La ingratitud en primera persona desde la vecina orilla
Hay personajes que parecen no entender el concepto de la hospitalidad. El empresario argentino Alberto Samid, de 78 años, protagonizó un episodio vergonzoso al atacar ferozmente al sistema de salud uruguayo apenas puso un pie en Buenos Aires. Después de haber sido atendido de urgencia en el Sanatorio Cantegril de Maldonado por una infección urinaria que se le complicó con un virus en la sangre, el «Rey de la Carne» salió a decir que si se quedaba en Uruguay terminaba en un cajón. Una declaración que no solo es falsa, sino que destila una soberbia insoportable para quienes conocemos la calidad de nuestros médicos.
Es fácil hablar con el diario del lunes y desde la comodidad de un alta médica, pero lo cierto es que el modelo sanitario oriental fue el que lo estabilizó cuando llegó en estado grave. Decir que en Uruguay «no hay medicina» y que estamos «a un kilómetro de diferencia» de Argentina en cuanto a recursos es un ninguneo que no podemos dejar pasar. Samid se olvidó rápido de que fue la infraestructura de Maldonado la que le permitió aguantar hasta que su familia decidió, por puro deseo personal y derecho del paciente, trasladarlo en un avión sanitario hacia su país.
El MSP sale a marcar la cancha con firmeza
Ante semejante desplante, la directora general de Salud del Ministerio de Salud Pública (MSP), Fernanda Nozar, no se quedó callada. A través de sus redes, recordó que la red sanitaria nacional es reconocido a nivel internacional por su vanguardia tecnológica y la formación de sus profesionales. Nozar fue clara: cualquier paciente crítico que ingresa a nuestras instituciones recibe atención bajo estándares internacionales. No es que «no tengan nada», como dice Samid; es que el empresario parece confundir el derecho a ser trasladado con una supuesta carencia del centro que lo acogió.
Lo que Samid omite es que el traslado en avión sanitario es un procedimiento estándar para extranjeros que prefieren seguir sus tratamientos cerca de sus afectos. No es una huida de un sistema precario, es una formalidad logística. Atacar a la estructura asistencial del país para hacer un show mediático en la televisión argentina es una jugada baja, especialmente cuando se trata de una institución como el Cantegril, que está más que acostumbrada a recibir pacientes de alta complejidad durante la temporada de verano.
¿Un cajón o una atención de excelencia en Maldonado?
La frase de Samid sobre «terminar en un cajón» es una bofetada a los profesionales uruguayos que lo atendieron en la emergencia. La atención médica nacional ha demostrado, incluso durante la pandemia, que está a la altura de las circunstancias más extremas. Insinuar que un sanatorio de primer nivel en Punta del Este no tiene los medios para tratar una infección es, además de una mentira, una muestra de mal agradecimiento absoluta. Si Samid hoy está vivo para grabarse videos criticando, es precisamente porque el equipo médico uruguayo hizo su trabajo cuando el empresario entró por la puerta en estado delicado.
El debate sobre el aparato sanitario uruguayo y su comparación con la región siempre va a estar, pero los datos no mienten. Uruguay lidera en varios indicadores de salud y calidad asistencial en el Cono Sur. El problema es que, para ciertos personajes que vienen a veranear a nuestras costas, parece que Uruguay es solo un balneario y no un país con instituciones sólidas. La «desilusión» de la que habla Samid habla más de sus prejuicios que de la realidad de los hospitales y mutualistas orientales.
El show mediático vs la realidad de la medicina uruguaya
Resulta curioso que Samid elija el programa «Desayuno Americano» para descargar su bronca. La red hospitalaria y mutual no necesita validación de un empresario que suele estar más vinculado a los escándalos que a la objetividad. La infraestructura tecnológica de vanguardia de la que habla Nozar está ahí, a la vista de todos, y es la que permite que miles de turistas se sientan seguros cada temporada. Que un paciente decida irse a su casa no invalida la capacidad del centro que lo recibió de urgencia.
La respuesta de Nozar fue necesaria para poner los puntos sobre las íes. El sistema de salud uruguayo se basa en protocolos estrictos y una formación médica envidiable. Facilitar el traslado de Samid fue un acto de respeto a sus derechos, pero él lo devolvió con una falta de respeto a la soberanía sanitaria del país. Es hora de que empecemos a valorar lo que tenemos y a no dejar que cualquiera venga a decirnos que «no tenemos nada» cuando los hechos demuestran todo lo contrario.
Una reflexión necesaria sobre la hospitalidad y el respeto
En definitiva, lo de Samid es un recordatorio de que la arrogancia no tiene fronteras. El sistema de salud uruguayo cumplió con su parte: salvó la vida de un hombre que llegó complicado. Lo que pasó después, con el traslado y las críticas feroces, ya entra en el terreno de la política y el espectáculo. Pero que quede claro: en este lado del río, la medicina no es un «shopping» donde se elige según el humor, sino un sistema profesional que no merece ser vapuleado por alguien que solo buscaba una cámara para seguir figurando.
¿Habrá tenido Samid la misma «desilusión» con los precios de los restaurantes en Punta del Este, o su ataque al sistema de salud uruguayo es solo una excusa para justificar su apuro por volver a Buenos Aires?
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