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Crecen las amenazas de acuartelamiento en la Policía bonaerense por atraso salarial

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Crecen las amenazas de acuartelamiento en la Policía bonaerense por atraso salarial
Efectivos de la Policía bonaerense reclaman frente a una comisaría.
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Buenos Aires al borde del abismo institucional

El fantasma de la desprotección total vuelve a sobrevolar la provincia de Buenos Aires, generando un clima de zozobra que traspasa fronteras. La Policía bonaerense, la fuerza armada más numerosa de Argentina, se encuentra en un punto de no retorno con la administración de Axel Kicillof. Lo que comenzó como un malestar por el retraso de los haberes ha mutado en una furia contenida que amenaza con derivar en un acuartelamiento masivo, dejando a millones de ciudadanos a merced del crimen en el conurbano. La ruptura del contrato entre el poder político y los uniformados es hoy una herida abierta que nadie parece saber cómo vendar.

El detonante de este polvorín es un atraso salarial que, frente a la inflación galopante, ha dejado a los efectivos por debajo de la línea de la pobreza. Al no tener derecho a paritarias propias, la Policía bonaerense asiste como espectadora pasiva a acuerdos que licúan su poder adquisitivo mes a mes. La situación se volvió insostenible durante este verano de 2026, cuando el tradicional Operativo Sol fue una sombra de lo que solía ser, dejando a miles de agentes sin los viáticos y adicionales que históricamente servían para «parar la olla» durante el resto del año.

El fantasma del acuartelamiento de la Policía bonaerense

En los grupos de mensajería interna y en los pasillos de las comisarías, el tono de los mensajes ya no es de queja, sino de rebelión. Se mencionan fechas clave a mediados de febrero para movilizaciones hacia el Ministerio de Seguridad y puntos neurálgicos como el Puente 12 en La Matanza. Si bien la cúpula intenta mantener la verticalidad, el enojo de la tropa de la Policía bonaerense es tan grande que la posibilidad de que cuelguen los uniformes y se encierren en los cuarteles es un escenario que los analistas de seguridad ya dan como probable. Un Buenos Aires sin patrullaje es una invitación directa al caos social y al saqueo.

Móviles de la Policía bonaerense paralizados
La flota de la Policía bonaerense fuera de servicio por el conflicto.

La falta de respuesta por parte de Kicillof es leída como una provocación por los efectivos. No se trata solo de dinero; es el desprecio por las condiciones de vida de quienes deben arriesgar el pellejo a diario. Jornadas de 12 horas, traslados arbitrarios a destinos lejanos y una obra social como IOMA que está prácticamente quebrada, han configurado un cuadro de abandono total. La Policía bonaerense siente que el gobierno provincial los usa como carne de cañón mientras los protege con chalecos vencidos y móviles que se caen a pedazos por falta de mantenimiento.

Desprotección y miedo en la Policía bonaerense

El miedo no solo está en la gente que teme quedarse sin vigilancia, sino en los propios agentes que ven cómo su salud mental se deteriora sin ningún tipo de apoyo oficial. Expresar disconformidad en la Policía bonaerense suele terminar en sanciones o el aislamiento, lo que genera una olla a presión que, cuando explota, lo hace de manera violenta. El reclamo por el pago de las horas extras (CORES) y el reconocimiento de la carga horaria real son puntos no negociables para una fuerza que hoy se percibe maltratada por sus propios jefes políticos.

A medida que se acercan las fechas tentativas de protesta, la incertidumbre crece en el conurbano bonaerense. La memoria colectiva recuerda con terror otros acuartelamientos que terminaron en zonas liberadas y violencia desenfrenada. La Policía bonaerense sabe que tiene el poder de paralizar la provincia, y parece estar dispuesta a usar esa carta si desde la Gobernación no llega un alivio económico inmediato. El silencio oficial, lejos de calmar las aguas, está funcionando como combustible para una movilización que promete ser masiva y de consecuencias impredecibles para la estabilidad de la región.

Un final abierto para la Policía bonaerense en 2026

El deterioro de la infraestructura y la falta de uniformes nuevos son solo la punta del iceberg de una crisis estructural que Kicillof no ha podido o no ha querido resolver. El reclamo de la Policía bonaerense incluye también la transparencia en los ascensos y un programa de reentrenamiento serio, algo que brilla por su ausencia en una provincia donde la inseguridad es la principal preocupación de los vecinos. Si el conflicto escala y se llega a la medida de fuerza extrema, la responsabilidad política recaerá sobre un Ejecutivo que ignoró las señales de alerta durante meses.

La tensión es tal que incluso sectores de la sociedad civil empiezan a mirar con temor el calendario de febrero. Un acuartelamiento no es solo un paro; es la suspensión del orden público en un territorio donde la paz es siempre frágil. La Policía bonaerense está en una encrucijada: seguir aguantando la miseria o patear el tablero para exigir dignidad, aún a riesgo de ser acusados de sedición. El reloj corre y, por ahora, el único sonido que sale de la Casa de Gobierno en La Plata es el del silencio, un silencio que aturde y que asusta a todos por igual.

¿Estamos ante el preludio de un estallido social en Buenos Aires si el gobierno decide seguir ignorando el grito desesperado de su propia fuerza de seguridad?

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