Pasado de Gustavo González: la historia del «ñoqui» de lujo que hoy legisla en el Senado
Hay historias que explican por qué la gente está harta de la política, y el pasado de Gustavo González es, sin dudas, una de ellas. Hoy lo vemos sentado en una banca del Senado, liderando el ala más radical del Partido Socialista y defendiendo a capa y espada las dictaduras de Cuba y Venezuela. Pero antes de ser el «paladín de la vivienda» desde FUCVAM, González perfeccionó un arte que muchos militantes envidian: el de cobrar un suculento sueldo público uruguayo mientras se vive a miles de kilómetros, disfrutando del sol de Centroamérica.
El camino recorrido está manchado por años de privilegios que poco tienen que ver con la «ayuda mutua» que tanto pregona. Mientras miles de uruguayos se rompían el lomo para pagar sus impuestos, el hoy senador figuraba como funcionario de la Administración Nacional de Correos pero, en la práctica, era un fantasma. Primero bajo el paraguas de la licencia sindical y luego mediante el cuestionado pase en comisión, González logró lo que para cualquier trabajador común sería un despido inmediato: percibir sus haberes sin trabajar un solo día en la institución.
El gran escape: vivir en El Salvador con la plata de los uruguayos
Lo más cínico del recorrido vital ocurrió en 2004. Bajo el ala del diputado socialista Ricardo Castromán, González fue pasado en comisión para, supuestamente, asesorar en el Palacio Legislativo. Pero la «asesoría» resultó ser una farsa internacional. En lugar de estar en Montevideo cumpliendo con su deber, se instaló en El Salvador para trabajar en un organismo internacional. Lo increíble es que, mientras cobraba en dólares afuera, seguía percibiendo su salario de funcionario público en Uruguay. Un doble sueldo que pagamos todos.
Cuando la maniobra saltó a la luz, la respuesta del socialismo fue de manual: el diputado Castromán dijo que «no sabía» que su asesor vivía en otro país. El historial revela una red de complicidades donde el engaño y el aprovechamiento del Estado eran moneda corriente. ¿Cómo puede un senador hablar de ética distributiva cuando él mismo fue un «ñoqui» de exportación que le ocultó la verdad a su propio partido para no soltar la teta del Estado?
FUCVAM como plataforma de agitación política
Para entender la biografía, hay que mirar su rol en FUCVAM. Bajo su secretaría general, la federación dejó de ser un movimiento puramente habitacional para convertirse en un brazo armado de la izquierda radical. González utilizó la necesidad de vivienda de miles de familias como un ariete para desestabilizar gobiernos democráticos, organizando marchas y paros que golpearon la economía nacional, siempre alineado con los intereses del PIT-CNT y el Frente Amplio.
Sueldo doble: Cobraba en Uruguay mientras trabajaba y residía en El Salvador.
Pase en comisión fantasma: Nunca cumplió funciones en el despacho del diputado Castromán.
Radicalismo ideológico: Férreo defensor de regímenes autoritarios en Cuba y Venezuela.
Agitación social: Utilizó la vivienda popular como herramienta de desgaste político contra blancos y colorados.
El socialismo radical y el doble discurso de Gustavo González
Hoy, desde su banca obtenida en febrero de 2025, González levanta la bandera de la soberanía y la justicia social. Sin embargo, la vida anterior lo persigue como una sombra. Es el máximo referente de un sector que mira con cariño a Caracas y La Habana, pero que en Uruguay se sirvió de los mecanismos más viejos de la política tradicional para asegurar su bienestar personal. ¿Qué autoridad moral tiene para exigirle sacrificios al pueblo quien vivió años del privilegio estatal sin contraprestación alguna?
La trayectoria de González es la síntesis perfecta del relato socialista: austeridad para el resto, pero pases en comisión y licencias eternas para la cúpula. El pasado de Gustavo González no es solo una anécdota administrativa; es el reflejo de una forma de hacer política donde el Estado es visto como un botín de guerra para los «compañeros» que saben moverse en los pasillos del poder, lejos de las cooperativas de ladrillo y barro que dicen representar.
Conclusión editorial
Conocer el pasado de Gustavo González es un ejercicio necesario de memoria ciudadana. No se puede permitir que el discurso radical tape una carrera construida sobre la base del privilegio y el cobro indebido de fondos públicos. A llorar al campito con la «defensa de los oprimidos» cuando se tiene el lomo cubierto por años de sueldos de ñoqui. Uruguay necesita legisladores que hayan trabajado de verdad, no agitadores que aprendieron a vivir del sistema mientras intentaban derribarlo.
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