Por Brittany Solano
El aire en Lima se corta con cuchillo. Mientras los simpatizantes de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez aguardan frente a las pantallas gigantes instaladas en los comandos de campaña, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) comenzó a publicar los primeros resultados oficiales. El tablero electrónico se mueve con lentitud, pero la tendencia, por ahora, sugiere que el sillón presidencial de Palacio de Gobierno no se definirá por una mayoría abrumadora, sino por el margen más estrecho posible.
Cada acta que ingresa al centro de cómputo en el Cercado de Lima es recibida con un grito de alivio en un bando y un suspiro de preocupación en el otro. La jornada ha sido larga, marcada por la logística compleja de una elección que abarca desde los Andes más remotos hasta las zonas urbanas más densas.
El minuto a minuto en el centro de cómputo
Los observadores internacionales, instalados en las oficinas de la ONPE, analizan la transparencia del proceso. A medida que las actas llegan de las regiones, el porcentaje se ajusta decimal tras decimal. Los especialistas advierten que, debido a la alta polarización, es probable que no tengamos un ganador confirmado hasta que el conteo alcance un nivel avanzado de actas procesadas.
En las afueras de los locales de votación, el clima es de vigilia. Los personeros de ambos partidos siguen de cerca cada conteo en las mesas, en un despliegue de fiscalización que se siente en cada provincia. La incertidumbre es la norma.
Keiko Fujimori y Roberto Sánchez: dos modelos en pugna
Esta segunda vuelta no ha sido solo una elección de nombres; ha sido un plebiscito sobre dos visiones de país que parecen no tener puntos de encuentro. Fujimori, en su tercer intento por llegar a la presidencia, ha movilizado a su base con un discurso centrado en la estabilidad económica y la seguridad. Sánchez, por su parte, ha consolidado el respaldo de los sectores que demandan un cambio en la estructura del Estado.
Cualquiera sea el resultado final, el Perú que emerge de esta jornada es un país profundamente dividido. La noche promete ser larga. Las declaraciones públicas de ambos candidatos han sido, hasta ahora, de prudencia, pidiendo a sus seguidores que mantengan la calma mientras los resultados oficiales terminan de procesarse.
La mirada del ciudadano de a pie
En la calle, el ánimo es de expectativa tensa. En las ferias y mercados de los distritos populares, el tema es el único que importa. «Solo quiero que esto termine pronto y que el que gane se ponga a trabajar», dice un comerciante mientras mira su celular esperando la última actualización de la página oficial de la ONPE.
El sistema electoral peruano ha demostrado, en elecciones pasadas, que el conteo rápido y el oficial pueden tener variaciones leves pero decisivas. Por eso, nadie se anima a cantar victoria antes de tiempo. La historia electoral peruana está llena de remontadas de último minuto que se cocinan en los territorios más alejados, donde el voto llega al centro de cómputo con horas de demora.
La definición es inminente. El Perú sigue aguardando, con los ojos puestos en la pantalla de la ONPE, el nombre de quien guiará los destinos del país durante los próximos años. La democracia, en su expresión más pura y, a veces, más angustiante, está en pleno proceso de resolución.
Suscribite a Uruguay Al Día
Recibí las noticias más importantes directamente en tu correo. Información clara, independiente y actualizada todos los días.
Seguinos en WhatsApp
Unite a nuestro canal oficial y recibí alertas, noticias y contenido exclusivo de Uruguay Al Día.
🔔 Unirme al canal de WhatsApp