Sin pelos en la lengua: la denuncia de Gustavo Salle contra el saqueo institucional
La política uruguaya está acostumbrada a la siesta y al discurso edulcorado, pero la denuncia de Gustavo Salle llegó para patear el tablero. Desde su banca como diputado de Identidad Soberana, Salle no anda con vueltas: asegura que estamos ante uno de los peores momentos de la historia del país, con una crisis de seguridad interna que nos desborda y un narcotráfico que se apoderó de las instituciones. Para el legislador, figuras como Orsi o Sánchez están totalmente desbordados, mientras la población «se la está comiendo» con una situación económica deplorable que es un insulto a la inteligencia de cualquier uruguayo de a pie.
La acusación de Gustavo Salle más reciente, el diputado pone el dedo en la llaga de los salarios de miseria. Es indignante que en este Uruguay caro, haya 800.000 personas ganando apenas 26.000 pesos por mes. Mientras tanto, el Ministerio de Economía sigue aplicando la receta neoliberal de beneficiar a las corporaciones internacionales a costa de exprimir al pueblo. Salle denuncia que el modelo establecido por Sanguinetti ha sido repetido como un mantra por todos los gobiernos, incluido un Frente Amplio que, según sus palabras, ha resultado ser el más servil a los intereses extranjeros con un presupuesto que es una copia fiel del de los partidos tradicionales.

El servilismo que ataca la denuncia de Gustavo Salle
La manifestación legal de Gustavo Salle no se queda en la queja, sino que aporta números que harían temblar a cualquier contador honesto. El diputado asegura que existen aproximadamente 6.000 millones de dólares por año que se pierden por la mala conducción y la corrupción estructural. Este dinero, que debería estar en escuelas, hospitales y seguridad, se escurre por las «chacras» de poder que los políticos tradicionales protegen con celo para no romper el equilibrio de sus propios intereses.
El agujero negro en las intendencias y el BPS según Salle
Uno de los puntos más calientes de la exposición de Gustavo Salle es la falta de trazabilidad del dinero público. Salle menciona estudios que revelan que solo en caminería del interior no se sabe bien el destino de 216 millones de dólares. Pero la cosa no queda ahí; el legislador apunta también al BPS y al Fonasa, donde se manejan cifras astronómicas de hasta 800 millones de dólares que nadie sabe a ciencia cierta dónde terminan. Es lo que él llama «las mafias blancas», un sistema de chacras e intereses que nadie se anima a mover.
Para Salle, meterse con estos números significa chocar contra un sistema totalmente fragmentado en zonas de interés. La impugnación de Salle deja claro que los gobiernos actuales no gestionan para el pueblo, sino que se instalan para administrar estas chacras de beneficio propio. Mientras los políticos se pelean frente a las cámaras, por debajo de la mesa mantienen las mismas estructuras de recaudación abusiva, buscando siempre el atajo para sacarle más plata al contribuyente, como ocurrió con las recientes modificaciones en las devoluciones del Fonasa.
Soberanía o servilismo: el eje de la denuncia de Gustavo Salle
La soberanía nacional está en juego y la querella del legislador es un llamado a despertarse. El diputado sostiene que Uruguay está sometido a las órdenes de la corporatocracia internacional, y que tanto el oficialismo como la oposición parlamentaria actual son cómplices de este entreguismo. Al decir del legislador, es necesario «subirse un poquito los pantalones» ante el exterior y, puertas adentro, tener el coraje de rescatar esos 6.000 millones de dólares que hoy se pierden en la burocracia y el acomodo.
En definitiva, la denuncia de Gustavo Salle es el reflejo de un hartazgo social que ya no aguanta más diagnósticos tibios. Salle le habla al pueblo con total sinceridad, reconociendo que su discurso no es el «políticamente correcto», pero es el que describe la realidad de un país donde la riqueza se va para afuera y la pobreza se queda en los barrios. La lucha del diputado en el Parlamento es por la trazabilidad, por la transparencia y, sobre todo, por devolverle al uruguayo el fruto de su trabajo que hoy se devoran las corporaciones.
La pregunta queda picando en el aire del Palacio Legislativo: ¿hasta cuándo el sistema político podrá seguir ignorando la denuncia de Gustavo Salle antes de que el agujero de 6.000 millones termine de hundir la economía de todos?
