Cine

Lucila y el peso del regreso: inmigración, trabajo y memoria en una película de Diego Luna

Una historia de mujeres migrantes que cuidan a familiares mientras enfrentan precariedad y ausencia de derechos

Mujeres mexicanas en España enfrentan condiciones laborales precarias mientras gestionan responsabilidades familiares y emocionales en contextos de exclusión social
Mujeres mexicanas en España enfrentan condiciones laborales precarias mientras gestionan responsabilidades familiares y emocionales en contextos de exclusión social

La película Ceniza en la boca, de Diego Luna, se centra en Lucila, una mujer nacida en México que vive en España. Su historia gira en torno a un trabajo que nadie quiere hacer: cuidar a familiares, y por eso le pagan por ello. En el caso de Lucila, se trata de 20 euros para criar a su hijo, o 30 para que no se sienta mal por no estar con su madre octogenaria. Cada uno de esos trabajos es una forma de sobrevivir, porque es la única manera que tiene de ganar dinero.

Aunque Nació en México, dejó a sus abuelos y se fue con su hermano pequeño para encontrarse con su madre, quien se fue hace mucho tiempo, casi como una huida, para construir una vida mejor lejos.

Lucila no está segura de si todo lo que ha vivido merece la pena. En un momento de aparente estabilidad, cuando trabaja como niñera para una arquitecta rica, tacaña y agobiada por el trabajo, debe equilibrar también el cuidado de su hermano, que tiene problemas escolares. Hasta que, cansada de su realidad y de la decisión tomada por su madre, se va a Barcelona con una amiga. Allí encuentra un trabajo cuidando a una anciana y repartiendo comida. Aunque ahora siente más libertad, su hermano reaparece y los problemas vuelven.

El ciclo de la pérdida y la esperanza en el trabajo de cuidado

Se queda sin casa y, aunque logra seguir adelante, una muerte en la familia la arruina otra vez. La historia se vuelve cíclica: cada vez que parece avanzar, algo nuevo la devuelve a un punto de partida. Al final, Lucila regresa a México con una nueva visión del mundo, una que le permite ver otro lado distinto al de su infancia, donde hay violencia y miedo. Pero llegado el momento, se da cuenta de que debe volver a salir, como hizo su madre.

La película es fuerte en su protagonista: Anna Díaz entrega a Lucila un carisma enorme y una verdad profunda. Luna, aunque más conocido como actor, no es ajeno al trabajo detrás de las cámaras. Aquí adapta la novela de Brenda Navarro, que aborda inmigración, racismo y precariedad. Sin embargo, el drama queda algo insípido. La sinceridad del director no se traduce siempre en profundidad cinematográfica. Los momentos clave de Lucila no dejan un rastro muy significativo.

Luna no explora bien las razones por las que muchos mexicanos llegan a España. Las secuencias pasan de puntillas, como si evitara tocar temas delicados. Tampoco se detiene mucho en mostrar los problemas que enfrentan los inmigrantes en el país. Es como si estuviera haciendo un zumo y se cansara antes de exprimir bien la naranja. Ceniza en la boca deja un sabor, pero no porque sea rica, sino porque es lo que queda al final.

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