Estados Unidos presiona a Diosdado Cabello para asegurar la transición en Venezuela
La administración de Donald Trump envió un mensaje directo y contundente al ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello. Según fuentes cercanas al Gobierno estadounidense consultadas por la agencia Reuters, Washington colocó a Cabello ante una disyuntiva crítica: colaborar con la transición en Venezuela o convertirse en un objetivo prioritario de la justicia norteamericana. El jerarca chavista, conocido por su control férreo sobre el aparato de seguridad, es visto ahora como una pieza necesaria, aunque transitoria, para evitar un colapso total de las instituciones.
La estrategia de la Casa Blanca busca evitar a toda costa un vacío de poder que derive en una crisis humanitaria mayor o en un desborde migratorio hacia la región. En este contexto, la transición en Venezuela requiere de actores que mantengan el control operativo en las calles, donde Cabello todavía ejerce una influencia notable a través de los cuerpos policiales. No obstante, la confianza de Washington en el dirigente es nula, y su inclusión en este proceso responde únicamente a una necesidad táctica de corto plazo para pacificar el territorio.
Desde el Departamento de Justicia se enfatizó que las causas judiciales por narcoterrorismo contra la cúpula chavista siguen vigentes y no son negociables. Sin embargo, los intermediarios han dejado claro que la disposición a cooperar con la transición en Venezuela podría facilitar una salida hacia el exilio, evitando un destino similar al de Maduro. Esta política de «máxima presión» pretende que los cuadros de mando del régimen entiendan que su única garantía de supervivencia personal pasa por alinearse con los objetivos de seguridad hemisférica.
El rol de las fuerzas armadas en la estabilidad regional
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, es otro de los nombres que figura en la lista de Washington para viabilizar la transición en Venezuela. A diferencia de la rigidez ideológica que se le atribuye a Cabello, los analistas del Pentágono perciben en Padrino una mayor disposición a negociar una salida institucional para los militares. El control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) es el factor determinante para que el cambio de mando no desemboque en un enfrentamiento civil de consecuencias impredecibles.
Para el Gobierno de Trump, la transición en Venezuela no debe implicar, al menos en su fase inicial, un despliegue de tropas extranjeras en suelo sudamericano. La prioridad absoluta es la reactivación de la infraestructura petrolera y el cese de la influencia de actores externos como Cuba e Irán. Por esta razón, se evalúa con cautela el papel de la oposición liderada por María Corina Machado, cuya capacidad para contener a los sectores más radicales del chavismo genera ciertas dudas en los servicios de inteligencia.
La Casa Blanca ha adoptado una postura realista, basada en informes que sugieren que el orden inmediato solo puede ser garantizado por aquellos que ya poseen el mando. Esta visión, aunque polémica para los sectores democráticos, prioriza la seguridad y el control de fronteras para detener el flujo de narcóticos. La transición en Venezuela se encamina así hacia un tutelaje externo donde la apertura económica será la condición básica para cualquier reconocimiento diplomático futuro por parte de la comunidad internacional.
Delcy Rodríguez como pieza clave del nuevo esquema
En el complejo tablero de la transición en Venezuela, Delcy Rodríguez emerge como la figura central para la interlocución política según la visión de Washington. La actual vicepresidenta es vista como un puente más sofisticado para tratar con los acreedores internacionales y las petroleras que buscan retomar operaciones. El plan incluiría la utilización de activos financieros vinculados a Rodríguez en Qatar como una herramienta de presión financiera para asegurar su lealtad a los términos impuestos.
La rivalidad histórica entre Rodríguez y Cabello es un factor que Estados Unidos pretende explotar para fracturar la cohesión del mando chavista. Mientras se explora la salida de Cabello, se fortalece la posición de la vicepresidenta para que lidere un gobierno técnico provisional. Esta transición en Venezuela diseñada en el norte busca resultados tangibles en pocas semanas, especialmente en lo que respecta al freno de la migración ilegal y la expulsión de agentes cubanos del territorio nacional.
Finalmente, el éxito de este proceso dependerá de la capacidad de los actores locales para aceptar que el ciclo del madurismo ha concluido. La advertencia a Diosdado Cabello no es solo una amenaza individual, sino una señal para toda la estructura de poder en Caracas que aún duda sobre qué camino tomar. La transición en Venezuela es hoy un imperativo de seguridad para el gobierno republicano, que no dudará en aplicar medidas de fuerza si las negociaciones bajo cuerda no arrojan resultados.
¿Será capaz la élite militar venezolana de abandonar a sus líderes históricos a cambio de una amnistía de facto garantizada por Washington?
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