La comunidad de la vecina orilla y los miles de viajeros que año a año visitan las coordenadas andinas intentan asimilar un golpe directo a la memoria colectiva del sector. La destrucción absoluta causada por el reciente incendio forestal y edilicio no solo dejó pérdidas materiales cuantiosas, sino que significó el final físico del Hotel Huemul de Bariloche, una edificación rústica de características fundacionales que supo consolidarse como una de las postales arquitectónicas más queridas y tradicionales de la avenida Bustillo.
Ubicado estratégicamente en el kilómetro uno de la arteria costera, el complejo no era simplemente un lugar de alojamiento para contingentes. Diseñado a mediados del siglo pasado bajo los preceptos de la escuela de arquitectura andina —donde la combinación geométrica de la piedra verde, los troncos de ciprés y los techos de tejuelas de alerce buscaban mimetizarse con el entorno boscoso—, el hotel representaba una filosofía de servicios turísticos que priorizaba la contemplación del paisaje por sobre los lujos impersonales de las grandes cadenas modernas.

Un imán para la ciencia, la política y el arte internacional
Para dimensionar el valor del Hotel Huemul de Bariloche es necesario repasar las páginas de su libro de actas y visitas ilustres. Debido a su entorno reservado y su acceso directo a las playas del lago Nahuel Huapi, el establecimiento fue seleccionado durante décadas como la sede predilecta para la realización de convenciones científicas internacionales de alta complejidad, incluyendo simposios organizados por los investigadores del Centro Atómico Bariloche y el Instituto Balseiro.
Asimismo, sus salones de té con amplios ventanales orientados hacia la Isla Victoria sirvieron de escenario para almuerzos diplomáticos de mandatarios europeos, reuniones de comitivas presidenciales argentinas y refugio creativo de reconocidos escritores, músicos y artistas plásticos del continente que encontraban en el crujir de sus maderas y en sus hogares a leña la atmósfera ideal para el desarrollo de sus obras coloniales.

Las características de una estructura imposible de replicar
Los peritos de las cámaras hoteleras de la región andina coinciden de manera unánime en que la fisonomía del Hotel Huemul de Bariloche poseía un valor histórico y patrimonial irrecuperable. La nobleza de los materiales utilizados en su edificación original, muchos de ellos extraídos de los bosques nativos bajo normativas de conservación ya extintas y trabajados de forma artesanal por picapedreros y carpinteros de hacha de la primera oleada migratoria alpina, hacen que sea técnicamente inviable proyectar una reconstrucción fiel del edificio.
La velocidad con la que las llamas avanzaron por las vigas y los revestimientos internos dejó al descubierto el talón de Aquiles de estas joyas arquitectónicas: la resina natural de las maderas añejas actúa como un acelerante de combustión sumamente violento ante cualquier contingencia eléctrica o térmica. El fuego se llevó las paredes, los muebles de época y los cuadros históricos, pero la estampa del Hotel Huemul de Bariloche permanecerá inalterable en los relatos de las generaciones de turistas que descubrieron la inmensidad de la Patagonia desde sus legendarias habitaciones de montaña.
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