El relato tradicional de la historia reciente uruguaya suele construirse sobre fronteras nítidas y personajes de una sola pieza. En esa narrativa, la figura de Héctor “el Toba” Gutiérrez Ruiz, expresidente de la Cámara de Diputados y director del histórico diario blanco El Debate, ocupa un lugar de martirologio indiscutido tras su trágico asesinato en Buenos Aires en mayo de 1976, en el marco de las operaciones del Plan Cóndor. Sin embargo, diversas investigaciones periodísticas, documentos de inteligencia desclasificados y testimonios del propio seno familiar han comenzado a quebrar la rigidez del bronce, revelando un complejo entramado de pragmatismo político y negociaciones en las sombras.
La hipótesis de un pacto secreto de Gutiérrez Ruiz con los Tupamaros que financió El Debate dejó de ser un rumor de pasillo para transformarse en un dato histórico respaldado por fuentes directas. Este acuerdo, nacido de las urgencias financieras de la prensa partidaria y las necesidades operativas de la guerrilla, expone los vasos comunicantes que existían en el convulsionado Uruguay de principios de los años 70.
Las fuentes clave que sostienen la investigación
Para comprender el alcance de estas afirmaciones y desmontar las visiones idílicas de la época, es necesario desglosar las fuentes documentales y testimoniales que sustentan la caída del mito:
1. El testimonio de Marcos Gutiérrez (Entrevista en Semanario Búsqueda)
La fuente primaria y más contundente proviene de la propia familia del dirigente nacionalista. En agosto de 1997, Marcos Gutiérrez, hijo del “Toba”, rompió el silencio en una extensa entrevista concedida al reconocido periodista César di Candia para el semanario Búsqueda.
En aquel mano a mano, Gutiérrez detalló que El Debate atravesaba una crisis económica asfixiante. Al mismo tiempo, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) cargaba con un problema logístico de difícil solución: tras perpetrar el denominado “robo del siglo” contra la familia Mailhos (ocurrido entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de abril de 1970, donde sustrajeron 240 kilos de oro en lingotes y libras esterlinas), la organización clandestina no tenía forma de blanquear ese botín en el mercado legal.
Según el relato de su hijo, Héctor Gutiérrez Ruiz actuó como el nexo necesario, facilitando los contactos comerciales para que la guerrilla pudiera colocar uno o más lingotes de oro. A cambio de ese favor operativo, el MLN inyectó los fondos necesarios para mantener a flote el periódico herrerista durante un período de tiempo.
2. Los documentos desclasificados del Departamento de Estado (Investigación de Federico Leicht)
El periodista e investigador Federico Leicht aportó una veta documental internacional al caso. Basándose en documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Leicht desenterró un memorándum confidencial de la Embajada estadounidense en Montevideo con fecha del 18 de junio de 1976.
Este documento de inteligencia —al que accedió originalmente el programa Informe Nacional de Radio Uruguay y que Leicht ha analizado en sus trabajos— va más allá del auxilio económico. La información diplomática norteamericana señala que el entonces diputado de la lista 504 no solo operó como un facilitador financiero para la venta del oro, sino que presuntamente proporcionó información política y logística al MLN-T que habría sido utilizada en la planificación de los secuestros de diplomáticos extranjeros en Montevideo, como los sonados casos del asesor estadounidense Dan Mitrione y el embajador británico Geoffrey Jackson.
3. La triangulación de las sombras (Los libros de Álvaro Alfonso)
El periodista Álvaro Alfonso es otra de las fuentes fundamentales para entender la permeabilidad de las fronteras políticas de la época. En sus libros Jugando a las escondidas. Conversaciones secretas entre tupamaros y militares (2004) y Los dos demonios (2012), Alfonso documenta de manera sistemática que el diálogo entre el sistema político tradicional, la guerrilla armada y los mandos militares no era una excepción, sino una práctica recurrente.
A través de testimonios cruzados y actas de la época, Alfonso demuestra que civiles de alto rango, como Gutiérrez Ruiz, participaban activamente de negociaciones cruzadas donde la ideología claudicaba ante las necesidades tácticas de poder y supervivencia. Los libros de Alfonso exponen que la financiación de El Debate con dinero proveniente del revés al patrimonio de Mailhos se enmarca en una lógica de “vasos comunicantes” donde todos los actores del drama de los 70 jugaban a dos o más puntas mientras las instituciones democráticas se desmoronaban.
El cruce de estas tres vertientes —la confesión familiar en Búsqueda, los cables de la diplomacia de EE.UU. analizados por Leicht y la reconstrucción histórica de Alfonso— deja en evidencia que la historia reciente no se divide en compartimentos estancos.
Los lingotes de oro de Mailhos que terminaron convertidos en el papel prensa de El Debate configuran una de las tantas verdades incómodas que el sistema político uruguayo prefirió relegar al olvido para mantener intactos los relatos de la memoria oficial.
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