El Ejército de Malí ha informado que grupos armados han iniciado una ofensiva en múltiples frentes, atacando a las fuerzas militares en varios cuarteles de la capital, Bamako, y otras localidades del país. Esta situación representa una prueba significativa para la junta militar en el poder y su principal aliado, Rusia.
La situación se agrava con ataques coordinados
El Frente de Liberación para el Azawad (FLA), un grupo separatista tuareg, ha asumido la responsabilidad de estos ataques, que se están llevando a cabo en conjunto con el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), una organización yihadista vinculada a Al Qaeda. Según reportes de Radio France Internationale, ambas organizaciones han mantenido contactos recientes para planificar esta ofensiva.
El Ejército maliense confirmó los combates a través de sus redes sociales el mediodía del sábado, y más tarde, declaró que la situación estaba bajo control, desestimando las afirmaciones del FLA sobre la conquista de Kidal, una localidad estratégica en el norte del país.
Enfrentamientos en diversas ciudades
Fuentes locales han reportado enfrentamientos en Bamako, donde se han escuchado explosiones cerca del aeropuerto, así como en las ciudades de Kati, Gao y Mopti. Kati, ubicada cerca de la capital, alberga la residencia del líder golpista, el general Assimi Goita.
Advertencias de embajadas extranjeras
Ante la escalada de violencia, tanto Estados Unidos como China han emitido advertencias a sus ciudadanos en Malí. La Embajada de Estados Unidos ha instado a sus ciudadanos a buscar refugio inmediato tras los reportes de explosiones en el aeropuerto. Por su parte, la Embajada de China ha aconsejado a sus ciudadanos evitar viajar a Malí y a aquellos que se encuentren en el país a tomar precauciones y no salir a menos que sea estrictamente necesario.
China posee significativos intereses económicos en Malí, destacándose en el sector del litio, con proyectos como la mina Goulamina que subrayan su creciente importancia estratégica en la industria.
Alianzas en medio de la crisis
En marzo de este año, se conocieron rumores sobre la posibilidad de una colaboración entre yihadistas y tuaregs para llevar a cabo ofensivas conjuntas contra las fuerzas malienses y sus principales aliados internacionales, entre los que se encuentran mercenarios rusos del antiguo Grupo Wagner, ahora conocido como Africa Corps. Estos mercenarios han estado realizando tareas de vigilancia y seguridad para la junta militar liderada por Goita.
La actual junta llegó al poder tras dos golpes de Estado en 2020 y 2021 y ha forjado alianzas con otras juntas en la región, como las de Burkina Faso y Níger, unidas en su rechazo a la influencia de Francia y su acercamiento a Rusia.
Desafíos persistentes en la región del Sahel
A pesar de estas alianzas, la región del Sahel sigue enfrentando graves desafíos de seguridad, con constantes ataques del JNIM, los separatistas tuareg y células itinerantes del Estado Islámico. La junta militar maliense había prometido restablecer el gobierno civil a más tardar en marzo de 2024, compromiso que hasta ahora no ha cumplido.
En julio de 2025, el régimen militar otorgó a Goita un mandato presidencial de cinco años, que puede renovarse indefinidamente y sin la celebración de elecciones. Esta situación ha generado preocupación entre la población, que busca una solución definitiva a los problemas de seguridad que persisten, a pesar del apoyo de fuerzas rusas que reemplazaron a las tropas francesas en el país.
La fragilidad del equilibrio geopolítico
La actual crisis en Malí pone de manifiesto la fragilidad del equilibrio geopolítico en la región, donde potencias como Estados Unidos, China y Rusia compiten por la influencia. La inestabilidad en Malí no solo afecta a su población, sino que también tiene repercusiones en la seguridad de toda la región del Sahel, que se encuentra en una lucha constante contra el extremismo y la violencia.
La combinación de la ofensiva armada, las tensiones políticas internas y la intervención extranjera en la lucha contra el terrorismo en Malí plantea un escenario complejo que requerirá atención y cooperación internacional para abordarlo de manera efectiva.
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