determinante del deceso fue asfixia por compresión externa del cuello, combinada con los severos traumatismos craneofaciales provocados mientras la víctima aún se encontraba con vida.
En el comedor y en la churrasquera del patio, los peritos recolectaron tres fragmentos de un palo de madera de 59 centímetros. Las pericias genéticas confirmaron la presencia de ADN del agresor en uno de los extremos y restos de sangre de la víctima en el otro. A esta prueba se sumó el hallazgo de sangre del padre en las zapatillas del hijo y excoriaciones en las manos del acusado compatibles con un enfrentamiento físico.
Dependencia económica y condena a perpetua
La investigación puso al descubierto una marcada dependencia económica de Gustavo respecto de su padre, quien utilizaba parte de su jubilación para pagarle el alquiler, la comida y los servicios. Tras el crimen, el condenado le envió mensajes de audio a sus hijas afirmando que su abuelo «ya estaba descansando» por la vejez, mientras en simultáneo les pedía dinero prestado. Testimonios vertidos en la causa y análisis toxicológicos dieron cuenta además de consumos problemáticos de sustancias por parte del imputado.
Frente a la contundencia de la evidencia acumulada por el Ministerio Público Fiscal, la defensa acordó un juicio abreviado homologado por el juez Ramiro Salinas. Gustavo Olguín reconoció la autoría del parricidio y recibió la pena de prisión perpetua por el delito de homicidio agravado por el vínculo, cerrando un caso que conmovió a la comunidad mendocina de Villa Nueva.





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