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Luis Inzaurralde renunció al Ministerio de Industria de Uruguay por diferencias internas

Luis Inzaurralde renunció al Ministerio de Industria de Uruguay tras fuertes diferencias con Fernanda Cardona. Denunció falta de autonomía y trabas.

por Marília SoaresMarília Soares
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Ministerio de Industria de Uruguay interna

El portazo que expone la interna oficialista

La gestión del Ministerio de Industria de Uruguay sumó esta semana un dolor de cabeza que no estaba en los planes del Poder Ejecutivo. Según indicaron desde el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) a Uruguay Al Dia. Luis Inzaurralde, quien hasta hace pocos días se desempeñaba como director nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas (Dinamype), presentó su renuncia indeclinable. Lo que en las oficinas de la cartera intentaron presentar como un alejamiento por «motivos personales», el propio protagonista se encargó de desmentir con un relato cargado de bronca y acusaciones de falta de libertad operativa.

Inzaurralde, una figura que aterrizó en el Ministerio de Industria con el aval del sector comercial tras años de militancia en Cambadu, no ocultó su malestar con la ministra Fernanda Cardona. Según explicó el exjerarca, su intención desde el primer día fue llevar una política de cercanía, recorriendo los pueblos más alejados para fortalecer los centros comerciales. Sin embargo, lo que parecía una hoja de ruta lógica para una dirección de pymes terminó convirtiéndose en una carrera de obstáculos burocráticos y políticos que dinamitaron su paciencia.

Trabas al interior y falta de autonomía operativa

El eje del conflicto en la cartera de Industria parece radicar en una concepción de control que Inzaurralde no estaba dispuesto a aceptar. El exdirector de Dinamype denunció que sus salidas al interior del país empezaron a ser cuestionadas y condicionadas. «Me preguntaban siempre para dónde iba, me sugerían que fuera acompañado de algún diputado local. No me dejaban salir», relató con indignación. Esta supuesta «tutela» política sobre una dirección técnica fue el detonante que lo llevó a sentirse «ofendido» en su rol profesional.

Luis Inzaurralde exdirector del Ministerio de Industria de Uruguay

Inzaurralde dejó el Ministerio de Industria de Uruguay denunciando trabas.

Desde la cúpula del MIEM, la versión es diametralmente opuesta. Fuentes oficiales sostienen que la salida de Inzaurralde se produjo tras una reunión de evaluación de fin de año donde se le realizaron «observaciones» a su desempeño. Aseguran que el trato fue respetuoso y que el exdirector simplemente no aceptó las críticas recibidas. No obstante, el contraste entre la «evaluación» ministerial y el «bochazo» de convenios específicos que denunció Inzaurralde deja en evidencia una grieta que va más allá de un simple puntaje de rendimiento.

El caso Piriápolis: un convenio que quedó en la nada

Uno de los ejemplos más claros de la parálisis que denunció el exfuncionario en el ministerio encargado de la energía y la minería ocurrió en Maldonado. Inzaurralde había avanzado en un acuerdo con el alcalde nacionalista de Piriápolis, René Graña, para instalar un local permanente de artesanos en el balneario. El municipio se hacía cargo de los vidrios, la pintura y la seguridad, mientras que Dinamype ponía el marco institucional. Sin embargo, según Inzaurralde, la ministra Cardona «bochó» el convenio sin mayores explicaciones técnicas, lo que fue interpretado como una traba política.

Este tipo de situaciones fue desgastando la relación hasta que se volvió insostenible. Inzaurralde, a pesar de estar agradecido con el presidente Yamandú Orsi y el secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, sintió que el Ministerio de Industria de Uruguay se había transformado en un lugar incómodo para trabajar. La pérdida de autonomía y la sensación de ser monitoreado en cada kilómetro recorrido por el país terminaron por devolver al dirigente a su actividad privada, dejando un hueco difícil de llenar en la articulación con el sector comercial.

Repercusiones políticas en un ministerio clave

La renuncia de una figura con el perfil de Inzaurralde no es un tema menor para el Ministerio de Industria de Uruguay. Su llegada representaba un puente directo con la micro y pequeña empresa, un sector que suele mirar con recelo la burocracia estatal. Al retirarse de esta manera, se envía una señal confusa a las cámaras empresariales del interior, que ven cómo un hombre de su riñón se va denunciando que no lo dejaron trabajar. Cardona, por su parte, deberá ahora rearmar su equipo en medio de cuestionamientos sobre su estilo de conducción.

El Ministerio de Industria de Uruguay queda ahora bajo la lupa no por sus planes de energía o conectividad, sino por su capacidad para retener cuadros técnicos que no provienen estrictamente de la militancia partidaria. El portazo de Inzaurralde es el primer síntoma de una fricción que podría repetirse en otras áreas si el equilibrio entre la gestión y la política territorial no se ajusta. Mientras tanto, el exdirector ya prepara su regreso a Cambadu, dejando atrás una experiencia pública que terminó mucho antes de lo previsto y con un sabor amargo difícil de digerir.

¿Es posible llevar adelante una gestión técnica exitosa cuando los intereses de los diputados locales parecen pesar más que los convenios con los municipios?

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