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La madrugada de este sábado no fue una más para el continente; fue el momento en que la teoría se volvió práctica y el desafío de Maduro terminó en una celda neoyorquina. Tras el operativo militar de gran escala ejecutado por Estados Unidos, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, la región no tardó en mostrar sus costuras. La búsqueda de la libertad de Venezuela ha trazado una línea de fuego entre los mandatarios que ven en esta acción el fin de una pesadilla y aquellos que, aferrados al manual del siglo XX, denuncian una violación a la soberanía.
El anuncio de Donald Trump sobre el éxito del ataque y el traslado del líder chavista para enfrentar cargos por narcoterrorismo generó una catarata de reacciones. Para muchos venezolanos exiliados en Montevideo, este sábado representa el primer día de la verdadera libertad de Venezuela, un sentimiento que chocó de frente con los comunicados oficiales de algunos gobiernos vecinos que prefirieron centrar su atención en los bombardeos y no en las décadas de represión que precedieron a este desenlace cinematográfico.
Tabla de contenidos
Los gobiernos que celebran la libertad de Venezuela
En la vereda de los que aplauden, el presidente argentino Javier Milei fue el más enfático. Sin vueltas, como es su estilo, celebró la libertad de Venezuela y el operativo de captura, advirtiendo que Argentina acompañará la posición de Trump en el Consejo de Seguridad de la ONU. Para Milei, se trata de la caída de un régimen que «venía trampeando las elecciones» y que solo podía ser removido por una fuerza externa ante el control total interno. Es una postura de alineación total con Washington que busca acelerar la transición democrática en Caracas.

Países a favor y en contra de la libertad de Venezuela.
Por su parte, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, y el paraguayo Santiago Peña, también se sumaron al bloque que apoya la libertad de Venezuela. Peña fue claro al señalar que la salida de Maduro debe abrir paso inmediato a la restauración del Estado de derecho. Desde El Salvador, Nayib Bukele fue más directo: publicó la foto de Maduro esposado y le espetó a los críticos que solo querían defender delincuentes. Para estos gobiernos, la seguridad regional y el combate al narcotráfico pasan obligatoriamente por un cambio de mando en Venezuela.
La postura de Uruguay ante la libertad de Venezuela
Acá en casa, la cosa fue distinta. El gobierno de Yamandú Orsi publicó un comunicado donde la palabra «preocupación» fue la protagonista. Uruguay, fiel a su tradición de no intervención, rechazó el uso de la fuerza y la incursión militar estadounidense. Aunque el fin sea la libertad de Venezuela, para la administración del Frente Amplio «el fin no puede justificar los medios. Esta postura puso a Uruguay en el mismo grupo que Brasil y México, priorizando el respeto al Derecho Internacional por sobre la caída de la dictadura chavista.
La Cancillería uruguaya enfatizó que América Latina debe ser una «zona de paz», un concepto que hoy suena a utopía mientras Maduro vuela hacia Brooklyn. Esta respuesta de Orsi generó críticas inmediatas en la oposición local, que acusa al gobierno de ser funcional al relato de Maduro al no celebrar su captura. Mientras tanto, el consulado uruguayo en Caracas está en alerta permanente, pendiente de la seguridad de los compatriotas que viven una transición que todavía huele a pólvora y que pone a prueba la fe en la libertad de Venezuela.

Uruguay ante el operativo por la libertad de Venezuela.
El bloque pro-Maduro y las críticas al operativo
Desde Brasilia, Lula da Silva lideró el coro de los descontentos. Para el líder del PT, la captura de Maduro es una «afronta gravísima a la soberanía» y un precedente que invita al caos. Lula, que intentó ser mediador sin éxito durante meses, ve cómo su influencia regional se desvanece ante la acción directa de Trump. En la misma línea, la México de Claudia Sheinbaum mantuvo su política de «no intervención», omitiendo cualquier mención a la causa penal por narcotráfico y centrando su crítica en la unilateralidad del ataque que supuestamente busca la libertad de Venezuela.
En Colombia, Gustavo Petro también mostró su alarma. Con una frontera de más de 2.000 kilómetros, Petro teme que la caída del régimen desate una ola de violencia incontrolable que salte la línea fronteriza. Su llamado a la «desescalada» es visto por muchos analistas como un intento de proteger a sus socios ideológicos, mientras que desde Cuba, el régimen de los Castro denunció la «agresión cobarde» contra una nación que no agredió a nadie. El eje bolivariano se cierra sobre sí mismo, viendo cómo la libertad de Venezuela golpea sus propias estructuras de poder.

Líderes divididos por la libertad de Venezuela.
El futuro de la libertad de Venezuela en el tablero regional
Con Maduro ya bajo custodia federal, el debate sobre la legitimidad de los medios utilizados no va a parar. La libertad de Venezuela es hoy un hecho consumado que obliga a los gobiernos de América Latina a recalcular sus alianzas. Panamá y Ecuador ya se han puesto a disposición para coordinar una transición ordenada, mientras que el bloque del Mercosur queda fracturado entre la euforia de Argentina y el recelo de Brasil y Uruguay. La reconstrucción de las instituciones venezolanas será un proceso largo y tedioso que requerirá algo más que bombardeos.

La región se enfrenta ahora a la pregunta de cómo se gobernará Venezuela hasta que haya elecciones libres. Trump ya adelantó que Estados Unidos tendrá un rol activo, algo que irrita a los defensores de la soberanía pero que da esperanzas a los que creen que el país caribeño no puede salir solo del pozo. La libertad de Venezuela ha dejado de ser una consigna de pancarta para convertirse en un experimento geopolítico en tiempo real que marcará las relaciones diplomáticas del continente por las próximas décadas.
¿Es posible construir una democracia sólida tras una intervención militar extranjera o el método utilizado dejará una herida abierta en la soberanía latinoamericana difícil de sanar?
