Narcotráfico en México: el despliegue de un ejército invisible que no da tregua
La reciente caída de uno de los capos más buscados del mundo no trajo la paz esperada, sino que desató un infierno que dejó al descubierto la verdadera cara del narcotráfico en México. No estamos hablando de simples bandas de delincuentes, sino de verdaderas corporaciones del crimen que manejan un poder de fuego capaz de poner en jaque a cualquier gobierno. La reacción en el estado de Jalisco fue inmediata: rutas cortadas, vehículos calcinados y una sensación de desamparo que recorre todo el territorio.
Este nuevo escenario del tráfico de drogas demuestra que el crimen organizado ya no solo se dedica a las drogas. Es una industria diversificada que controla desde la venta de combustible hasta el tráfico de personas, pasando por la extorsión y el secuestro. Con una estructura que emplea a miles de «soldados», estos grupos se han convertido en la quinta fuerza empleadora del país, superando incluso a gigantes estatales como la petrolera nacional.
El cambio de estrategia frente al narcotráfico en México
Lo que estamos viendo hoy es el resultado de un giro de 180 grados en la política de seguridad. Durante años, la táctica fue evitar el enfrentamiento directo para no generar «baños de sangre», llegando incluso a liberar a hijos de capos famosos para calmar las aguas. Sin embargo, la presión internacional, especialmente desde el norte, ha obligado a un cambio de mando. La actividad narco ahora enfrenta una ofensiva coordinada que no parece tener vuelta atrás, aunque el costo social sea altísimo.
Este cambio de estrategia frente al mercado ilegal de drogas responde a una exigencia clara del gobierno estadounidense. La administración de turno en Washington ha dejado claro que no tolerará más el flujo de sustancias hacia su frontera. Esto ha forzado operativos de inteligencia conjunta que, si bien son exitosos en términos de capturas, dejan a la población civil atrapada en medio de un fuego cruzado que parece no tener fin.
El poder de fuego del Cartel Jalisco Nueva Generación
El grupo que hoy está en el ojo de la tormenta es, quizás, el más sanguinario de todos. Con aproximadamente 25.000 miembros activos, su capacidad de movilización es aterradora. Las redes de narcotráfico ha evolucionado hacia un modelo paramilitar donde el uso de lanzacohetes y vehículos blindados es moneda corriente. Lo que ocurrió este domingo en Jalisco es solo una muestra de lo que estos grupos están dispuestos a hacer para proteger su territorio y su negocio.
Economías paralelas: El narco impulsa economías locales en estados donde el Estado brilla por su ausencia.
Connivencia política: El crecimiento de estos grupos no se explica sin el apoyo, por acción u omisión, del poder político y judicial.
Diversificación criminal: Ya no es solo cocaína; hoy controlan el peaje, el robo de autos y hasta el cobro de extorsiones a comercios.
Debilidad del Estado: A pesar del éxito de capturar líderes, la estructura del negocio ilícito de estupefacientes permanece intacta.
- La incertidumbre de la sucesión en el narcotráfico en México

¿Qué pasa cuando cae el rey? En el mundo del hampa, la caída de un líder absoluto suele generar dos caminos: o una sucesión ordenada que mantiene la estructura, o una fragmentación que desata una guerra interna todavía más violenta. La economía criminal de drogas se encuentra hoy en esa encrucijada. Si el grupo se parte en facciones, como ya ocurrió con otros carteles históricos, la violencia podría escalar a niveles nunca vistos, afectando incluso a zonas turísticas que antes se consideraban «intocables.
La realidad de las operaciones del narco es que, aunque se logre descabezar a la organización, quedan miles de miembros que siguen siendo parte del sistema. La política de seguridad no puede terminar en la captura de un hombre; debe desarticular un modelo económico y social que ha calado hondo en la sociedad. Mientras el narco siga siendo un «empleador» más atractivo que el propio Estado, la batalla estará lejos de ganarse.
La presión externa y el factor Donald Trump
No se puede analizar el narcotráfico en México actual sin mirar hacia la Casa Blanca. La retórica de mano dura y la amenaza de aranceles han puesto al gobierno mexicano entre la espada y la pared. La coordinación de operativos con agencias extranjeras es más fuerte que nunca, pero esto también genera rupturas internas en el seno del gobierno azteca. La soberanía nacional se pone en duda cuando las decisiones de seguridad parecen dictarse desde otro país.

En conclusión, el narcotráfico en México atraviesa una etapa de reconfiguración violenta. La muerte del líder es un hito, sí, pero no es la solución. Los incendios en Guadalajara y los tiroteos en Puerto Vallarta son recordatorios brutales de que el poder de fuego de los carteles sigue intacto. El mundo observa, y mientras la presión externa aumenta, el pueblo mexicano sigue poniendo los muertos en una guerra que parece haber sido declarada perdida desde antes de empezar.
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