La salud en la mira: ataques a instalaciones médicas en el mundo
En un contexto de creciente violencia en zonas de conflicto, los trabajadores de la salud y las instalaciones médicas se han convertido en blancos deliberados. En 2025, se registraron casi 1.350 ataques a nivel global, resultando en la muerte de cerca de 2.000 personas. Esta alarmante cifra se da en un día significativo: se cumplen diez años de la aprobación de la resolución 2286 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que supuestamente buscaba garantizar la protección de estos servicios esenciales.
Médicos Sin Fronteras (MSF) ha aprovechado esta conmemoración para denunciar el incumplimiento sistemático de esta resolución. La organización humanitaria ha señalado que hospitales, ambulancias y personal médico son atacados casi a diario en conflictos armados. Desde la aprobación de la resolución, 21 trabajadores de MSF han perdido la vida en el ejercicio de su labor, un recordatorio doloroso de la vulnerabilidad del sector.
Javid Abdelmoneim, presidente internacional de MSF, ha expresado su preocupación por el “flagrante desprecio” hacia la protección de las misiones médicas en países en guerra. Según él, el derramamiento de sangre de los trabajadores de la salud se ha vuelto un fenómeno cotidiano. “Lo que antes se consideraba excepcional ahora es algo común”, ha afirmado, instando a los Estados que se comprometieron a proteger la atención médica a dejar de buscar excusas y a actuar con determinación.
En la última década, los ataques han tomado diversas formas. Se han documentado bombardeos aéreos contra hospitales en Siria y Yemen, así como ataques con artillería en Ucrania y Palestina. También se han registrado ataques con drones en Birmania y agresiones a ambulancias claramente identificadas en Camerún, Haití y Líbano. La situación es crítica y la comunidad internacional enfrenta un desafío urgente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha corroborado la magnitud del problema, reportando 1.348 ataques a instalaciones médicas solo en 2025. Estos incidentes han dejado un saldo trágico de 1.981 personas fallecidas, lo que subraya la gravedad de la crisis que afecta a la atención médica en zonas de conflicto.
Abdelmoneim ha reiterado que la atención médica en estos contextos se encuentra bajo una amenaza extrema. Los ataques contra el personal sanitario y la infraestructura de salud se han observado en casi todos los conflictos de la última década. “La protección que nos otorga el Derecho Internacional Humanitario, tanto a nosotros como a nuestros pacientes, debe respaldarse con acciones, no solo con palabras”, ha enfatizado.
Un llamado a la acción internacional
La situación actual plantea interrogantes sobre la efectividad de las resoluciones internacionales y el compromiso de los Estados en la protección de los servicios de salud. La comunidad internacional se enfrenta a un dilema: ¿cómo garantizar la seguridad de los trabajadores de la salud en medio de conflictos armados? La falta de acción concreta ha llevado a que muchos en el sector de la salud se sientan desprotegidos y vulnerables.
El runrún en los pasillos de las organizaciones humanitarias es claro: la impunidad en los ataques a instalaciones médicas debe ser abordada con urgencia. La comunidad internacional debe asumir su responsabilidad y garantizar que el Derecho Internacional Humanitario se respete y se aplique de manera efectiva.
Mientras tanto, los de a pie, aquellos que dependen de los servicios de salud en zonas de conflicto, continúan sufriendo las consecuencias de esta crisis. La falta de acceso a atención médica adecuada puede tener repercusiones devastadoras en la salud pública y en la estabilidad de las comunidades afectadas.
La conmemoración de la resolución 2286 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se convierte en un recordatorio de la necesidad de un cambio real. La protección de los trabajadores de la salud y de las instalaciones médicas no puede ser solo un compromiso en papel, sino una acción concreta que debe ser implementada de inmediato.
La comunidad internacional tiene la responsabilidad de actuar. La vida de miles de personas depende de ello. En este contexto, la voz de los trabajadores de la salud y de las organizaciones humanitarias se hace más fuerte, exigiendo un compromiso real y efectivo para garantizar su seguridad y la de aquellos a quienes sirven.
En 2025, se registraron 1.348 ataques a instalaciones médicas, con un saldo de 1.981 personas fallecidas.
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