Un país de alas caídas y pasajeros en el olvido
La noticia que llega desde la vecina orilla es, cuanto menos, indignante para cualquiera que crea en el derecho a circular libremente. El paro de la CGT en Argentina ha vuelto a demostrar que, cuando los sindicatos deciden medir fuerzas con el gobierno, los que terminan pagando los platos rotos son los ciudadanos. Este jueves, la imagen en los aeropuertos de Ezeiza y Aeroparque fue desoladora: pasillos llenos de gente durmiendo sobre sus valijas, pantallas teñidas de rojo con la palabra «cancelado» y un silencio sepulcral en las pistas que debería estar lleno de motores rugiendo.
Es una verdadera falta de respeto que 64.000 pasajeros se levanten con la noticia de que su viaje se esfumó. El cese de actividades no es solo una medida de fuerza; es un golpe al hígado para el laburante que ahorró todo el año para unas vacaciones o para el que tiene que viajar por una urgencia de salud. Detrás de cada uno de esos 400 vuelos cancelados hay una historia humana que los gremios parecen ignorar por completo en su afán de frenar las reformas laborales que impulsa la gestión de Javier Milei.
El impacto del paro de la CGT en Argentina en la economía regional
No podemos mirar para el costado cuando se habla de «pérdidas millonarias». La Cámara de Compañías Aéreas en Argentina (Jurca) ya puso el grito en el cielo, y con razón. El paro nacional genera un agujero negro en la economía en plena temporada alta, donde el turismo debería ser el motor que saque al país adelante. Pero no, acá se prefiere bajar la palanca y dejar todo a oscuras. Aerolíneas Argentinas, esa empresa que todos los contribuyentes mantienen con sus impuestos, fue la más golpeada, dejando a 31.000 personas a pie. Es una gestión del caos que no tiene lógica ni bandera, más que la del propio interés sindical.
Esta medida de fuerza ha logrado algo difícil: que la gente sienta que su tiempo y su dinero no valen nada. La imposibilidad de reprogramar vuelos en pleno verano es el tiro de gracia para muchos. Los hoteles ya están pagos, los traslados contratados y las ilusiones en marcha, pero al sindicato poco le importa si vos perdés tu reserva o tu reunión de negocios. La prepotencia de los gremios como APLA y Aeronavegantes vuelve a poner de manifiesto que en Argentina el derecho a la huelga se usa como un arma de extorsión masiva que termina fundiendo a las empresas y agotando la paciencia del que realmente produce.
La interna sindical detrás del paro de la CGT en Argentina
Lo que más ruido hace en esta protesta sindical es la supuesta defensa del trabajador que pregonan los líderes sindicales. ¿De qué trabajador hablan? ¿Del que está varado en la terminal sin saber si va a poder volver a su casa? ¿O del empleado de comercio que depende de que lleguen turistas para cobrar su sueldo? La contradicción es absoluta. Al adherirse a esta medida de fuerza, gremios como APA y UPSA no están defendiendo la dignidad de nadie, están defendiendo privilegios de una casta que no quiere que nada cambie, mientras el país se hunde en una crisis que requiere laburo, no parálisis.
La tragedia de los aeropuertos colapsados es el fiel reflejo de una Argentina que no logra salir del bucle de la confrontación permanente. La interrupción laboral se vende como una gesta heroica contra el ajuste, pero en la práctica es un sabotaje a la conectividad nacional. ¿Cómo pretenden que las aerolíneas sean rentables si cada dos por tres les cierran la persiana? Es un círculo vicioso que solo genera más pobreza y aislamiento. Mientras el resto del mundo compite por tener cielos más abiertos y eficientes, acá nos damos el lujo de dejar aviones en tierra por caprichos políticos.
Un futuro incierto bajo la sombra del paro de la CGT en Argentina
Hacia adelante, el panorama no pinta nada bien. Si esta acción sindical es apenas un adelanto de lo que vendrá, el viajero uruguayo y el argentino tendrán que acostumbrarse a vivir con la incertidumbre en la valija. La falta de diálogo genuino y la radicalización de las posturas solo auguran más jornadas de estas, donde el pasajero es usado como un escudo humano. Es hora de que se empiece a discutir seriamente la esencialidad del transporte aéreo, para que un puñado de dirigentes no pueda apagarle la luz a todo un país cada vez que se les antoja.
En definitiva, lo que nos queda de este paro de la CGT en Argentina es un sabor amargo. No se trata de estar a favor o en contra de una ley, se trata de no joderle la vida al prójimo. Mientras las pérdidas millonarias se acumulan y las 64.000 almas varadas buscan una respuesta que no llega, los responsables de este desastre se van a dormir tranquilos a sus casas. Es una injusticia que clama al cielo, y nosotros, desde esta orilla, no podemos más que observar con preocupación cómo el país hermano se sigue pegando tiros en los pies mientras el mundo sigue girando.
¿Hasta cuándo los pasajeros tendrán que ser los rehenes silenciosos de cada paro de la CGT en Argentina antes de que se tomen medidas drásticas contra el sabotaje aéreo?
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