|
Getting your Trinity Audio player ready... |
La suntuosidad de Mar-a-Lago fue el escenario de una de las declaraciones más explosivas de los últimos tiempos en materia de política exterior. Flanqueado por banderas estadounidenses y con un tono triunfalista tras el éxito del operativo en Caracas, la emprendió Trump contra Gustavo Petro de una manera que pocos diplomáticos en el Río de la Plata recuerdan. El republicano, que minutos antes confirmaba el traslado de Nicolás Maduro a Nueva York, no dudó en señalar al mandatario colombiano como un «facilitador» de las redes que su administración busca desmantelar, cerrando su discurso con una advertencia cargada de pragmatismo brutal: «Tiene que cuidarse el trasero».
La embestida de Trump contra Gustavo Petro no parece ser un exabrupto aislado, sino el inicio de una nueva doctrina de «mano dura» para el hemisferio sur. Durante casi una hora de conferencia, Trump vinculó la estabilidad de la región con la erradicación de lo que él llama «gobiernos cómplices del narcoterrorismo». En este sentido, la figura del presidente colombiano fue utilizada como el ejemplo de lo que Washington no está dispuesto a tolerar más, dejando claro que el operativo contra Maduro es apenas el primer capítulo de una serie de acciones que podrían afectar la integridad política de otros Estados soberanos.
Tabla de contenidos
El trasfondo de la amenaza de Trump contra Gustavo Petro
Para los analistas internacionales , la furia de Trump contra Gustavo Petro tiene raíces profundas en la lucha contra el narcotráfico y la supuesta protección que Bogotá habría brindado a ciertos elementos del chavismo en el pasado. Durante su alocución, el neoyorquino insistió en que «el petróleo robado y la droga» no pueden seguir fluyendo por las fronteras sudamericanas. Esta narrativa de Trump contra Gustavo Petro sugiere que Estados Unidos posee información de inteligencia que comprometería al Palacio de Nariño, situando a Colombia en una zona de riesgo diplomático y militar sin precedentes.
Lo más impactante de la jornada fue la naturalidad con la que el presidente norteamericano utilizó términos tan poco protocolares. La frase de Trump contra Gustavo Petro sobre «cuidarse el trasero» fue captada por todos los micrófonos y se volvió tendencia mundial en cuestión de segundos. Para muchos, es la confirmación de que la diplomacia de los canales oficiales ha muerto, dando paso a una era de ultimátums directos donde la soberanía de los países vecinos parece estar supeditada a las prioridades de seguridad nacional de los Estados Unidos.
Reacciones en el Cono Sur tras los dichos de Trump contra Gustavo Petro
En Uruguay, la noticia fue recibida con una mezcla de asombro y cautela. Si bien el gobierno nacional mantiene una postura de no intervención, las palabras de Trump contra Gustavo Petro obligan a la Torre Ejecutiva a revisar su posición dentro del sistema interamericano. El canciller Mario Lubetkin, consultado extraoficialmente, habría manifestado su preocupación por la escalada verbal que pone en jaque la convivencia pacífica en la región. El temor es que la retórica de Trump contra Gustavo Petro se traduzca en sanciones económicas o, en el peor de los casos, en nuevas incursiones de fuerzas de elite en territorio sudamericano.
Por su parte, la respuesta desde Bogotá fue de un silencio sepulcral durante las primeras horas, roto únicamente por comunicados de mandos medios que pedían respeto por la investidura presidencial. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. El ataque de Trump contra Gustavo Petro ha envalentonado a la oposición colombiana y ha dejado al mandatario en una posición de extrema debilidad externa. La pregunta que recorre las cancillerías del Mercosur es si Uruguay debe mediar en este conflicto o mantenerse al margen de una disputa que parece ser personal entre ambos líderes.
El futuro de la relación bilateral y el factor Petro
Lo que queda claro tras la conferencia de Mar-a-Lago es que la era de la «paz total» de Petro no cuenta con el visto bueno de la Casa Blanca. La agresividad de Trump contra Gustavo Petro es un aviso para todos los gobiernos de izquierda en la región que han mantenido una relación ambivalente con el régimen de Maduro. Con el dictador venezolano ya en custodia federal, Trump se siente con el capital político necesario para dictar condiciones en todo el continente, usando a Colombia como el próximo tablero de ajedrez en su estrategia de «limpieza regional.
La conferencia terminó con un Trump sonriente, abandonando el podio entre vítores de sus seguidores, mientras en Bogotá y Caracas la incertidumbre es total. La frase de Trump contra Gustavo Petro quedará grabada como el momento en que la tensión regional subió un escalón más hacia lo desconocido. El mundo ahora espera la respuesta del presidente colombiano, quien se encuentra en una encrucijada: o radicaliza su postura frente al «imperio» o busca una reconciliación casi imposible con un Donald Trump que ya demostró que no tiene miedo de enviar helicópteros a capitales extranjeras.
¿Será este el preámbulo de una intervención en Colombia o estamos ante una estrategia de presión psicológica para forzar un cambio de política en Bogotá?
