Hay quienes todavía creen que el almanaque se detuvo en los años 90. Marcelo Tinelli es, sin dudas, el mayor exponente de esa nostalgia mal entendida. Esta vez, el escenario fue el streaming de Infobae Mundial y la excusa, el debut de la selección uruguaya. Pero lo que pretendía ser un “momento desopilante” terminó convirtiéndose en una postal de la decadencia creativa de un conductor que parece no encontrar su lugar en la era digital.
La propuesta era sencilla: revivir el espíritu de Videomatch con la imitación de Marcelo Bielsa a cargo de Roberto Peña. Sin embargo, lo que se vio en pantalla fue un ejercicio de humor oxidado. Mientras Peña intentaba replicar los gestos y pausas del técnico argentino, el estudio se llenaba de risas que sonaban demasiado ensayadas, casi como si el propio conductor necesitara convencerse a sí mismo de que el chiste aún funcionaba.
Un guion que no hace agua, se hunde
La parodia, centrada en el empate 1-1 de Uruguay ante Arabia Saudita, naufragó desde el primer minuto. Frases como “el equipo estuvo más unido en el cooling break” o la referencia a ponerse “una media de cada una” intentaron capturar una supuesta excentricidad del entrenador rosarino, pero terminaron siendo lugares comunes. Es la vieja táctica del sketch barato: agarrar un tic del personaje y repetirlo hasta el hartazgo, esperando que el público estalle por inercia.
Lo más triste del segmento fue la intervención del propio Tinelli. Cuando el conductor soltó su remate —”Habló 14 minutos y no dijo nada”—, no hizo más que confirmar su propia falta de contenido. Esa búsqueda de la frase “viral” suena hoy a desesperación. Es el reflejo de un comunicador que, ante la falta de ideas frescas, se refugia en la burla fácil hacia figuras que, con sus virtudes y defectos, demuestran mucha más profundidad que el propio show televisivo.
JAJAJ la imitación de Bielsa en el programa de Tinelli pic.twitter.com/GddzgcVKvI
— Modo Scaloneta 🇦🇷🏆 (@ModoScaloneta) June 16, 2026
La nostalgia como refugio de la falta de ideas
Es comprensible el intento: Marcelo Tinelli construyó un imperio a base de este tipo de pasos de comedia. Pero el problema es que el contexto cambió. Hoy, el espectador busca inmediatez y autenticidad, no una caricatura forzada que intenta vender como “espíritu de Videomatch” algo que, sencillamente, ya no tiene gracia. Las risas de los panelistas, obligadas y un tanto incómodas, daban cuenta de que el segmento estaba estirado mucho más allá de lo necesario.
No es solo una cuestión de humor. Es el desmerecimiento constante de quienes, como Bielsa, mantienen una seriedad profesional que resulta incompatible con el circo mediático que el conductor intenta montar. Desmerecer al técnico con una imitación mediocre es la forma más rápida de admitir que ya no se tienen herramientas para aportar algo sustancial a la cobertura del Mundial.
El silencio después de la risa forzada
Al final, cuando el sketch terminó, lo que quedó fue un silencio digital. Las redes sociales, tan rápidas para el meme y la crítica, no mostraron la repercusión que Tinelli seguramente esperaba. El “viral” que buscaban quedó en el olvido de un stream que, al igual que su conductor, parece no terminar de encontrar el tono para una audiencia que ya le dio la espalda a estos formatos televisivos del pasado.
Tinelli sigue insistiendo con la receta que lo llevó a la cima hace tres décadas, sin darse cuenta de que los ingredientes ya están vencidos. Imitar a Bielsa no le devuelve su lugar como “el gran conductor”, solo expone una fórmula que pide a gritos un retiro definitivo. Porque, al final del día, el que habló 14 minutos y no dijo nada, no fue el imitador, sino el propio programa.
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