Sequía en Uruguay: las reservas de agua bajan y el fantasma de 2023 vuelve a rondar
Parece una pesadilla que no quiere terminar. Cuando todavía tenemos fresco el recuerdo de aquel año donde el agua del mate nos salía salada, la sequía en Uruguay vuelve a golpear la puerta con fuerza. Las reservas de agua dulce se están reduciendo a un ritmo que asusta y, para peor, los pronósticos climáticos no traen ni una nube de consuelo para las próximas semanas.
La represa de Paso Severino, ese pulmón vital que abastece a Montevideo y toda el área metropolitana, ya sintió el impacto. En lo que va del año, su capacidad de acumulación cayó un 10%. Es un número que, si bien todavía no nos pone en zona de catástrofe inmediata, enciende todas las luces rojas en el tablero de OSE y del Ministerio de Ganadería.
Paso Severino siente el rigor de la sequía en Uruguay
A principios de este 2026, Paso Severino respiraba con unos 51,7 millones de metros cúbicos. Pero el calor no dio tregua y la demanda de agua en la capital se disparó. El resultado es matemático y cruel: en pocos días las reservas bajaron a 43 millones. Perdimos ocho millones de metros cúbicos en un abrir y cerrar de ojos, mientras el sol sigue partiendo la tierra en el sur del país.
Esta situación de escasez de agua no es un hecho aislado de las canillas de la ciudad. Canelón Grande, otra de las fuentes que nutre a la planta potabilizadora de Aguas Corrientes, también está viendo cómo su caudal se escapa. La incertidumbre es la palabra que más se repite en los pasillos de las instituciones, porque nadie sabe a ciencia cierta cuándo va a llover de verdad.

El campo contra las cuerdas por el déficit hídrico
Si en la ciudad nos preocupamos por la presión del agua, en el campo la crisis hídricaes una cuestión de supervivencia. Los productores agropecuarios vienen aguantando los trapos desde octubre, viendo cómo el suelo se queda sin una gota de humedad disponible. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) ya activó medidas de emergencia, pero contra el clima no hay decreto que valga.
Guadalupe Tiscornia, técnica del INIA, fue clarita en sus declaraciones a la prensa: el escenario es preocupante. Las tendencias para este trimestre prevén temperaturas por encima de lo normal y lluvias por debajo del promedio. Es el combo perfecto para el desastre: más calor significa más evaporación y más necesidad de riego, justo cuando menos agua tenemos guardada.
Nota para el lector: Podés consultar los informes oficiales sobre el estado del suelo en el sitio del INIA Uruguay, donde se actualizan las alertas por déficit hídrico.
¿Se viene otra crisis como la de 2023?
Es la pregunta que todos nos hacemos cuando abrimos la canilla. Los jerarcas del gobierno intentan poner paños fríos y aseguran que, por ahora, no estamos en la misma situación que hace tres años. Hay que recordar que aquella crisis histórica fue el resultado de tres años seguidos de estrés hídrico, un proceso acumulativo que nos dejó contra las cuerdas.
Sin embargo, el optimismo es moderado. Aunque hoy no estemos tomando agua salada, la velocidad con la que bajan las reservas es un llamado de atención. La planta de Aguas Corrientes está trabajando a tope para cubrir la demanda de Montevideo, pero si no aparece el alivio del cielo, la gestión del recurso va a tener que ser mucho más estricta en los próximos meses.
El futuro hídrico y la incertidumbre climática
Inumet ya avisó que de febrero a abril la probabilidad de que las temperaturas sean más altas de lo normal es del 50%. En criollo: vamos a seguir transpirando y el suelo se va a seguir secando. La sequía en Uruguay dejó de ser un evento extraordinario para convertirse en una amenaza recurrente que nos obliga a repensar cómo cuidamos cada gota.
Paso Severino: Perdió 8 millones de metros cúbicos en semanas.
Inumet: Pronostica lluvias por debajo de lo normal hasta abril.
Demanda: El consumo en el área metropolitana sigue subiendo por las olas de calor.
En definitiva, la sequía en Uruguay nos pone otra vez a prueba. Los alivios momentáneos de enero fueron apenas un parche para una herida que sigue abierta. Habrá que mirar al cielo y, sobre todo, cuidar lo que queda en el fondo del tanque, porque el invierno todavía queda lejos y el calor no tiene planes de retirarse.
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