El Mando Central del Ejército estadounidense (CENTCOM) confirmó este martes que sus fuerzas lanzaron ataques contra objetivos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní en distintos puntos del país asiático, tras la última oleada de bombardeos contra la isla iraní de Larek.
Según el comunicado en redes, el CENTCOM reivindicó ataques a instalaciones de defensa aérea, sistemas de radar, activos e instalaciones marítimas, medios de sembrado de minas y centros de comunicaciones. La ofensiva comenzó a las 12.00 horas (18.00 horas en la España peninsular y Baleares) y se consideró completada, alegando que los bombardeos responden a intentos de Irán de colocar minas marinas en el estrecho de Ormuz y ataques contra miembros del servicio estadounidense en la región.
El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que el Ejército ataca ‘objetivos iraníes cerca del estrecho de Ormuz’ y advirtió a Teherán que si responde a un ‘ataque plenamente justificado’, recibirá ‘un nuevo golpe con mucha mayor dureza e intensidad’. En redes sociales, el magnate destacó que los ataques son ‘de gran envergadura y potencia’, realizados en represalia por el intento fallido de Irán de colocar minas marinas en el estrecho, que actualmente está libre de ellas, y por el lanzamiento de ocho misiles interceptados en Jordania.

Trump aseguró que no será el mayor de los ataques estadounidenses, indicando que ‘hay otro aguardando su momento y, cuando concluya, quedará muy poco de la República Islámica de Irán’. El Estado Mayor iraní confirmó explosiones en Bandar Abbas y Qeshm, advirtiendo que impondrá ‘un alto precio al enemigo estadounidense’. El portavoz de la Guardia Revolucionaria, Sardar Mohebi, señaló que Washington lamentará los ataques y que ‘un severo castigo aguarda a los agresores’.
El CENTCOM informó que más de 50.000 militares estadounidenses operan en Oriente Próximo, manteniéndose ‘alerta y preparados’ para actuar con ‘contundencia’ según órdenes del comandante en jefe.
Además de la respuesta militar en curso, los informes de inteligencia y los comunicados oficiales revelan que la confrontación en el estrecho de Ormuz ha alterado de manera drástica las rutas logísticas y la seguridad energética global. Por un lado, la Casa Blanca mantiene la postura de que cualquier intento iraní por bloquear el paso estratégico o desplegar artefactos explosivos submarinos recibirá una respuesta inmediata y desproporcionada. Por otro lado, la Guardia Revolucionaria Islámica insiste en que las operaciones defensivas de Teherán buscan resguardar su soberanía frente a lo que califican como una agresión imperialista injustificada en aguas del golfo Pérsico.
Los analistas internacionales advierten que la presencia de más de 50.000 efectivos estadounidenses en la región incrementa el riesgo de un error de cálculo táctico que derive en un conflicto abierto de proporciones incalculables. Mientras las baterías de misiles y los radares destruidos en Bandar Abbas y Qeshm son evaluados por comandos militares, los mercados internacionales reaccionan con volatilidad ante la perspectiva de un cierre prolongado de las vías de navegación comercial y petrolera. La retórica de Donald Trump, centrada en prometer la destrucción casi total de la infraestructura estatal persa si continúan las hostilidades, entierra los canales diplomáticos tradicionales y consolida una fase de beligerancia absoluta sin precedentes recientes entre ambas naciones.





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