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Fabio Quevedo en el ojo de la tormenta: tapó corruptelas y protegió a su pareja comisaria

El agente rompió el silencio en el programa de YouTube «Todo se sabe», destapando una trama de persecución laboral, violencia y complicidad en el Ministerio del Interior.

Primer plano del policía Clen Molina expresando el calvario vivido en la fuerza policial.
El policía Clen Molina denunció abusos e impunidad en el programa de YouTube «Todo se sabe».

La desgarradora imagen de un agente policial llorando desconsoladamente frente a una cámara no solo sacudió las redes sociales, sino que puso contra las cuerdas a la cúpula policial del departamento de Canelones. En una reveladora emisión del programa de YouTube Todo se sabe, conducido por el equipo periodístico de Patricia Martín, se expuso de forma cruda y detallada el calvario que vive el policía Klen Molina. Lo que comenzó como la ruptura de una relación sentimental con la comisaria Lorena González —titular de la Seccional 18 de Canelones— terminó derivando en un infierno de acoso, violencia psicológica, hostigamiento laboral y un absoluto abandono institucional.

Molina, un agente oriundo de Melo que debió trasladar su vida a la Unidad de Violencia Doméstica de Canelones tras oficializar su vínculo con González, relató el calvario que le tocó atravesar al intentar poner fin a la relación. Lejos de quedar en el ámbito privado, la funcionaria de mayor rango comenzó una persecución implacable que incluyó episodios de violencia física, celos enfermizos, encierros forzados y escándalos públicos en los puestos de trabajo del agente. «Sálganse de mi vida, me hicieron mucho mal. Salí lastimado, salí maltratado, salí vulnerado. Yo soy un agente de mierda, no soy nadie en la policía, y ella es una señora comisario», expresó Molina entre lágrimas, dejando al descubierto la abismal asimetría de poder con la que debió lidiar.

Un entramado de influencias y encubrimiento en la Jefatura

El informe presentado en Todo se sabe reveló que el acoso no se limitó a llamadas a altas horas de la noche o reproches personales. La comisaria utilizó su posición de poder para interferir directamente en la carrera de Molina, logrando que le retiraran los servicios de vigilancia Art. 222 —su principal sustento económico para mantener a su hijo— y sembrando acusaciones falsas entre los superiores. Cuando el agente advirtió que acudiría a la Dirección de Asuntos Internos para frenar los abusos, la comisaria se le adelantó radicando una denuncia por supuestas amenazas. Sin embargo, la gravedad de los hechos llevó a que la propia Dirección de Género de Canelones cambiara el rol del expediente, colocando a Molina como la auténtica víctima del caso.

A partir de allí, el trámite ingresó en un terreno turbio y opaco. La denuncia demoró insólitamente 15 días en ingresar al sistema informático y fue enviada para su investigación a la Zona Operacional 3 de Canelones, la misma dependencia donde la propia agresora ejerce el mando y donde sus propios subalternos debían investigarla. La trama de encubrimiento salpica de forma directa al Jefe de Policía de Canelones, Fabio Quevedo. Según los testimonios recogidos por el programa periodístico de YouTube, Quevedo mantiene un vínculo sentimental con la comisaria González —situación explícitamente prohibida por los reglamentos internos—, lo que explica por qué todas las carpetas, denuncias y pedidos de auxilio planteados por el subalterno terminaron cajoneados o ignorados.

El desamparo en salud mental y la miseria salarial

El caso de Klen Molina vuelve a encender las alarmas sobre la desidia con la que el Ministerio del Interior aborda la salud mental de los funcionarios policiales. En junio de este año, devastado por la persecución, el agente se presentó en su unidad pidiendo asistencia psicológica urgente porque no podía más con su vida. La respuesta del sistema fue insólita: le dieron cita para cinco días después. Pese a encontrarse armado y haber manifestado abiertas ideaciones suicidas, Molina permaneció casi un mes sin contención hasta que una psiquiatra dispuso su desarme y la licencia médica.

La crueldad del protocolo oficial golpeó de lleno la economía del funcionario. Al ser certificado por motivos psiquiátricos, el agente pasó a cobrar apenas la mitad de su sueldo —unos 24.000 pesos uruguayos—, suma con la que debe costearse los pasajes mensuales para viajar desde Melo hasta Montevideo únicamente para ser atendido durante diez minutos por una psiquiatra, dado que la Jefatura de Cerro Largo no cuenta con profesionales disponibles. «Pensé en terminar con mi vida y no les importó», confesó Molina en un conmovedor mensaje enviado a la producción de Todo se sabe, sintetizando el sentimiento de abandono que padecen decenas de efectivos en todo el país.

Investigaciones de oficio y el reclamo de justicia

La masiva repercusión del informe emitido en la plataforma obligó a las autoridades del Ministerio del Interior a reaccionar. Tras meses de ignorar las cartas y los expedientes iniciados por Molina, la cartera abrió una investigación de oficio para determinar las responsabilidades de la comisaria Lorena González por acoso y abuso de funciones, al tiempo que se confirmó la firma del traslado del agente a la Jefatura de Cerro Largo.

Sin embargo, el caso deja al desnudo las profundas miserias de una estructura donde el amiguismo y la jerarquía aplastan los derechos más elementales de la escala básica. Mientras la justicia administrativa evalúa el accionar de los altos mandos de Canelones, Klen Molina intenta reconstruir su vida lejos del infierno institucional, convertida su dolorosa historia en el grito de todos aquellos policías que sufrieron abusos en silencio.

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