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Pobreza récord en Cuba: afecta a casi el 70% de la población

Un estudio independiente revela que más de 6,4 millones de cubanos no logran cubrir la canasta básica.

Persona mayor caminando frente a fachadas deterioradas en una calle de La Habana.
Más de 6,4 millones de personas no logran cubrir la canasta alimentaria en Cuba.

La crisis económica y social que atraviesa Cuba alcanzó un punto de inflexión histórico y desgarrador. Por primera vez en más de seis décadas, la pobreza económica golpea de forma directa a la gran mayoría de la población, arrastrando a millones de familias a una lucha diaria e implacable por conseguir lo mínimo indispensable para subsistir en medio de la inflación desbocada, el desabastecimiento de insumos básicos y los sistemáticos cortes de energía eléctrica.

Un minucioso estudio elaborado por el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) reveló que aproximadamente 6.454.534 personas viven en condiciones de pobreza extrema dentro de la isla. Esta desgarradora cifra representa el 66% de los habitantes del país, reflejando que más de seis de cada diez cubanos perciben ingresos insuficientes para financiar el costo de la canasta alimentaria mínima y solventar necesidades humanas elementales como la salud o la vivienda.

Antecedentes y el acelerado deterioro del bienestar social

El salto cuantitativo registrado en las mediciones de pobreza resulta alarmante cuando se analiza la evolución reciente de los indicadores locales. A mediados de 2025, estimaciones independientes ubicaban la pobreza en torno al 45% de la población. En poco más de un año, la espiral inflacionaria y la pérdida constante del poder adquisitivo dispararon ese registro hasta el 66%, marcando una aceleración sin precedentes en el deterioro de las condiciones de vida.

Históricamente, el régimen cubano sostuvo su relato oficial en la garantización de derechos sociales universales, apoyado en la distribución de alimentos subvencionados a través de la libreta de racionamiento y en la gratuidad de los servicios públicos. Sin embargo, la prolongada parálisis productiva, el descalabro monetario y la reducción drástica del auxilio estatal terminaron por desmantelar esa red de contención, dejando al descubierto una fragmentación social cada vez más evidente en las calles de La Habana y del interior de la isla.

Fila de ciudadanos cubanos esperando para comprar alimentos con la libreta de racionamiento.

El impacto en América Latina y el drama de la migración

La crisis cubana no se agota en sus fronteras nacionales, sino que actúa como un factor de desestabilización e impacto humanitario directo sobre toda la región latinoamericana. La imposibilidad de acceder a un nivel de vida digno dentro del territorio insular continúa impulsando un éxodo masivo de ciudadanos que arriesgan sus vidas en rutas migratorias complejas para alcanzar terceros países en busca de oportunidades de subsistencia.

Para los países del entorno sudamericano y caribeño, la emergencia en la isla reabre el debate geopolítico sobre la viabilidad de los modelos centralizados y la eficacia de las redes de ayuda internacional. La disparidad entre el costo de vida en divisas y los ingresos en moneda local acentúa la dependencia absoluta de las familias respecto a las remesas enviadas desde el exterior, transformando el auxilio de la diáspora en el único salvavidas real frente al colapso del aparato productivo interno.

Salarios de miseria y la brecha insalvable según las voces expertas

La socióloga Mayra Espina, coordinadora de la investigación del CCRD, explicó que la actualización del indicador responde al incremento desmedido que registró la canasta básica de alimentos en los últimos meses. La especialista detalló que el cálculo permite trazar «al menos una imagen indicativa de que el problema va creciendo», evidenciando un proceso de pauperización estructural que la falta de estadísticas oficiales intenta visibilizar a través de esfuerzos académicos independientes.

Por su parte, el análisis del economista cubano Omar Everleny Pérez aporta la dimensión humana y matemática de esta catástrofe cotidiana. En la isla, el salario promedio mensual ronda los 7.000 pesos cubanos, equivalentes a apenas 10 dólares en el mercado informal. En contrapartida, el costo de una canasta alimentaria representativa para una sola persona asciende a unos 37 dólares. Esta brecha abismal expone la imposibilidad material de cualquier trabajador de garantizar el plato de comida en su hogar sin recurrir al trabajo informal o al auxilio externo.

Un escenario incierto signado por el cansancio y la desprotección

La proyección a futuro para la población cubana se presenta sombría si no se instrumentan reformas estructurales capaces de frenar la espiral inflacionaria y reactivar la economía. La erosión definitiva de los programas históricos de ayuda oficial deja a millones de ancianos, niños y familias trabajadoras expuestos a una vulnerabilidad extrema, donde la escasez de medicamentos y la falta de alimentos diarios son la regla.

El reporte del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo deja al descubierto el rostro más humano y doloroso de un modelo agotado. Restablecer la dignidad de la población requerirá de profundos cambios institucionales y económicos que devuelvan el poder de compra a los salarios, permitiendo que la sociedad cubana pueda proyectar un futuro sin la amenaza permanente del hambre y la miseria.

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