Mantener operativo el transporte fluvial en el río Uruguay se ha vuelto una tarea para valientes en los últimos tiempos. Bruno Sancristóbal, responsable de las frecuencias que unen Salto con Concordia, conversó con nosotros sobre la compleja realidad que atraviesa el sector. A pesar de los rumores malintencionados que circularon en redes sociales, el servicio no ha parado de trabajar desde febrero del año pasado. La lancha sigue cruzando, aunque el contexto económico de frontera y los cambios de precios en la vecina orilla obliguen a recalcular la estrategia semana tras semana para no quedar encallados en los números rojos.
La operativa mensual no es para cualquiera: se necesitan unos 120 mil pesos solo para que la lancha Don Demetrio pueda soltar amarras. Entre seguros, aportes patronales, combustible y el sueldo del personal, la logística se vuelve una carga pesada. Sancristóbal destaca que, si bien la Intendencia de Salto ha brindado un apoyo económico, este apenas llega a cubrir una cuarta parte de lo necesario. La inversión inicial para poner la embarcación a punto ya superó los 75 mil dólares, a lo que hubo que sumar reparaciones imprevistas por roturas causadas por espineles en la zona del puerto.
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Paseos turísticos: el respiro necesario para la empresa
Ante la dificultad de las frecuencias internacionales, los paseos por el río se han convertido en el pulmón que permite seguir respirando. Organizados tanto por la propia empresa como por la ACJ, estas recorridas de una hora ofrecen una perspectiva única de las costas uruguaya y argentina. Los paseos diurnos suelen concentrarse los viernes, sábados y domingos, permitiendo que el transporte fluvial en el río Uruguay encuentre una veta comercial alternativa mientras el tráfico de pasajeros por necesidad laboral o de compras fluctúa según el tipo de cambio.

Los paseos son el respiro económico del transporte fluvial en el río Uruguay.
Para los que buscan una experiencia distinta, los viajes nocturnos «bajo la luna» que coordina la ACJ han ganado terreno entre los salteños y turistas. Esta diversificación del servicio es lo que, en palabras del propio empresario, está «salvando» la operativa mensual. La logística para estos paseos se organiza fuera del horario de la frecuencia internacional, optimizando el uso de la embarcación y el personal. Es una apuesta a la identidad local, donde el río deja de ser solo una frontera para convertirse en un destino de recreación y disfrute familiar.
El ambicioso proyecto de la lancha La Cumparsita
Sancristóbal no se queda en la queja y va por más: el objetivo es dar un salto de calidad en el transporte fluvial en el río Uruguay. La idea central es reacondicionar «La Cumparsita», una embarcación de mayor porte, e instalarle una «jaula fiscal» para vender mercadería bajo la modalidad de free shop a bordo. Este modelo de negocio, exitoso en otras partes del mundo, podría cambiar las reglas de juego en el litoral norte uruguayo. Además, el plan incluye extender los recorridos hacia la Meseta de Artigas y otros puertos argentinos habilitados, ampliando el horizonte turístico de la región.

La Cumparsita será la estrella del nuevo transporte fluvial en el río Uruguay
Para concretar este sueño, se ha solicitado un préstamo al Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) a través del Fondo de Fomento de Armadores. La inversión necesaria ronda los 500 mil dólares, una cifra que suena impactante pero que el empresario defiende comparándola con inversiones pasadas en la zona que no dieron frutos, como el catamarán o el restaurante del puerto. La reactivación de la comisión que resuelve estos fondos en el MTOP genera una luz de esperanza para que el proyecto finalmente reciba el visto bueno y comience la transformación.
Un futuro anclado en la inversión y el desarrollo
La decisión de la empresa es clara: o se para el servicio o se agranda, y Sancristóbal eligió la segunda opción. El fortalecimiento del transporte fluvial en el río Uruguay no solo beneficia a una empresa privada, sino que mejora la conectividad y el atractivo turístico de todo el departamento. La posibilidad de contar con una tienda libre de impuestos flotante y destinos de navegación más largos pondría a Salto en una posición privilegiada dentro del corredor de los pájaros pintados. Es una apuesta al crecimiento que requiere, necesariamente, que el Estado acompañe el esfuerzo del armador local.
El camino no es sencillo y depende de que las gestiones en la capital del país lleguen a buen puerto. Mientras tanto, la lancha sigue allí, desafiando la corriente y demostrando que el vínculo entre las dos ciudades hermanas es más fuerte que cualquier desperfecto mecánico o crisis de precios. La Cumparsita espera su turno para volver al agua renovada, cargada de proyectos y mercadería, lista para demostrar que el río Uruguay todavía tiene muchas historias de progreso para contar.
¿Podrá el apoyo estatal llegar a tiempo para transformar una lancha de paso en un crucero de compras que revolucione el turismo en el litoral?
