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El manual de la «pureza» que blinda a la dirigencia
En un movimiento que redefine los límites de la libertad de prensa en el ámbito deportivo, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) ha repartido un documento que ya genera un sismo entre los trabajadores de los medios. Se trata del «Manual integral de operaciones de producción», una guía de estilo obligatoria para las transmisiones de fútbol en Uruguay de cara al ciclo 2026-2029. Bajo la apariencia de adoptar estándares internacionales de la FIFA o la Conmebol, el texto establece restricciones que, en los hechos, funcionan como un filtro ideológico y visual sobre lo que sucede en nuestras tribunas.
La AUF ha decidido que el producto televisivo debe ser «100% deportivo», una frase que en el léxico dirigencial significa ocultar cualquier rastro de descontento social o político. A partir de ahora, las cámaras tienen «terminantemente prohibido» enfocar peleas, bengalas o proyectiles. Si bien la intención declarada es no incentivar a los violentos, la normativa va mucho más allá: se prohíbe ponchar pancartas con mensajes sindicales, gremiales o insultos dirigidos a la propia AUF. En la retransmisión de eventos futbolísticos, la realidad del hincha será reemplazada por planos de «familias y niños festejando», construyendo una narrativa edulcorada que ignora el clima real de los estadios.
El blindaje mediático para Orsi y Alonso
Uno de los capítulos más polémicos del manual es el que refiere al tratamiento de las máximas autoridades. La emisión oficial de encuentros deportivos ya no podrán mostrar libremente al presidente de la República, Yamandú Orsi, ni al titular de la AUF, Ignacio Alonso, durante el transcurso del partido. El documento es taxativo: no se permite captar gestos «desafortunados» como un bostezo, el uso del celular o el simple acto de comer o beber.

Cualquier toma de estos jerarcas deberá ser «verificada» antes de salir al aire, una práctica que roza la propaganda oficialista y elimina la espontaneidad del directo. Este nivel de control editorial convierte a las empresas productoras, como Tenfield o DirecTV, en simples ejecutores de una señal que la AUF reclama como «propiedad exclusiva e inalienable». El margen para el periodismo independiente se reduce a cenizas cuando el propio manual advierte que cualquier relato o comentario que sea considerado «falso o malicioso» con relación a la AUF será motivo de sanciones económicas o incluso de la revisión de la adjudicación de derechos. En las Transmisiones fútbol Uruguay, el pensamiento crítico sobre la gestión del fútbol parece tener los días contados.
Relatos bajo vigilancia y la figura del «comisionado»
La figura del match commissioner o MCTV será el ojo de Gran Hermano que vigilará cada segundo del aire. Esta autoridad tendrá la potestad de supervisar que los relatores y comentaristas se mantengan en una «neutralidad inamovible» y, fundamentalmente, que no mencionen incidentes de violencia o lean banderas de protesta que las cámaras hayan omitido. Las transmisiones de fútbol en Uruguay deberán evitar incluso el análisis del contexto político interno de los clubes, limitándose estrictamente a lo técnico y táctico del juego.
La AUF justifica estas medidas alegando la protección de la «dignidad» de los protagonistas, prohibiendo repeticiones morbosas de lesiones o planos cerrados de jugadores llorando tras una derrota. Sin embargo, al extender esta «protección» a la dirigencia y al prohibir cualquier cuestionamiento a la asociación, el manual se aleja de la ética profesional para entrar en el terreno de la censura previa. Las transmisiones de fútbol en Uruguay corren el riesgo de perder su esencia: esa conexión cruda y real con lo que pasa en las gradas, donde el fútbol siempre fue mucho más que once contra once pateando una pelota.
Multas y sanciones: el garrote económico de la AUF
Para asegurar que nadie se salga del guion, la AUF ha establecido un sistema de multas automáticas para las fallas detectadas en vivo. La reincidencia en lo que la dirigencia considere «faltas editoriales graves» podrá ser causal de rescisión de contratos, un garrote económico que obliga a las empresas a ser más papistas que el Papa. El mensaje para los canales y plataformas de streaming es claro: si quieren seguir participando del negocio de los Partidos en vivo, deben aceptar que el micrófono y el ponche de cámara tienen un dueño con intereses muy específicos.
Esta unificación de la marca institucional bajo la «Liga AUF Uruguaya» viene acompañada de un control de daños preventivo. Al borrar la protesta y el conflicto del radar televisivo, la AUF intenta vender un producto «limpio» a los mercados internacionales, pero a costa de silenciar la voz del hincha uruguayo. El fútbol, históricamente un termómetro de la sociedad, pasará a ser en la pantalla un espectáculo de laboratorio donde el conflicto no existe, las autoridades no bostezan y la gestión de Ignacio Alonso es, por decreto, incuestionable.
¿Es posible separar el fútbol de la pasión y la protesta sin que el producto termine perdiendo su alma frente a los ojos del espectador?
