La búsqueda de fuentes energéticas inagotables dio un salto de escala verdaderamente histórico en los laboratorios asiáticos. En primer lugar, la dependencia de los combustibles fósiles y la intermitencia de las alternativas tradicionales urgen soluciones drásticas. Por consiguiente, un equipo científico de la Universidad de Xidian avanza en un diseño disruptivo. Se trata de una planta solar espacial concebida para captar la luz del sol en órbita geoestacionaria. El sistema tiene como meta final transmitir esa electricidad a nuestro planeta desde una distancia superior a los 36.000 kilómetros.
Al principio, la idea de recolectar radiación fuera de la atmósfera parecía una fantasía de la ciencia ficción de mediados del siglo pasado. Sin embargo, el proyecto experimental denominado Zhuri, que significa “persiguiendo al sol”, demostró que los componentes principales ya son una realidad tangible. De hecho, en el campus universitario de Xi’an, los investigadores coordinados por el profesor Fan Guanheng montaron una estructura de prueba con una torre de 75 metros de altura. De esta manera, lograron recolectar luz y transformarla de forma inalámbrica.
El ensayo con microondas que valida la planta solar espacial
Por otra parte, la instalación terrestre utiliza un gran espejo parabólico de casi cinco metros de diámetro para concentrar los rayos lumínicos sobre paneles fotovoltaicos especiales. En ese momento, la corriente continua generada se convierte en microondas de alta frecuencia. Posteriormente, el sistema dispara el haz a lo largo de cien metros hacia una antena rectificadora, conocida técnicamente como rectena. En efecto, este dispositivo final vuelve a transformar las ondas invisibles en energía eléctrica de uso común, completando un ciclo limpio.
En los laboratorios de desarrollo y durante las demostraciones ante comités técnicos, los tableros marcaron una transmisión exitosa a nivel de kilovatios.
A causa de este rendimiento, un panel de especialistas validó el experimento de la planta solar espacial tras comprobar que el haz puede seguir a múltiples objetivos móviles en simultáneo. Asimismo, el uso de lentes de Fresnel avanzadas y fluidos de enfriamiento optimizó el rendimiento del equipamiento. Según los reportes del grupo de ingeniería, la densidad energética en el espacio exterior resulta ser hasta seis veces mayor que en la superficie terrestre, debido a la ausencia de nubes, polvo atmosférico y ciclos nocturnos.
Del concepto modular a las bases en la Luna
Por esa razón, el ingeniero Duan Baoyan, director general del desarrollo, proyecta estaciones comerciales gigantescas capaces de alimentar ciudades de tamaño medio. Para mitigar los riesgos de colisión, los expertos optaron por un diseño de módulos independientes. Estos bloques autónomos vuelan en una formación coordinada en lugar de conformar una sola estructura masiva y rígida. Por lo tanto, el mantenimiento en el vacío resulta mucho más sencillo ante imprevistos.
En consecuencia, el próximo paso de la institución será captar el financiamiento necesario para lanzar las primeras plataformas de prueba a la órbita baja. Mientras se resuelven los retos de seguridad para la aviación, la tecnología se perfila para abastecer satélites de comunicaciones o futuras bases habitadas en la Luna. En conclusión, la carrera por dominar la corriente ininterrumpida desde el cosmos ya comenzó y promete reconfigurar toda la red de distribución global
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