Argentina

Milei busca histórico rearme naval con USD 3.500 millones

El proyecto de Presupuesto 2027 enviado al Congreso autoriza el crédito para comprar tres submarinos y dos fragatas, buscando devolverle a la Armada Argentina la capacidad operativa perdida tras la tragedia del ARA San Juan.

El presidente argentino Javier Milei encabezando un acto oficial sobre soberanía en el Atlántico Sur.
Argentina dio dos semanas al Reino Unido para detener la extracción petrolera en la Cuenca Malvinas Norte.

El Gobierno de Javier Milei dio un paso decisivo en la reformulación de la política de defensa argentina al incluir en el proyecto de Presupuesto 2027 una autorización de endeudamiento inédita en las últimas décadas. La iniciativa, que ingresó al Congreso Nacional con la firma del Poder Ejecutivo, habilita la gestión de créditos internacionales por un total de 3.500 millones de dólares destinados exclusivamente a reequipar a la Armada Argentina.

No se trata únicamente de un ajuste contable o de una simple actualización presupuestaria. La medida busca transformar la presencia militar del país en sus aguas soberanas mediante la incorporación de tres submarinos convencionales y dos fragatas multimisión. Para las familias navales y el personal militar, golpeados por años de desinversión, el anuncio genera una mezcla de prudente entusiasmo y cautela expectante ante el largo trámite parlamentario que recién comienza.

El mecanismo técnico elegido figura en la planilla anexa al Artículo 42 del proyecto, espacio reservado para detallar las operaciones de crédito público a mediano y largo plazo. Allí se especifica que unos 2.300 millones de dólares se destinarán a la compra de los tres submarinos, con base asignada en Mar del Plata, mientras que los restantes 1.200 millones de dólares irán a la adquisición de las dos fragatas multimisión, cuya estación principal será la Base Naval Puerto Belgrano. Ambas operaciones prevén un plazo mínimo de amortización de tres años.

Las sombras del pasado y la grieta en las profundidades

Para entender la dimensión del anuncio hay que mirar hacia atrás. La Armada Argentina carece de capacidad operativa submarina real desde noviembre de 2017, cuando el ARA San Juan desapareció en el Atlántico Sur con 44 marinos a bordo. Aquella tragedia no solo enlutó a la sociedad rioplatense, sino que dejó en evidencia el colapso logístico y el deterioro acumulado durante décadas en la flota militar. Con la pérdida del San Juan y la baja definitiva de las unidades restantes por obsolescencia, la Argentina quedó ciega en las profundidades de su propio mar.

Al convertir la suma requerida a la moneda local —según la pauta oficial proyectada para diciembre de 2027 de $1.847,60 por dólar—, los 3.500 millones de dólares equivalen a unos 6,47 billones de pesos. La cifra salta a la vista en un contexto macroeconómico ajustado, pero responde a un diagnóstico de atraso estratégico que el Ministerio de Defensa intenta revertir mediante financiamiento externo plurianual.

A diferencia de las grandes partidas operativas en ejecución, estas compras no implican un desembolso directo e inmediato en la caja chica de 2027, sino la autorización legal para salir a buscar financiamiento en el exterior. Paralelamente, el presupuesto operativo asignado a la función Defensa ascenderá a más de 3,77 billones de pesos, lo que representa un aumento nominal del 24,4% respecto al período anterior y un incremento real proyectado de 5,4%, contemplando una pauta inflacionaria del 18%.

Geopolítica del Atlántico Sur y el equilibrio regional

El eventual retorno de Argentina al lote de naciones sudamericanas con capacidad submarina activa recalibra el mapa estratégico del Cono Sur. Durante el último quinquenio, el Atlántico Sur se transformó en un escenario crítico donde la pesca ilegal no reglamentada, la presencia de flotas extranjeras en la Milla 201 y la vigilancia de las rutas marítimas hacia la Antártida exigen un patrullaje constante y disuasivo. La estabilidad en la desembocadura del Río de la Plata y los pasos interoceánicos depende en gran medida del control del espacio marítimo.

Analistas de la región coinciden en que la pérdida de presencia militar argentina había generado un asimetría notable frente a vecinos como Brasil, que avanza firme en su programa de submarinos ProSub, o Chile, con una fuerza naval moderna y equilibrada. Recuperar el vector submarino no implica una carrera armamentista regional, sino la restitución de capacidades estándar para la protección de una de las plataformas continentales más extensas del planeta.

El control efectivo de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) exige una combinación de medios de superficie y submarinos. Sin unidades por debajo de la superficie, la capacidad de disuasión frente a incursiones no autorizadas se reduce sustancialmente. Desde Montevideo hasta Ushuaia, los centros de análisis estratégico observan este giro como una señal de reordenamiento de prioridades geopolíticas de la Casa Rosada hacia el eje occidental y transatlántico.

La voz de los cuarteles y las metas inmediatas

Mientras el Congreso debate el endeudamiento de largo alcance, el Presupuesto 2027 garantiza partidas con crédito asignado para proyectos en plena marcha. Entre ellos destacan $37.616 millones asignados a la incorporación de cuatro helicópteros navales livianos con destino a Puerto Belgrano, enmarcados en un programa integral de mantenimiento y alistamiento por más de $643.000 millones.

En el ámbito de la Fuerza Aérea, el documento destina $10.090 millones provenientes del Tesoro Nacional para adecuar la infraestructura técnica de la VI Brigada Aérea de Tandil y del Área Material Río Cuarto. Estas obras resultan indispensables para recibir y operar la flotilla de cazas F-16 adquiridos recientemente. De hecho, la meta fijada para 2027 prevé la incorporación de las primeras seis aeronaves F-16, acompañadas por 30 ejercicios militares y unas 98.300 horas de vuelo planificadas.

Fuentes del Ministerio de Defensa argumentan que se busca «consolidar un horizonte de previsibilidad que permita no solo la adquisición de nuevos activos, sino también la adecuada manutención y modernización de los sistemas ya integrados». Por su parte, sectores de la oposición legislativa advierten sobre la viabilidad crediticia de la operación y el impacto que el endeudamiento pueda generar en las cuentas públicas, lo que anticipa un álgido contrapunto en la Comisión de Presupuesto.

Mirada al horizonte: entre el recinto y el mar

La hoja de ruta naval quedó formalmente trazada en los papeles del proyecto de ley. Sin embargo, el camino hacia la llegada efectiva de los submarinos y las fragatas dependerá de dos pasos complejos: obtener la aprobación en la Cámara de Diputados y el Senado, y conseguir condiciones financieras favorables en el mercado internacional en medio del programa de ordenamiento económico del Ejecutivo.

Para los hombres y mujeres que integran la Armada Argentina, la iniciativa representa la oportunidad concreta de cerrar una etapa de estancamiento histórico y de sanar la herida simbólica dejada por la tragedia de 2017. El desafío futuro no será solo comprar el material, sino sostener en el tiempo el adiestramiento, la doctrina y el mantenimiento que transformen los números del presupuesto en una presencia efectiva en las frías aguas del Atlántico Sur.

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