Trihalometanos en el agua de OSE: Lustemberg y el «filtro» de la desigualdad
La paciencia del uruguayo tiene un límite, y ese límite parece haberse desbordado junto con los químicos que hoy salen por las canillas de Montevideo. Los trihalometanos en el agua de OSE han vuelto a dispararse, superando con creces los valores máximos permitidos por la normativa nacional. Pero lo que realmente encendió la mecha de la indignación no fue solo la contaminación, sino la respuesta de la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg. Ante la pregunta de si el agua es segura, la jerarca soltó una frase que quedará para la historia del cinismo político: «Yo tomo agua de OSE con un filtro».
Es una bofetada para el vecino de Manga, para el paciente del Hospital Vilardebó y para miles de familias que confiaron en este gobierno. Los ciudadanos votaron esperando que el Ministerio de Salud Pública (MSP) garantizara la potabilidad para todos, no para que una ministra confiese que ella se salva porque tiene un filtro que la mayoría de los uruguayos no puede pagar. Los THM en el agua de OSE no son un tema menor; son compuestos químicos que aparecen cuando el cloro reacciona con materia orgánica, y su exceso está vinculado a riesgos de salud a largo plazo.
Los niveles de trihalometanos en el agua de OSE que el gobierno intenta minimizar
Según los reportes de la propia Ursea y de OSE, la situación es crítica. En puntos como el Hospital Vilardebó, los Subproductos de cloración alcanzaron niveles de 1.8 y hasta 2, cuando el límite aceptable es 1. Estamos hablando del doble de lo permitido por la ley. La excusa de la sequía en el Santa Lucía ya suena a disco rayado. Lo que hay aquí es una falta de previsión y una gestión que, en lugar de dar soluciones técnicas, da consejos de «supervivencia premium» para quienes puedan costearse un filtro de última generación.
El informe técnico es demoledor: la totalidad de los puntos evaluados por Ursea al 11 de febrero arrojaron muestras «no conformes». La concentración de bromuros en el agua bruta está haciendo estragos, y la respuesta oficial es una reunión de técnicos mientras el veneno sigue corriendo por las tuberías. Decir que los Compuestos halogenados en el suministro no son graves «por ahora» es jugar con la salud de la gente que no tiene otra opción que tomar lo que sale de la canilla.
El filtro de Lustemberg: una traición al votante
Para el votante del Frente Amplio, la actitud de Lustemberg es especialmente dolorosa. Se supone que este es el gobierno de la justicia social, pero cuando las papas queman, la solución es individual y privada. Si la propia ministra no confía en el agua que su cartera debe controlar, ¿por qué debería confiar el ciudadano común? Los cuestionamientos al tratamiento del agua en OSE son la prueba de que hay uruguayos de primera y de segunda: los que tienen filtro y los que tienen que tragar el exceso de cloro y químicos.
Valores duplicados: Puntos en Manga y el Vilardebó muestran 2.2 de THM.
Falta de transparencia: La ministra evita dar conclusiones hasta tener «evidencia», mientras ella ya se protegió en su casa.
Normativa vulnerada: Se ignora el límite de 1 establecido por la normativa nacional de potabilidad.
Desprecio al ciudadano: La respuesta del «filtro» demuestra una desconexión total con la realidad económica de la gente.
OSE y la Ursea: informes que confirman el desastre
No es una sensación térmica; es ciencia. Los Residuos químicos derivados del cloro se miden desde 2011 y nunca se había visto tal nivel de desidia comunicacional. Desde enero, el bombeo en Aguas Corrientes aumentó la concentración de bromuros, y el resultado está a la vista. El índice THM (que suma bromoformo, cloroformo y otros compuestos) es hoy un semáforo en rojo que el MSP prefiere ignorar con reuniones protocolares.
La ministra Lustemberg dice regirse por las pautas de la OMS, pero la OMS también habla de equidad en el acceso al agua segura. Los trihalometanos en el agua de OSE no discriminan por barrio, pero la capacidad de respuesta sí. Mientras el Ministerio de Ambiente y OSE se pasan la pelota, el reporte de Ursea confirma que la situación es generalizada. No es un evento aislado, es una falla del sistema que hoy pone en riesgo la salud pública mientras la jerarca máxima del área se jacta de su filtro casero.
Conclusión editorial
La gestión de Cristina Lustemberg en esta crisis hídrica es indefendible. Desmerecer la preocupación de la gente con una salida tan elitista como la del filtro es el principio del fin de la credibilidad. Los trihalometanos en el agua de OSE son responsabilidad de un Estado que debe garantizar agua potable para todos, no solo para los que pueden comprar tecnología para purificarla. A llorar al campito con los discursos de salud para el pueblo; si la ministra usa filtro, es porque sabe que el agua que nos vende el Estado no es digna de confianza.
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