Muertos en Beirut a pesar del alto el fuego
El Ejército de Israel confirmó este jueves la muerte de Ahmed Qalib Balut, comandante de la Fuerza Raduán de Hezbolá, en un bombardeo realizado en Beirut. Este ataque se produjo el miércoles, a pesar del alto el fuego establecido a mediados de abril y las negociaciones en curso, mediadas por Estados Unidos.
Según el comunicado del Ejército israelí, Balut fue abatido en la zona de Dahiya, un área conocida por su fuerte presencia de Hezbolá. El comunicado detalla que Balut había liderado operaciones contra las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en el sur de Líbano, donde se intensificaron las hostilidades desde el 2 de marzo.
El Ejército israelí destacó que Balut era responsable de la preparación y alerta de la Fuerza Raduán para enfrentar a las FDI. Además, se le atribuye la tarea de restaurar las capacidades de esta unidad, que opera bajo la financiación y dirección del régimen iraní.
Netanyahu confirma la operación
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, confirmó la “eliminación” de Balut, subrayando que se trataba de un terrorista que había planeado ataques contra Israel. “Pensó que podía seguir dirigiendo ataques desde su sede en Beirut”, afirmó Netanyahu, quien también mencionó que Balut había creído tener inmunidad en la capital libanesa.
Netanyahu enfatizó que el Ejército israelí ha eliminado a más de 200 miembros de Hezbolá desde el inicio del alto el fuego. “Estamos haciendo lo mismo en Gaza, eliminando células terroristas”, agregó, refiriéndose a los ataques en la Franja a pesar del alto el fuego vigente desde octubre de 2025.
El primer ministro israelí insistió en que “ningún terrorista tiene inmunidad” y que aquellos que amenacen al Estado de Israel enfrentarán consecuencias. “Gracias a nuestros heroicos combatientes, al personal de Inteligencia y a la Fuerza Aérea. Son los mejores del mundo”, concluyó.
Las hostilidades más recientes comenzaron el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó proyectiles contra Israel en respuesta al asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Este ataque se produjo tras una ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán, que comenzó el 28 de febrero. Desde entonces, se han reportado cerca de 2.700 muertes en el conflicto.
A pesar de un alto el fuego pactado en noviembre de 2024, tras trece meses de combates, Israel continuó con bombardeos en Líbano y mantuvo una presencia militar en diversas áreas, argumentando que sus acciones eran en respuesta a Hezbolá. Esta situación ha generado denuncias tanto de Beirut como del propio grupo sobre la violación de los acuerdos de alto el fuego.
La escalada de violencia ha tenido un impacto significativo en la población civil, que ha sufrido las consecuencias de los enfrentamientos. La situación en la región sigue siendo tensa, con un clima de incertidumbre que afecta a miles de personas en ambos lados de la frontera.
Las autoridades libanesas han condenado los bombardeos israelíes, afirmando que estas acciones agravan la crisis humanitaria en el país. La comunidad internacional ha instado a ambas partes a retomar el diálogo y buscar una solución pacífica al conflicto.
En este contexto, la muerte de Balut podría intensificar aún más las hostilidades entre Israel y Hezbolá. La organización chií ha prometido responder a los ataques israelíes, lo que podría llevar a un nuevo ciclo de violencia en la región.
La situación se complica aún más por la influencia de Irán en el conflicto, ya que Hezbolá recibe apoyo militar y financiero de Teherán. Esto ha llevado a un aumento de las tensiones no solo entre Israel y Líbano, sino también en el contexto más amplio de las relaciones entre Irán y Occidente.
El conflicto en la región no muestra signos de cesar, y la población civil sigue atrapada en medio de las hostilidades. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, mientras que las negociaciones para un alto el fuego duradero parecen estar estancadas.
La escalada de violencia y la muerte de líderes de grupos armados como Balut son un recordatorio de la fragilidad de la paz en la región. La situación sigue siendo crítica, y los de a pie continúan sufriendo las consecuencias de un conflicto que parece no tener fin.
La cifra de muertos desde el inicio de las hostilidades asciende a 2.700.
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