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La captura de Nicolás Maduro, anunciada con bombos y platillos por Donald Trump, ha dejado a la nación caribeña en un limbo jurídico y político que nadie previó con exactitud. La sucesión en Venezuela se ha activado de manera automática según los papeles, pero la realidad en una Caracas militarizada y sin luz dista mucho de lo que dictan los manuales constitucionales. Con el líder del chavismo camino a un banquillo en Nueva York, el reducido círculo que sostuvo al régimen durante la última década se enfrenta ahora a la disyuntiva de mantenerse cohesionado o balcanizarse en busca de una salida individual.
El esquema formal coloca a la vicepresidenta ejecutiva como la figura central de este proceso. Sin embargo, la sucesión en Venezuela no es un trámite administrativo sencillo cuando hay cargos de narcoterrorismo y recompensas de millones de dólares sobre las cabezas de casi todos los involucrados. El vacío de poder real es palpable, y mientras los hermanos Rodríguez intentan sostener la narrativa institucional, los hombres de uniforme y los jerarcas del partido controlan el territorio con una mezcla de desconfianza y desesperación.
Tabla de contenidos
Delcy Rodríguez y el marco legal de la sucesión en Venezuela
Bajo el marco de las leyes bolivarianas, Delcy Rodríguez es quien debe asumir la presidencia ante la «falta absoluta» del mandatario. La abogada, que actualmente se encuentra en Rusia, es la cara visible de la sucesión en Venezuela y ha sido el nexo con los aliados estratégicos en Moscú y Pekín. Su rol como tecnócrata y su control sobre el Ministerio de Hidrocarburos le dan un peso específico importante, pero su autoridad se ve limitada por la distancia física y la falta de mando directo sobre las tropas en el terreno.
Junto a ella opera su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y estratega clave del movimiento. Esta dupla controla las instituciones civiles, pero la sucesión en Venezuela bajo su mando depende exclusivamente del reconocimiento que reciban de los otros pilares del régimen. Al estar ambos sancionados por la comunidad internacional, su capacidad de negociar una transición suave con Washington es nula, lo que los obliga a radicalizarse o a buscar un amparo que hoy parece lejano.
El poder de fuego y la sucesión en Venezuela real
Más allá de los despachos, la sucesión en Venezuela se dirime en los cuarteles y en las oficinas del Ministerio del Interior. Diosdado Cabello, el eterno «número dos», controla el aparato represivo y las unidades de inteligencia. Con el casco puesto y rodeado de milicianos, Cabello es el garante de que el chavismo de base no se desbande ante la caída del jefe máximo. Su influencia en los cuadros medios del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es total, lo que lo convierte en el gran elector de cualquier solución política inmediata.
Por otro lado, Vladimir Padrino López representa el apoyo militar sin el cual la sucesión en Venezuela no pasaría de ser un anuncio por televisión. Como ministro de Defensa desde 2014, ha sido el muro de contención que mantuvo a Maduro en el poder frente a intentos de golpe y protestas masivas. Su lealtad es hoy el activo más valioso de la cúpula chavista, pero también el más codiciado por las fuerzas externas que buscan quebrar la línea de mando militar para facilitar una transición democrática.
El brazo judicial y el estado de conmoción
La estructura se completa con Tarek William Saab, el fiscal general que ha sido el arquitecto de la persecución judicial contra la oposición. En el marco de la sucesión en Venezuela, su tarea es dar un barniz de legalidad a las detenciones de opositores y a la declaración del estado de conmoción exterior. Este estatus otorga poderes extraordinarios a la cúpula, permitiendo la suspensión de garantías y dándole carta blanca a las fuerzas de seguridad para operar sin controles judiciales externos, en un intento por blindar el proceso sucesorio.
La incertidumbre es la única constante en este nuevo amanecer venezolano. Mientras el régimen llama a la movilización popular para repudiar el «ataque imperialista», la capacidad de respuesta logística se ve seriamente afectada por la destrucción de infraestructura clave. La sucesión en Venezuela está hoy en un punto de quiebre: ¿podrán los herederos de Maduro mantener la unidad de un sistema diseñado para girar en torno a una sola persona, o presenciaremos el colapso final de la estructura chavista bajo la presión internacional y las fisuras internas?
¿Es posible que la cúpula actual logre negociar una salida institucional o estamos ante el inicio de una contienda interna por el control del aparato estatal que quedó huérfano?
