Precio de la nafta: la noticia no sorprende pero sí duele en el bolsillo de cada uruguayo que se acerca al surtidor. Según los datos más recientes de GlobalPetrolPrices, Uruguay arrancó el 2026 consolidado como el país con el combustible más caro de toda América Latina. Con un valor que roza los 2 dólares por litro (específicamente 1,998 dólares), el costo de llenar el tanque en nuestro país es significativamente superior al de cualquier vecino, situándonos además en un vergonzoso puesto 14 a nivel mundial de un ranking de 154 naciones.
Esta realidad del precio de la nafta en Uruguay marca una distancia sideral con el segundo en la lista regional, México, que registra un costo de 1,427 dólares. Mientras el promedio global de la gasolina se sitúa en 1,28 dólares por litro, Uruguay parece jugar en otra liga, una donde los impuestos y las ineficiencias estructurales se trasladan directamente al consumidor final. Llenar el tanque en Montevideo es hoy un lujo que pocos países, incluso los más desarrollados de Europa, se permiten a este nivel de costo relativo.
Comparativa regional y el precio de la nafta
Si miramos hacia la otra orilla, la situación muestra un contraste interesante. Argentina se ubica en la décima posición latinoamericana con un costo de la nafta de 1,159 dólares por litro. Aunque el gobierno de Javier Milei ha oficializado subas de impuestos para equilibrar las cuentas públicas, el costo sigue siendo casi un 42% inferior al uruguayo. Este diferencial genera, como es histórico, una presión constante en las zonas fronterizas donde el contrabando de combustible se vuelve una tentación difícil de combatir para las autoridades de Ancap y la Aduana.
El ranking presenta una diversidad extrema que evidencia las distintas políticas de subsidios. En el extremo inferior encontramos a Venezuela, donde el valor de la nafta es apenas testimonial: 0,035 dólares por litro. Sin embargo, para un país importador como Uruguay, compararse con los productores directos es poco útil; el verdadero problema es por qué estamos tan por encima de Chile (1,362 dólares) o Brasil, que logran mantener costos más competitivos para sus industrias y ciudadanos sin comprometer la caja del Estado de forma tan agresiva.
Factores globales que inciden en el precio de la nafta
A nivel internacional, Hong Kong sigue liderando la tabla mundial con un tarifa de la nafta prohibitivo de 3,709 dólares por litro, seguido por países como Dinamarca e Israel. Lo que estos datos revelan es que Uruguay no solo tiene un problema regional, sino que su estructura de costos es comparable a la de las economías más ricas del planeta, pero con salarios que distan mucho de los niveles europeos o asiáticos. La incidencia de los subsidios en otros países y la carga tributaria local son los dos ejes que explican esta anomalía uruguaya.
La volatilidad del mercado petrolero mundial suele ser la excusa perfecta para los ajustes al alza, pero raramente se ve reflejada con la misma velocidad cuando el barril de Brent desciende. En Uruguay, el sistema de precios de paridad de importación (PPI) ha intentado dar transparencia, pero la realidad es que el precio de la nafta sigue siendo el principal motor de recaudación indirecta para el Ministerio de Economía y Finanzas. Esta dependencia fiscal hace que cualquier reducción significativa sea vista con recelo por parte del gobierno, sea cual sea el signo político.
Descuentos y promociones ante el alto precio de la nafta
Ante este escenario de asfixia, los consumidores uruguayos y regionales buscan aire a través de promociones bancarias y billeteras virtuales. Mientras en Argentina el Boletín Oficial confirma nuevas subas de impuestos, en Uruguay el debate se centra en la eficiencia de Ancap. El importe de la nafta no es solo un número en la pantalla de la estación de servicio; es un componente crítico que encarece desde el flete del arroz hasta el boleto de ómnibus, generando un efecto cascada en toda la economía nacional.
El liderazgo de Uruguay en este ranking regional del precio de la nafta es un llamado de atención sobre la competitividad del país. Mientras el mundo avanza hacia la movilidad eléctrica, la transición en Uruguay se ve frenada por un parque automotor que todavía depende mayoritariamente de combustibles fósiles carísimos. Si no se ataca la base impositiva o se mejora la logística de refinación y distribución, seguiremos encabezando las listas que nadie quiere liderar, castigando la producción y el consumo interno de forma sistemática.
¿Hasta qué punto es sostenible para la economía uruguaya mantener el precio de la nafta más alto de toda Latinoamérica sin afectar irreversiblemente la competitividad de nuestras exportaciones y el poder de compra de la clase media?
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