Luis Zahera, de 60 años, hoy es uno de los actores más destacados en el cine español, pero en sus inicios tuvo que enfrentar muchas dificultades para dar el paso. Desde joven sintió una pasión por el teatro: en una entrevista a El País contó que, cuando tenía 16 años, fue con una hermana al escenario y experimentó una sensación de revelación, como si la luz del palco le hubiera pasado por la cabeza. Aunque ese deseo era claro, temía enfrentarse a los castings. 'No era capaz de dar el paso a profesional. Me frustré', recordó en una conversación con Risto Mejide para Viajando con Chester.
Su madre, que tenía contactos en Nueva York, le ayudó a salir de la situación: le puso en contacto con un familiar y lo envió a Estados Unidos para formarse. La decisión fue tomada en los años 89-90, cuando Zahera vivía en Santiago de Compostela y su grupo de amigos ya se había dispersado. 'Yo quería Ser actor, pero era supertímido, no podía ir a los castings', explicó. 'Un día hablé con mi madre:
En Nueva York, además de estudiar actuación, tuvo que trabajar para mantenerse. Entre sus empleos estuvo en un restaurante de lujo ubicado en Tribeca y también en las Torres Gemelas. Aunque aún quedaban años para los atentados del 11-S, allí trabajó en la demolición. 'Estuve demoliendo la planta 62, en la que tenía el restaurante, la de la antena', dijo en A las bravas de la Cadena Ser. 'Cargándome toda la planta de colgate. Sí, estuvimos mes y medio, que me impresionó'.
La experiencia de Luis Zahera en las Torres Gemelas
Hizo parte del equipo que realizaba la demolición en una planta que, años después, se vio afectada por el derrumbe de las Torres. 'Hacer la demolición tiene una cosa muy gustosa, porque con veintipico años te dan una maza que tienes que romper casi todo. Hay muchas cosas que cabían en el ascensor gigantesco de las Torres, ese ascensor que tenían que era de ultra velocidad', añadió.
Cuando las Torres Gemelas cayeron, la primera persona que llamó a Zahera fue su padre. 'Le cogí el teléfono y me dijo todo serio:
El hecho de haber trabajado en las Torres le marcó profundamente. Aunque no tuvo relación directa con el derrumbe, el momento fue impactante para él. El recuerdo del llamado de su padre lo dejó con una sensación de crueldad que aún persiste.





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