Cine

«La bola negra»: Los Javis entrelazan tres épocas alrededor de García Lorca

Los Javis presentan La bola negra, película que une tres líneas temporales alrededor del legado inconcluso de Federico García Lorca

La obra 'La bola negra' explora el legado de Lorca a través de tres narrativas temporales, una que se entrelaza con la historia real de la Guerra Civil y otra que imagina.
La obra 'La bola negra' explora el legado de Lorca a través de tres narrativas temporales, una que se entrelaza con la historia real de la Guerra Civil y otra que imagina.

En la noche del viernes, Javier Calvo y Javier Ambrossi presentan una película que trasciende cualquier etiqueta: no es solo una historia sobre Lorca, ni un ejercicio de gays en la Guerra Civil. Es una obra que une tres líneas temporales y personales, construida como una red de significados que van más allá del simple espectáculo cinematográfico. Si se lleva a cabo en los Óscar, será justamente lo que se merezca.

La bola negra no se entiende al primer vistazo sin que te conmueva o te desestabilice. Algunos dicen que llorarás desde el minuto uno hasta el 155, otros la califican como el peor momento del cine español. Pero en España, como siempre, se busca dividir, incluso en los éxitos más claros. Aunque los críticos se enfrenten a la obra, lo que cuenta es que, con el tiempo, nadie hablará de ella como una simple cinta, sino como un hito.

El final de La bola negra, aunque en el tercer acto deja de fluir un poco —especialmente Cuando el ovillo comienza a desenmarañarse—, se eleva por completo. Allí, los Javis inventan una conclusión para la obra de Lorca basándose únicamente en dos páginas: La bola negra y la lista de personajes. Dentro de esa estructura, aparece La Nieve, que habla directamente a Carlos, el protagonista del teatro de Lorca, en un momento que es la única ficción dentro de la historia, y que se mantiene como juego constante entre ambas narrativas.

El final de ‘La bola

Sebastián y Rafael viven en plena Guerra Civil, mientras Alberto descubre lo que ocurrió tras una relación fugaz y platónica entre el ex de Lorca y un soldado obligado a servir en el banco nacional. Rafael, cuyo destino es ser asesinado el 18 de agosto de 1937, le pide a Sebastián que vaya al hogar del autor, recientemente muerto, a recuperar La bola negra, su última obra, donde Carlos aparece como personaje principal.

Sebastián va a la casa, toma el manuscrito y se va, dejando caer las cuatro páginas que se conservan. Lo guarda en secreto en su casa del pueblo, donde vive con su novio, aunque el resto del pueblo lo vea como primo. Desde lejos, para no dañar a la familia que lo crió, Sebastián ignora a su hija, pero sigue de cerca la obra de su nieto, Alberto, cuya obra de teatro fue vista y al que guarda recortes de prensa.

Cuando Sebastián muere, deja a Alberto en herencia La bola negra. Él verifica su autenticidad con Isabelle Durand (Glenn Close), lo que le da sentido a la vida de su abuelo. El viudo de su abuelo dice que habría estado muy orgulloso al verle vivir feliz con su novio, aunque ese otro tema sea un cantar aparte. La película, por tanto, no es solo sobre amor ni libertad, sino una oda a estar en paz consigo mismo hasta el final.

Una maraña de ideas que nos recuerda que ‘este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en el campo’. Pura historia delante de nuestras narices.

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