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La diplomacia regional entró en una fase de vértigo absoluto tras el operativo «Resolución Absoluta». Este sábado, el canciller de Venezuela, Yvan Gil, mantuvo un contacto directo con el ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Mario Lubetkin, para transmitirle lo que el chavismo considera una agresión intolerable a la soberanía de Venezuela. En una charla que buscó apelar a los principios históricos de la política exterior uruguaya, Gil denunció que la acción coordinada por la administración de Donald Trump desprecia no solo el derecho internacional, sino la integridad misma del pueblo venezolano, que hoy se despertó con tropas extranjeras en sus puntos estratégicos.
Para el representante del régimen, la intervención militar es un «atentado contra la Zona de Paz» que debe ser repudiado por todo el bloque latinoamericano. El pedido de Gil fue concreto: que Uruguay se posicione como un defensor de la soberanía de Venezuela ante lo que calificó como actos cobardes orquestados desde Washington. Sin embargo, este reclamo llega en un momento donde la legitimidad del gobierno de Maduro está más cuestionada que nunca, especialmente tras confirmarse que el propio mandatario fue capturado y evacuado del país por las fuerzas norteamericanas en plena madrugada.
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La reacción de Mario Lubetkin y la cautela oficial
Desde el Palacio Santos, la respuesta ha sido de una «seria preocupación», un término que en el lenguaje diplomático uruguayo indica que el horno no está para bollos. La Cancillería que dirige Mario Lubetkin emitió un comunicado donde reafirma su rechazo histórico a la intervención militar de un país sobre otro, buscando proteger la soberanía de Venezuela desde un punto de vista técnico y legalista. Uruguay apeló a la Carta de las Naciones Unidas, instando a las partes a abstenerse del uso de la fuerza, una posición que intenta mantener el equilibrio en una coalición de gobierno que tiene visiones encontradas sobre el chavismo.
A pesar de las presiones de Yvan Gil, el gobierno uruguayo evita validar la gestión de Maduro, centrándose exclusivamente en el método utilizado por Estados Unidos. Para Lubetkin y su equipo, el respeto a la soberanía de Venezuela es un principio innegociable, pero también lo es la paz regional. El contacto con el consulado en Caracas es permanente, no solo para monitorear el estado de salud de los compatriotas, sino para tener una lectura clara de qué tan degradada está la autoridad local tras los bombardeos que afectaron a los estados de Miranda, Aragua y La Guaira.

Lubetkin analiza el pedido sobre la soberanía de Venezuela.
Yamandú Orsi cita al gabinete por la soberanía de Venezuela
La gravedad de la situación obligó al presidente Yamandú Orsi a tomar medidas excepcionales. A través de sus redes sociales, el mandatario confirmó que citó a todo su gabinete para una reunión de urgencia este domingo. Orsi reiteró que la posición uruguaya es de «búsqueda permanente de una salida pacífica», dejando en claro que para su administración la soberanía de Venezuela no debería ser tutelada por potencias extranjeras. El fin no puede justificar los medios», sentenció el presidente, en una frase que intenta desmarcarse del entusiasmo que mostraron líderes como Javier Milei o Nayib Bukele.
Esta convocatoria al gabinete busca unificar una voz que, por momentos, parece fragmentada entre el ala más radical que exige un apoyo total a Maduro y los sectores moderados que ven con alivio el fin de la dictadura, aunque cuestionen las formas. Defender la soberanía de Venezuela en este contexto es una tarea de orfebrería política para Orsi, quien sabe que cualquier paso en falso puede afectar la imagen internacional de Uruguay como mediador confiable. La presión de Yvan Gil por un «repudio enérgico» pone al gobierno uruguayo en una encerrona donde los principios y la realidad política chocan de frente.

El presidente uruguayo y la crisis por la soberanía de Venezuela.
El impacto de los ataques sobre la soberanía de Venezuela
Mientras los cancilleres hablan, el mapa de Venezuela ha cambiado. Los ataques quirúrgicos contra instalaciones militares e infraestructura civil han dejado al descubierto la fragilidad de un sistema de defensa que prometía ser inexpugnable. El concepto de soberanía de Venezuela se ha vuelto etéreo desde que Donald Trump anunció que Nicolás Maduro fue «capturado y evacuado». Si la máxima autoridad de un país es removida por una potencia extranjera sin que sus propias fuerzas puedan impedirlo, el debate sobre la soberanía deja de ser una cuestión de tratados para convertirse en una de control efectivo del territorio.
En Uruguay, la oposición liderada por figuras como Luis Lacalle Pou ya ha marcado que la verdadera violación a la soberanía de Venezuela fue perpetrada por el propio Maduro al usurpar el poder y perseguir a su pueblo. Esta lectura contrapuesta es la que dominará la discusión en el gabinete de mañana. Mientras Yvan Gil espera un gesto de solidaridad desde Montevideo, la realidad es que el mundo ya está discutiendo la transición pacífica que Trump prometió administrar. Uruguay se enfrenta al dilema de seguir defendiendo un principio abstracto o aceptar que el tablero geopolítico ha sido pateado de forma irreversible.
¿Podrá el gobierno de Yamandú Orsi mantener su postura de neutralidad y defensa de la soberanía mientras la región entera se alinea hacia un nuevo orden tras la captura de Maduro?
