Vuelta a clases en Uruguay: cómo transformar la ansiedad en un buen comienzo escolar
Falta nada. El almanaque marca que el próximo lunes 2 de marzo las túnicas blancas y los uniformes volverán a copar las calles. La vuelta a clases en Uruguay es, para muchos, el verdadero comienzo del año, ese momento donde las vacaciones se guardan en el cajón y la rutina pide pista. Pero entre la compra de cuadernos y el etiquetado de lápices, aparece una invitada que nadie llamó pero que siempre está: la ansiedad.
Tanto para los gurises que estrenan mochila como para los padres que hacen malabares con la logística, del retorno escolar remueve emociones. «¿Se adaptará?», «¿Tendrá amigos?», «¿Cómo será el liceo?». Estas preguntas son moneda corriente por estos días. Lo primero que hay que saber es que sentir ese «mariposeo» en la panza es totalmente esperable y, según los expertos, hasta saludable si se sabe acompañar.
El desafío de la adaptación en la vuelta a clases en Uruguay
Retomar el ritmo después de meses de sol y horarios flexibles no se logra de un día para el otro. La maestra y psicopedagoga Natalia Cronembold sugiere que el inicio del ciclo lectivo requiere un proceso de «aterrizaje» gradual. No podemos pretender que un niño que se acostó a las doce durante todo enero rinda al máximo si lo levantamos a las seis de la mañana sin previa preparación.
La clave está en la anticipación. Volver a los horarios de sueño de a poquito, restringir el uso de pantallas que se descontroló en el verano y reactivar el hábito de la lectura son pasos fundamentales. Cuando la familia se involucra en este proceso, el regreso a las aulas deja de ser un choque frontal con la realidad para convertirse en un proyecto compartido que entusiasma.
Redes sociales: el «segundo salón» en la vuelta a clases en Uruguay
Para los adolescentes, la situación es distinta. Hoy en día, las vacaciones no significan desconexión. Las redes sociales funcionan como un «segundo salón de clases» donde se mide el estatus y la pertenencia antes de pisar el aula. Esta comparación estética y social genera una presión extra en el comienzo de clases, donde el miedo al juicio de los pares puede pesar más que la exigencia académica.
Validar emociones: No le digas «no es para tanto». Para ellos, es un mundo.
Fomentar la autonomía: Que ellos armen su mochila y preparen su ropa les da seguridad.
Evitar las presiones: Frases como «ahora empieza el sacrificio» solo aumentan el estrés.
Mantener la calma: Si los adultos están desbordados, los niños lo huelen y lo copian.
Preparar el cerebro y el corazón para el inicio de cursos
La apertura del año escolar no debería ser vista como el fin de la diversión, sino como una nueva etapa de crecimiento. Expertas como Lía Martínez señalan que la primera semana no es un «termómetro» del año. Los dolores de panza o las resistencias iniciales son normales. Lo importante es crear una base emocional segura donde el niño sepa que, si algo no sale bien, tiene a sus referentes para bancarlo.
Además, preparar el cerebro no significa ponerse a hacer cuentas de división el 20 de febrero. Se trata de reactivar funciones cognitivas a través del juego y la charla. Juegos de mesa que requieran esperar turnos, tolerar la frustración o mantener la concentración son herramientas de oro para que la puesta en marcha del calendario escolar sea exitosa y sin traumas innecesarios.
Dato clave: Según el calendario oficial, el lunes 2 de marzo arrancan jardines, escuelas y los primeros años de liceos públicos. El sector privado suele adelantarse al 23 de febrero.
El rol de los padres en la nueva rutina escolar
Es real que para los mayores la logística es un dolor de cabeza: viandas, transporte, extraescolares. Pero cuando el clima familiar se satura por el costo de los útiles o los líos de horarios, el mensaje que les llega a los chicos es que el retorno educativo es un problema a resolver y no una oportunidad. Hay que tratar de bajar un cambio y entender que, aunque falte un cuaderno o una goma el día uno, el mundo no se termina.
Lograr que el inicio lectivo sea positivo depende mucho más del clima emocional que de tener la cartuchera más completa del salón. Al final del día, lo que queda es el vínculo. Si logramos que la vuelta a clases en Uruguay sea un camino transitado con confianza, el aprendizaje va a venir solo, por añadidura.
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