El laberinto recaudatorio de la Intendencia capitalina
Multas de tránsito en Montevideo. La discusión por el costo de vida en Montevideo sumó un nuevo capítulo que toca directamente la billetera de los conductores. El intendente Mario Bergara salió a la cancha para opinar sobre el proyecto de ley que busca recortar a la mitad las sanciones por exceso de velocidad, y aunque se mostró «afín» a una rebaja, le puso una letra chica que suena más a estrategia de cobro que a alivio real para el vecino. Lo que queda claro es que la gestión municipal está viendo cómo se le escapa la plata entre los dedos y necesita que la gente pase por caja como sea.
Para Bergara, el problema no es solo cuánto sale la infracción, sino que casi nadie la está pagando. Desde que se separó el cobro de las multas de tránsito en Montevideo del pago de la patente de rodados, la morosidad saltó de un 40% a un vergonzoso 75%. Es decir, tres de cada cuatro multados prefieren hacerse los distraídos y esperar los cuatro años para que la deuda prescriba. Esto deja a la Intendencia en una posición ridícula: pone castigos carísimos que terminan siendo papel mojado porque el sistema de incentivos está, básicamente, roto.
¿Seguridad vial o afán por la caja municipal?
El intendente insiste con el discurso de que la comuna «no vive de las multas» y que estas representan solo el 2% de los ingresos totales. Sin embargo, al proponer que la rebaja solo se aplique si pagás rápido, lo que está haciendo es intentar aceitar una maquinaria de recaudación que hoy está oxidada. Bergara prefiere un modelo donde el monto suba con el tiempo, una especie de «pago contado» para el castigo, lo que demuestra que la prioridad sigue siendo que la plata entre a las arcas departamentales antes de que la infracción venza.
Hablar de las sanciones viales como una simple «sanción derivada de una infracción» es ignorar que, para muchos trabajadores uruguayos, un descuido de unos pocos kilómetros por hora captado por una cámara representa medio sueldo. La propuesta de los legisladores de la coalición de bajar los montos un 50% busca equilibrar la balanza, pero Bergara se resiste a una rebaja generalizada. Su postura es clara: si vas a pagar menos, tiene que ser bajo sus reglas y lo más pronto posible.
El fracaso de una normativa que solo castiga
El gran talón de Aquiles de la gestión han sido los «peores incentivos» creados por el cambio normativo actual. Al no poder trancar la patente por una multa impaga, la Intendencia perdió su principal herramienta de presión, y ahora se encuentra con una montaña de deudas que no sabe cómo cobrar. Las infracciones de tránsito se han vuelto opcionales para una gran parte de la población, y eso es lo que realmente parece preocupar en el Palacio Municipal, más allá de si la gente maneja con más cuidado o no.
La idea de copiar modelos de otros países donde la multa aumenta con el paso de los meses es la última carta que se juega el intendente para tratar de recuperar el control. Pero se olvida de un detalle no menor: la gente no deja de pagar porque sea «pilla», sino porque los montos actuales de las penalizaciones en la vía pública son, en muchos casos, imposibles de afrontar para un bolsillo promedio que ya viene castigado por los impuestos y el costo de la capital.
Una gestión que necesita recaudar para sobrevivir
En definitiva, la postura de Bergara es una muestra de pragmatismo económico disfrazado de gestión vial. Se abre a la rebaja no por una convicción de justicia para el contribuyente, sino porque sabe perfectamente que es mejor cobrar el 50% de algo que el 100% de nada. Mientras tanto, las calles siguen llenas de cámaras y radares que parecen tener un ojo más puesto en el número de la chapa y el ingreso mensual que en la prevención real de accidentes.
El debate por las multas de tránsito en Montevideo seguirá en el Parlamento, pero la señal enviada desde la Intendencia es inequívoca: necesitan efectivo urgente. Habrá que ver si los ciudadanos muerden el anzuelo de la «bonificación» o si seguirán apostando a la prescripción ante un sistema que castiga con saña pero ofrece muy pocas soluciones de fondo para el desastre que es el tránsito capitalino hoy en día.
¿Es realmente un incentivo al cumplimiento o es simplemente la forma más elegante que encontró Bergara para rematar deudas que ya daba por perdidas?
Dejá tu comentario
Para comentar tenés que estar registrado y con sesión iniciada.
Comentarios (0)
Todavía no hay comentarios.









