Inicio Panorama mundial«Priorizamos a la gente honrada», afirmó Bukele sobre su polémico plan estatal

«Priorizamos a la gente honrada», afirmó Bukele sobre su polémico plan estatal

El presidente defiende el método Bukele en El Salvador tras reunirse con José Antonio Kast. ¿Seguridad efectiva o violación de garantías básicas?

por Giuseppe RinaldiGiuseppe Rinaldi
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La receta salvadoreña que divide las aguas en América Latina

En una región donde la inseguridad es la principal preocupación que quita el sueño a los ciudadanos, la figura de Nayib Bukele se erige como un faro para algunos y como una advertencia democrática para otros. Durante una reciente conferencia de prensa junto al presidente electo de Chile, José Antonio Kast, el mandatario salvadoreño no anduvo con vueltas y blindó el polémico método Bukele en El Salvador. Para el mandatario, la discusión sobre las garantías fundamentales ha estado, durante décadas, «patas para arriba», protegiendo más al que empuña el arma que al que sale a laburar todas las mañanas.

La visita de Kast no fue un hecho menor; fue un espaldarazo político que resuena en todo el Cono Sur, incluido nuestro Uruguay, donde el debate sobre la mano dura siempre está a la vuelta de la esquina. La receta del presidente salvadoreño ha logrado reducir las tasas de homicidios a niveles históricos, pero el precio, según organismos como Amnistía Internacional, ha sido un recorte drástico de las libertades civiles. Sin embargo, Bukele se muestra imperturbable y redobla la apuesta frente a los micrófonos internacionales que cuestionan su ética de gobierno.

La prioridad de los derechos de la gente de bien

Cuando una periodista chilena le consultó sobre las supuestas vulneraciones a los derechos humanos, Bukele respondió con la puntería de quien sabe que tiene el apoyo popular en el bolsillo. El presidente cuestionó el enfoque selectivo de las ONG, preguntándose por qué el foco siempre está puesto en quienes «masacran y cortan cabezas» en lugar de en las familias que fueron diezmadas por las maras. El estilo Bukele para enfrentar al crimen se basa en una premisa simple pero brutal: los derechos humanos de los asesinos pasan a un segundo plano frente a los de las víctimas.

Bukele fue tajante al señalar que su administración ha priorizado el derecho a la vida de los inocentes. «¿Por qué el enfoque es en los derechos de los que violan mujeres y matan niños?», disparó el mandatario, dejando en claro que para él, la moralidad de la seguridad pública no admite grises. Esta postura ha viralizado la fórmula de seguridad que divide opiniones como una solución rápida —y para muchos necesaria— ante estados fallidos que no han sabido proteger a sus ciudadanos de la barbarie criminal.

Una reforma carcelaria bajo la mirada del mundo

Uno de los puntos más llamativos de la defensa de su gestión fue el destino de los privados de libertad. El mandatario aseguró que el 70% de los presos en su país recuperará la libertad en menos de una década, pero bajo condiciones muy distintas a las del pasado. Según su relato, el modelo salvadoreño contra las pandillas incluye programas de reforma donde los reclusos trabajan reparando escuelas y limpiando playas. La idea es transformar al delincuente en un sujeto útil para la sociedad, lejos del ocio carcelario que suele ser escuela de nuevos delitos.

Resultados del método Bukele en El Salvador

La baja de criminalidad tras el método Bukele. REUTERS/Jose Cabezas

Esta visión de «cárceles productivas» es parte del marketing político que Bukele maneja a la perfección, pero también es una respuesta a quienes denuncian hacinamiento y tratos degradantes. Mientras el mundo mira con lupa cada movimiento en San Salvador, el presidente insiste en que los presos hoy están «contentos y con buena actitud» contribuyendo al país. Es una narrativa poderosa que busca neutralizar los informes de Human Rights Watch que hablan de detenciones arbitrarias y falta de debido proceso.

El respaldo político y el espejo regional

La sintonía con José Antonio Kast marca un hito en la internacionalización de estas políticas de seguridad. Para muchos analistas, el método Bukele en El Salvador se está convirtiendo en una «franquicia» atractiva para líderes de derecha en toda la región que buscan resultados inmediatos ante crisis de violencia crónicas. La conferencia conjunta subrayó que el debate sobre el uso de la fuerza y sus límites está más vivo que nunca, y que la legitimidad de Bukele parece nacer directamente de la sensación de alivio de un pueblo que antes vivía bajo el yugo de las pandillas.

En Uruguay, donde el sistema carcelario suele ser noticia por sus carencias y la reincidencia es moneda corriente, estas declaraciones no pasan desapercibidas. El modelo salvadoreño desafía la diplomacia tradicional y pone contra las cuerdas a los organismos internacionales que, según Bukele, nunca estuvieron cuando «las maras cortaban manos». El desenlace de este experimento social y político determinará si América Latina se encamina hacia una era de orden a cualquier costo o si el respeto por las garantías individuales seguirá siendo el límite infranqueable.

¿Es posible aplicar soluciones tan drásticas sin herir de muerte a la democracia y los derechos fundamentales en el proceso?

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