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Revancha política: Sebastián Da Silva recordó ataques de Delcy Rodríguez a Lacalle

El senador Sebastián Da Silva salió al cruce de Delcy Rodríguez. Recordó cuando llamó "lacayo" a Lacalle Pou y cuestionó su sumisión ante Washington.

por Giuseppe RinaldiGiuseppe Rinaldi
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El senador Sebastián Da Silva en el Palacio Legislativo
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La política internacional suele dar vueltas inesperadas, y el senador nacionalista Sebastián Da Silva sabe cómo aprovechar los tiempos del «guionista de Dios». Tras la captura de Nicolás Maduro y el giro drástico de Delcy Rodríguez, quien pasó de la retórica anti-imperialista a aceptar un «trabajo conjunto» con Donald Trump, el legislador blanco no tardó en pasar facturas pendientes. A través de sus redes sociales, Da Silva recordó con ironía los ataques que la jerarca venezolana lanzó contra el expresidente Luis Lacalle Pou, exponiendo lo que considera una hipocresía flagrante ante las nuevas órdenes que llegan desde Washington.

El senador Sebastián Da Silva ha sido uno de los críticos más vocales del régimen chavista dentro del Parlamento uruguayo. Su reacción no fue casual; fue una respuesta directa a la sumisión de Rodríguez ante la amenaza de una nueva ofensiva militar estadounidense. ¿Quién mueve la cola ahora con las órdenes del norte?», disparó el blanco, devolviendo con la misma moneda los agravios que el gobierno de Maduro supo dirigir hacia la administración uruguaya cuando Lacalle Pou denunció la falta de democracia en el país caribeño.

El origen del choque entre Delcy Rodríguez y Sebastián Da Silva

Para entender la saña del mensaje, hay que recordar noviembre de 2024. En aquel entonces, Delcy Rodríguez llamó «lacayo» a Lacalle Pou, asegurando que «movía la cola» ante sus amos del norte por criticar la transparencia electoral venezolana. Hoy, el senador utiliza esas mismas palabras para describir la situación de la ahora presidenta encargada, quien debe negociar su permanencia bajo la mirada atenta del Pentágono. Para el nacionalismo uruguayo, este escenario es la validación de una postura que se mantuvo firme a pesar de los insultos diplomáticos de Caracas.

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La postura de Da Silva refleja el sentir de gran parte de la coalición de gobierno, que vio cómo durante años se maltrató a la investidura presidencial uruguaya por el simple hecho de señalar lo que «rompía los ojos»: la existencia de una dictadura. El legislador entiende que la historia terminó poniendo a cada uno en su lugar, y que la soberanía de cartón que pregonaba el chavismo se desmoronó al primer movimiento serio de las fuerzas especiales estadounidenses.

Coherencia y memoria en el discurso de Sebastián Da Silva

A diferencia de otros sectores políticos que prefirieron el silencio o la ambigüedad, Sebastián Da Silva siempre mantuvo la guardia alta. Este cruce mediático sirve para reafirmar la identidad de los blancos como defensores de la democracia regional, sin importar las represalias verbales de los regímenes de turno. Al recordar los agravios de Rodríguez, el senador no solo busca el chiste fácil o la ironía, sino que intenta que la opinión pública no olvide quiénes fueron los aliados de la autoritaria administración que hoy se desintegra frente a los ojos del mundo.

En los pasillos de la Junta Departamental y el Palacio Legislativo, el mensaje del senador fue interpretado como un acto de justicia poética. Lacalle Pou, en su momento, decidió no bajar al barro de los insultos personales, manteniendo una estatura de Estado. Sin embargo, Da Silva, en su rol de «parachoque» político y comunicador frontal, se encarga de dar las batallas que la diplomacia formal a veces evita, asegurándose de que la humillación sufrida por el país no quede impune en el registro histórico.

El futuro de Venezuela bajo la lupa de Sebastián Da Silva

La incertidumbre en Caracas es total, pero para Sebastián Da Silva hay certezas que ya no se pueden ocultar. El hecho de que Rodríguez acepte las condiciones de Trump bajo amenaza confirma que el relato bolivariano era apenas una fachada para sostenerse en el poder. El senador seguirá monitoreando la transición, atento a que Uruguay no dé pasos en falso con una administración que, a su juicio, carece de toda legitimidad y solo busca salvar el pellejo ante la presión externa.

Con este nuevo capítulo de tensión, Sebastián Da Silva se consolida como el principal vocero del Partido Nacional en temas de confrontación ideológica directa con la izquierda regional. Mientras Venezuela busca un nuevo camino entre ráfagas y helicópteros, en Montevideo la memoria de los insultos pasados sigue fresca, y figuras como la de Da Silva se encargan de que la «cola que se mueve» hoy sea la de aquellos que ayer se creían dueños de la verdad absoluta.

¿Logrará el nuevo gobierno de Venezuela limpiar su imagen ante la región, o los recordatorios de Sebastián Da Silva sobre su pasado agresivo pesarán más que cualquier pacto de conveniencia con Estados Unidos?

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