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Satélite argentino y tripulación histórica definen la misión Artemis II de la NASA

La misión Artemis II de la NASA llevará humanos a la órbita lunar tras 50 años. Conocé los detalles del lanzamiento y el satélite argentino a bordo.

por Helen CartwrightHelen Cartwright
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Misión Artemis II de la NASA lanzamiento

La misión Artemis II de la NASA representa el fin de un paréntesis de más de cinco décadas en la exploración tripulada más allá de la órbita baja terrestre. Desde que el programa Apolo cerró sus puertas en 1972, ningún ser humano ha vuelto a contemplar la cara oculta de la Luna desde la ventana de una nave espacial. Según informaron fuentes de la agencia espacial a Uruguay al Día, este vuelo de diez días no solo validará la tecnología del cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orion, sino que sentará las bases logísticas para que la próxima generación de astronautas pueda, finalmente, volver a pisar el suelo gris de nuestro satélite natural.

Este viaje, previsto para iniciarse el próximo 6 de febrero de 2026, no es una misión aislada, sino el segundo eslabón de una cadena diseñada para establecer una presencia humana sostenible en el espacio. A diferencia de las misiones de los años sesenta, que eran «carreras» de corto aliento, Artemis busca la permanencia. La tripulación, compuesta por cuatro astronautas, llevará la nave Orion a unos 370.000 kilómetros de la Tierra, batiendo récords de distancia y enfrentando condiciones de radiación y soporte vital que solo se encuentran en el vacío profundo del cosmos.

Tecnología de punta y participación argentina con ATENEA

Dentro de los hitos que definen la misión Artemis II de la NASA, destaca la inclusión de carga secundaria con un fuerte componente regional. El satélite argentino ATENEA, desarrollado con la colaboración de la CONAE y universidades nacionales del vecino país, será desplegado durante las primeras órbitas terrestres. Este dispositivo experimental tiene como objetivo validar tecnologías críticas y computadoras de vuelo desarrolladas en el Río de la Plata, alcanzando una altitud de 70.000 kilómetros, lo que lo convertirá en el objeto de fabricación argentina que más lejos ha llegado en la historia espacial.

El despliegue de ATENEA ocurrirá aproximadamente cinco horas después del despegue, mientras la nave Orion todavía se encuentra verificando sus sistemas de navegación y comunicaciones en órbita alta. Este satélite transporta dosímetros para medir la radiación al atravesar los cinturones de Van Allen, datos que serán fundamentales para las futuras colonias lunares. La integración de hardware latinoamericano en una misión de esta envergadura demuestra que la exploración del espacio profundo es, cada vez más, un esfuerzo de cooperación internacional y no solo una competencia entre potencias.

Los sistemas críticos y la nave Orion bajo la lupa

La misión Artemis II de la NASA funcionará como un banco de pruebas definitivo para los sistemas de soporte vital. Durante las primeras 24 horas de vuelo, la tripulación realizará maniobras de proximidad utilizando la etapa superior del cohete SLS como blanco, simulando los acoplamientos que se realizarán en el futuro en la órbita lunar. Se evaluará la capacidad de la nave para generar aire respirable y eliminar dióxido de carbono bajo condiciones de estrés metabólico, algo que solo puede testearse con humanos a bordo y en tiempo real.

Una vez que la nave ejecute la maniobra de inyección translunar, ya no habrá vuelta atrás rápida. Orion entrará en una trayectoria de retorno libre, una estrategia de seguridad que utiliza la gravedad de la Luna para «catapultar» a la nave de regreso a la Tierra sin necesidad de encender los motores principales en el tramo final. Este sobrevuelo llevará a los astronautas a pasar detrás de la cara oculta de la Luna, donde perderán comunicación directa con el centro de control en Houston por casi una hora, reviviendo la soledad absoluta que experimentaron los pioneros del siglo pasado.

Una tripulación que rompe barreras históricas

El factor humano es, sin duda, el alma de la misión Artemis II de la NASA. El comandante Reid Wiseman liderará un equipo que incluye a Victor Glover como piloto y a los especialistas Jeremy Hansen y Christina Koch. Koch hará historia al convertirse en la primera mujer en viajar a las inmediaciones de la Luna, un hito que el programa Artemis ha puesto como prioridad desde su concepción: llevar a la primera mujer y a la primera persona de color a la superficie lunar en misiones subsiguientes.

El regreso a casa será tan vertiginoso como el despegue. La cápsula Orion reingresará en la atmósfera terrestre a velocidades que superan los 40.000 kilómetros por hora, enfrentando temperaturas de 3.000 grados Fahrenheit. El éxito del amerizaje en el océano Pacífico marcará el inicio de la cuenta regresiva para Artemis III, la misión que finalmente verá a un ser humano dejar su huella en el polo sur lunar. Uruguay, desde su humilde pero atenta mirada al cielo, sigue este proceso como una señal de que el futuro, por fin, ha llegado a la puerta de casa.

¿Logrará esta nueva era de exploración lunar unir a las naciones en un objetivo común o estamos presenciando el inicio de una nueva y costosa disputa por los recursos minerales del espacio?

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