Mordaza al Carnaval: Lo que ocurrió en las últimas horas en el marco de los fallos de las «Escuelas de Samba» es un ataque frontal a la libertad de prensa. Resulta lamentable que, en un evento que se nutre del apoyo popular y la visibilidad mediática, se haya tomado la decisión de prohibir el ingreso de los cronistas al momento de conocerse los puntajes. Esta exclusión no hace más que confirmar una deriva autoritaria que ya se venía oliendo en el ambiente.
Hace apenas unos días, los organizadores de las comparsas ya habían dado la nota con un comunicado insólito. En un texto que parecía redactado en otra época, pretendieron imponer una «ley mordaza» a los medios, prohibiendo explícitamente hablar, opinar o emitir juicios de valor. Es decir, querían periodistas mudos, que se limitaran a aplaudir y a replicar el discurso oficial sin cuestionar absolutamente nada. Una verdadera vergüenza que no tiene lugar en el periodismo uruguayo actual.
Es momento de poner los puntos sobre las íes: este tipo de actividades no están a la altura de las circunstancias. Mientras sus organizadores se llenan la boca haciendo comparaciones con el despliegue de los carnavales de Brasil o la excelencia que se vive año a año en Artigas, la realidad les devuelve una imagen muy distinta. La distancia entre el sambódromo y este manejo amateur es abismal. Pretender igualarse a esas potencias mientras se censura a la prensa local es, como mínimo, un delirio de grandeza que carece de sustento ético y profesional.
Un evento que le cierra la puerta a la información y que pretende amordazar el pensamiento crítico no merece la difusión ni la mención de los medios de comunicación. La visibilidad es un privilegio que se construye con transparencia y respeto mutuo, no con comunicados dictatoriales. Sin embargo, en este fango mediático, nunca falta el obsecuente de turno. Ese que, por un mísero vintén o una palmadita en la espalda, decide lamerle las botas a la organización, traicionando a sus colegas y ninguneando la dignidad de la profesión.
Si la organización no está dispuesta a aceptar las reglas del juego democrático y el escrutinio de la prensa, entonces que sigan su camino en el anonimato que su propia soberbia construye. El periodismo serio debe marcar la raya: frente a la censura, el silencio no es opción, pero el retiro de la cobertura sí lo es.
