En un contexto electoral marcado por la tensión y la violencia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha declarado un alto el fuego unilateral desde el 30 de mayo hasta el 2 de junio, coincidiendo con la primera vuelta de las elecciones en Colombia, programadas para el 31 de mayo. Esta decisión, según el grupo guerrillero, responde a su “respeto al libre derecho al voto” y a la intención de no interferir en el proceso electoral.
El ELN ha enfatizado que no tiene como política amenazar ni atentar contra candidatos, reafirmando su compromiso de mantener la calma durante el periodo electoral. En este sentido, la dirección nacional del grupo ha instado a sus combatientes a abstenerse de realizar “operaciones militares ofensivas” contra las Fuerzas Armadas de Colombia, buscando así un ambiente propicio para la votación.
Reacciones del Gobierno y la Campaña Electoral
Sin embargo, estas declaraciones han sido recibidas con escepticismo por parte del Gobierno colombiano. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha cuestionado la veracidad de las afirmaciones del ELN, sugiriendo que si estos grupos son capaces de delinquir y causar daño, también podrían estar mintiendo sobre sus intenciones pacíficas.
En medio de este clima de incertidumbre, la campaña electoral ha sido sacudida por un intento de secuestro del senador Alexander López, coordinador del partido Pacto Histórico, que apoya al candidato Iván Cepeda. Este incidente ocurrió en la vía Panamericana, entre Popayán y Cali, y ha generado una ola de preocupación entre los votantes y los candidatos. El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha responsabilizado a las disidencias del Estado Mayor Central (EMC) de las FARC, lideradas por Néstor Vera Fernández, alias ‘Iván Mordisco’, por este ataque.
La situación se complica aún más con la presencia de otros grupos armados, como el Clan del Golfo, que también han declarado que no interferirán en el proceso electoral. Sin embargo, la desconfianza persiste entre los ciudadanos, quienes ven con recelo estas promesas en un contexto donde la violencia ha sido una constante en la historia reciente del país.
A medida que se acercan las elecciones, los sondeos muestran que Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, lidera las preferencias con un 35% de intención de voto, seguido por la conservadora Paloma Valencia, que alcanzaría un 25%. Sin embargo, se anticipa que en una posible segunda vuelta, programada para el 21 de junio, la concentración de fuerzas de la derecha podría darle una ventaja a Valencia, lo que añade un nivel adicional de tensión a la contienda electoral.
En este contexto, el ELN ha aprovechado para aclarar que los recientes bombardeos del Ejército sobre sus posiciones en el municipio de Tibú, en Norte de Santander, no han dejado víctimas, afirmando que “cayeron en el vacío”. Esta declaración busca desmarcarse de la narrativa de violencia que rodea a la guerrilla y reafirmar su compromiso con el alto el fuego.
La situación en Colombia es compleja, con un panorama electoral que se entrelaza con la violencia y la desconfianza hacia los grupos armados. La población, que ha vivido en carne propia los estragos del conflicto, se encuentra en un estado de alerta ante cualquier eventualidad que pueda afectar el desarrollo de las elecciones.
Con el telón de fondo de un país dividido y en busca de paz, el próximo 31 de mayo se llevará a cabo una elección que podría marcar un hito en la historia reciente de Colombia. La incertidumbre persiste, y los ciudadanos esperan que, a pesar de las amenazas y la violencia, su derecho al voto sea respetado.
El ELN ha declarado su intención de no interferir en el proceso electoral, pero la desconfianza entre la población sigue latente.
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