Sed en el norte: la desidia de OSE y la falta de agua en Artigas que no da tregua
Mientras en las oficinas de Montevideo el aire acondicionado parece mitigar la realidad del interior profundo, en Zanja del Tigre el panorama es desolador. La falta de agua en Artigas no es una novedad, pero este verano ha alcanzado niveles de crueldad que ya no se pueden tapar con promesas de campaña. Desde el pasado sábado, más de cincuenta familias permanecen con las canillas secas, viendo cómo el termómetro trepa por encima de los 40 grados sin una sola respuesta oficial del ente estatal.
La situación en esta localidad artiguense es el reflejo de una gestión de OSE que parece haber olvidado su cometido básico: proveer el elemento vital. Los vecinos denuncian que la escasez hídrica en Artigas es un problema de larga data, una herida abierta que nunca se curó con conexiones formales ni infraestructura seria. Hoy, con una ola de calor que no perdona, niños y ancianos están literalmente a la deriva, dependiendo de la solidaridad entre ellos o de paliativos que ya no alcanzan.
Lo que indigna a los habitantes de Zanja del Tigre es la falta de voluntad para regularizar el servicio. No piden que se les regale nada; los vecinos aseguran que están dispuestos a pagar la tarifa como cualquier otro ciudadano uruguayo, pero a cambio exigen que el agua salga cuando abren la canilla. El déficit de suministro de agua potable se ha vuelto un castigo por vivir lejos de la capital, una suerte de ciudadanía de segunda donde el acceso a un derecho humano fundamental depende de la suerte de una bomba vieja.
El colapso del sistema paliativo y la falta de agua en Artigas
En años anteriores, la Intendencia de Artigas había intentado tapar los agujeros de OSE con una conexión provisoria que funcionaba como un parche sobre una arteria rota. Sin embargo, ese sistema precario voló por los aires con la rotura de la bomba de alimentación, dejando a la zona en el desamparo total. Esta caída del suministro alternativo profundizó la crisis de abastecimiento de agua, dejando en evidencia que los «mientras tanto» no sirven para enfrentar las exigencias del cambio climático y el crecimiento poblacional.
El ente estatal, encargado por mandato constitucional de garantizar el suministro, ha brillado por su ausencia en Zanja del Tigre. La carencia de recursos hídricos afecta hoy a personas con problemas de salud crónicos que ven cómo sus condiciones empeoran ante la imposibilidad de hidratarse o higienizarse correctamente. Es una emergencia sanitaria encubierta que OSE prefiere gestionar con silencios administrativos mientras el sol del norte calcina las esperanzas de los vecinos que ya no saben a quién reclamar.
Desidia estatal frente a la insoportable falta de agua en Artigas
La narrativa oficial de OSE suele hablar de inversiones millonarias y saneamiento, pero la realidad de Zanja del Tigre desmiente cualquier discurso triunfalista. La falta de agua en Artigas es el resultado de décadas de falta de inversión en las periferias y los pueblos olvidados. Resulta paradójico que en el país que se jacta de tener una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo, haya familias que deban mendigar un bidón para cocinar o bañarse bajo sensaciones térmicas que rozan lo inhumano.
Los vecinos se mantienen en pie de guerra, pero el agotamiento físico por el calor y la sed empieza a pasar factura. Reclaman una solución definitiva, no más parches de la intendencia ni promesas de «estudiar el caso». La falta de agua en Artigas es hoy una urgencia que requiere camiones cisterna constantes y una obra de ingeniería que conecte a estas familias a la red nacional de forma permanente. Mientras tanto, el silencio de OSE se siente tan pesado como el aire hirviente de la tarde artiguense.
La indignación crece y la paciencia se agota en un departamento que se siente abandonado por el centralismo montevideano. ¿Cuántos días más deberán pasar estos niños y abuelos sin una gota de agua antes de que algún jerarca de OSE se digne a cruzar el río Negro para dar una solución real?
