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La ciencia forense desmonta el relato del accidente
El presunto homicidio en Rivera de un niño de apenas un año y medio ha generado una ola de indignación y sospechas en la frontera norte del país. Lo que el pasado viernes se reportó a las autoridades como un infortunado accidente doméstico por ahogamiento, ha tomado un rumbo criminal tras conocerse los resultados de la pericia forense. Los médicos del hospital local, que inicialmente recibieron el cuerpo sin vida del menor, no pudieron certificar la causa de muerte en el momento, pero el análisis posterior de la Policía Científica y los forenses cambió el escenario de forma radical.
Los peritos fueron tajantes: el niño no tenía agua en los pulmones. Esta revelación descarta de plano la muerte por sumersión y pone en duda cada palabra dicha por los adultos presentes en la finca el día del suceso. En lugar de los signos clásicos de ahogamiento, los especialistas detectaron una lesión traumática en el tórax del pequeño, un golpe de tal magnitud que habría provocado el deceso de forma casi inmediata. Ante este escenario, la fiscalía ha reorientado la causa y ya no busca responsables por omisión de los deberes de patria potestad, sino autores de un acto violento.
Una escena que no coincide con un presunto homicidio en Rivera
La vivienda donde ocurrió el hecho presenta una topografía compleja, con una piscina de lona y una zanja lindera que suele acumular agua de lluvia. Al principio, la combinación de estos elementos hizo que la hipótesis del ahogamiento fuera aceptada por la policía sin mayores cuestionamientos. Pero la falta de coherencia entre el estado del cuerpo y el lugar del hallazgo es lo que hoy sostiene la teoría de un crimen bajo investigación. Los investigadores intentan determinar si la escena fue «armada» para simular un accidente y ocultar una agresión física previa.
La policía técnica trabajó intensamente en el terreno lindero buscando rastros de violencia o elementos que pudieran haber causado la lesión torácica reportada. No se descarta que el golpe haya sido provocado por un objeto contundente o por una caída desde una altura que no fue declarada por los familiares. La incertidumbre reina en un barrio donde los vecinos prefieren no hablar, aunque algunos señalan que el ambiente en la casa era tenso desde hacía tiempo, un dato que suma peso a la hipótesis delictiva.
Indagatorias clave bajo la carátula de presunto homicidio en Rivera
La fiscal a cargo del caso ha citado a declarar a la madre del menor, al padrastro y al vecino que realizó el traslado al hospital. Las contradicciones en las declaraciones sobre quién vio al niño por última vez y cuánto tiempo pasó fuera de la vista de los adultos son el foco de las interrogantes. En una muerte que se investiga como homicidio de estas características, el testimonio del hermano de cinco años —aunque se toma bajo protocolos especiales de protección— resulta fundamental para reconstruir la verdad de los hechos.
Mientras tanto, el hospital local ha entregado el historial clínico del bebé para verificar si existían denuncias previas de maltrato o ingresos por lesiones sospechosas. Hasta el momento, no se han registrado detenciones formales, pero se han dictado medidas de prohibición de salida del departamento para los familiares directos. La comunidad fronteriza sigue con estupor el avance de las pericias, esperando que la justicia logre determinar si la muerte fue producto de un estallido de violencia doméstica que intentó ser encubierto bajo el manto de una fatalidad cotidiana.
El impacto social del presunto homicidio en Rivera
La violencia contra menores es una herida abierta en la sociedad uruguaya, y este caso en particular ha reavivado el debate sobre la protección de los más vulnerables en contextos críticos. Si se confirma que estamos ante una sospecha de presunto homicidio en Rivera , el sistema de protección infantil de la zona quedaría nuevamente cuestionado por no haber detectado señales de alarma. Las organizaciones sociales locales han convocado a una vigilia silenciosa en la plaza principal, exigiendo celeridad y transparencia en una investigación que parece volverse más compleja con el correr de las horas.
La autopsia ha sido el punto de quiebre. Sin el agua en los pulmones, la versión de la zanja se desmorona y deja paso a una realidad mucho más cruda. Los próximos días serán decisivos para que las pericias criminalísticas en la ropa del niño y en los celulares incautados aporten las pruebas necesarias para formalizar la investigación. Rivera espera que el peso de la ley caiga sobre quienes resulten responsables de haberle arrebatado la vida a un niño que apenas empezaba a caminar.
¿Cómo es posible que un entorno familiar logre sostener una versión de accidente ante la justicia cuando la evidencia física apunta a una realidad tan distinta?
