La gestión sanitaria del país ha sumado un nuevo capítulo de inestabilidad que parece confirmar la falta de rumbo en las altas esferas del poder ejecutivo. Este martes se oficializó la dimisión de Fernanda Nozar, quien hasta hace horas ocupaba el cargo estratégico de directora general de Salud dentro del Ministerio de Salud Pública (MSP). Lo que debería ser un puesto de entrega absoluta al bienestar ciudadano se ha transformado, una vez más, en una plataforma de paso. La salida de la jerarca, motivada por su deseo de escalar en la pirámide de privilegios de la Universidad de la República, desnuda una realidad hiriente: la salud de los uruguayos queda en segundo plano cuando se cruza una oportunidad de mejora personal en el escalafón académico.
La huida de Fernanda Nozar hacia el grado cinco
El argumento oficial para este alejamiento es el foco en la carrera docente. Nozar, especialista en ginecología y obstetricia, ha decidido que el momento para concursar por un grado cinco en la Facultad de Medicina es ahora, justo cuando la estructura del MSP requiere de liderazgos sólidos y permanentes. Esta «vocación académica» repentina suena más a una vía de escape de un ministerio desgastante que a un compromiso real con la enseñanza. Abandonar la dirección general para refugiarse en los fueros universitarios es una señal pésima para un sistema de salud que lidia con listas de espera eternas y una atención primaria que cruje en cada rincón del territorio nacional.
La trayectoria de la ahora exjerarca en el Centro Hospitalario Pereira Rossell y su pasado en el Colegio Médico sugerían un perfil de gestión que, en la práctica, duró lo que un suspiro. Resulta paradójico que una profesional con posgrados en gestión de servicios de salud elija el peor momento administrativo para dejar su despacho vacío. El mensaje es claro: la función pública es un accesorio descartable frente a la seguridad de un cargo vitalicio en la academia. Mientras el ministerio busca un reemplazo entre los nombres de siempre, la sensación de abandono en las políticas de fondo se vuelve cada vez más tangible para el ciudadano de a pie.
Un currículum de peso para una gestión breve
A pesar de su formación en cirugía ginecológica y oncoginecología, el paso de Nozar por la dirección general será recordado más por su brevedad que por sus reformas. Haber dirigido el Hospital de la Mujer y el departamento de emergencias gineco-obstétricas le otorgaba un conocimiento de campo envidiable, el cual decidió retirar del servicio público en pos de un concurso personal. La formación técnica es indiscutible, pero el compromiso político con la salud pública uruguaya ha quedado bajo la lupa de quienes ven con indignación cómo se desmantelan los equipos técnicos en plena ejecución de programas clave.
Consecuencias de la acefalía en Salud Pública
La renuncia no es un hecho aislado, sino parte de una dinámica de «puertas giratorias» que afecta la continuidad de las políticas de Estado. El cargo de director general de Salud es el motor que debe aceitar la relación entre los prestadores privados y el sistema público de ASSE. Con la salida de Nozar, se abre un periodo de transición que solo beneficia a la burocracia y enlentece la toma de decisiones urgentes. ¿Quién se hace cargo de los expedientes frenados mientras la doctora prepara su examen universitario? La respuesta, como siempre, es el silencio de los pasillos de la Torre Ejecutiva.
El refugio en la Udelar y el desinterés estatal
La decisión de volver a la Universidad de la República como profesora de ginecología parece el cierre perfecto para un ciclo donde la gestión pública fue apenas un renglón en el currículum. La búsqueda del grado cinco, el máximo escalafón docente, requiere un tiempo y una dedicación que Nozar entendió que no podía —o no quería— compatibilizar con el servicio a la nación. Este desprecio por la continuidad en el mando es lo que mantiene al sistema sanitario uruguayo en una mediocridad constante, donde los mejores técnicos prefieren la tranquilidad del aula a la batalla diaria por mejorar la atención de la población más vulnerable.
El costo de esta renuncia lo pagan los usuarios, que asisten una vez más al desfile de jerarcas que llegan con promesas y se van con excusas académicas. La estructura del MSP no puede ser el plan B de nadie, y mucho menos un estorbo para las ambiciones personales de ascenso docente. Al final de la jornada, la partida de Fernanda Nozar deja un vacío que es mucho más que administrativo; es la confirmación de que, en las altas esferas, la salud es un trámite y la academia es el verdadero santuario del poder.
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