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Una reunión en Suárez y Reyes puso foco en visas de inmigrantes bloqueadas

El encuentro duró una hora y media en la residencia presidencial. Lou Rinaldi aclaró que la medida solo afecta a la residencia y no al turismo o negocios.

por Federica ContiFederica Conti
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Reunión Orsi y Rinaldi por visas de inmigrantes

El frente diplomático por las visas de inmigrantes

La mañana en la residencia de Suárez y Reyes estuvo marcada por una urgencia que no estaba en los planes originales, pero que la realidad de Washington impuso sin previo aviso. El presidente Yamandú Orsi recibió al embajador de Estados Unidos, Lou Rinaldi, en un encuentro donde las visas de inmigrantes pasaron de ser un tema secundario al punto número uno de la agenda. La decisión de la administración de Donald Trump de meter a Uruguay en la bolsa de 75 países con beneficios suspendidos generó un ruido ensordecedor en la Torre Ejecutiva.

Rinaldi, un diplomático que ha mostrado sintonía con la idiosincrasia local, fue claro al término de la reunión que duró noventa minutos: hará gestiones directas ante la Casa Blanca para sacar a Uruguay de esa lista negra. Las visas de inmigrantes, que permiten el acceso a la codiciada green card o residencia permanente, están hoy en una suerte de «pausa» técnica que el embajador atribuye a un reordenamiento administrativo más que a una persecución política hacia el gobierno uruguayo. No obstante, el mensaje enviado desde el Norte no deja de ser un trago amargo para el Mercosur.

El impacto real y el peso de las señales políticas

Para Orsi, lo que importa no es tanto la estadística, sino lo simbólico. En rueda de prensa, el mandatario uruguayo reconoció que el volumen de compatriotas que solicitan estas visas de inmigrantes año a año no es numéricamente masivo, pero la «señal» de ser catalogados junto a países con graves problemas institucionales es lo que realmente preocupa. Uruguay se ha jactado históricamente de ser una excepción de estabilidad en la región, y quedar fuera del procesamiento de estas residencias rompe con ese relato de privilegio diplomático.

Por su parte, el embajador Rinaldi intentó bajarle los decibeles a la alarma general. Explicó que la medida sobre los visados de inmigrantes no afecta en lo más mínimo al turista uruguayo promedio ni al empresario que viaja a cerrar negocios. «No afecta a ninguno que va a Estados Unidos con visa de trabajo», insistió el diplomático, tratando de encapsular el problema únicamente en aquellos que buscan radicarse de forma permanente y beneficiarse de sistemas gubernamentales estadounidenses, una práctica que el gobierno de Trump ha puesto bajo la lupa de forma implacable.

La ofensiva de Rinaldi por el viaje sin visa

En un giro audaz para calmar las aguas, Rinaldi reveló que su ambición va más allá de simplemente recuperar los permisos de inmigración. El embajador aseguró estar «empujando mucho» para que Uruguay ingrese definitivamente al programa de exención de visas (Visa Waiver Program). Esta movida buscaría compensar el daño de imagen sufrido esta semana, permitiendo que los uruguayos viajen solo con el pasaporte electrónico, tal como lo hace hoy Chile, el único país de la región con ese estatus.

Sin embargo, el camino no es sencillo. Mientras Rinaldi envía mensajes a la Casa Blanca para aclarar que Uruguay no abusa del sistema, la suspensión de las autorizaciones migratorias sigue firme. La lógica de «poner una pausa» que mencionó el embajador responde a una auditoría global sobre cuántos inmigrantes terminan siendo una carga para el fisco norteamericano. En Uruguay, si bien los casos son aislados, el país quedó atrapado en una redada burocrática que Orsi busca desarmar con pragmatismo y sin elevar demasiado el tono de la confrontación discursiva.

El rompecabezas de las relaciones internacionales uruguayas

La reunión entre Orsi y Rinaldi no fue un hecho aislado, sino que contó con la presencia de varios ministros y el prosecretario de Presidencia, lo que demuestra que el gobierno lee este episodio de las credenciales de ingreso para inmigrantes como un desafío de Estado. La coyuntura se mueve con una velocidad que obliga a la diplomacia uruguaya a estar en guardia permanente. Lo que el miércoles era una lista de países sancionados, el jueves ya era una mesa de negociación abierta en Montevideo para intentar una excepción que nos devuelva al lugar de «socio confiable.

En definitiva, la pelota está ahora en el campo de la Casa Blanca. Las gestiones prometidas por Rinaldi son la única carta que le queda al gobierno para evitar que el tema de las visas de inmigrantes se transforme en una piedra en el zapato de la gestión Orsi. El país espera respuestas concretas, porque en diplomacia, lo que no se aclara rápido tiende a cristalizarse en perjuicio de los ciudadanos. La incertidumbre sobre el futuro de la residencia para uruguayos en el norte sigue siendo el gran interrogante de este inicio de 2026.

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