En un acto que roza la desidia institucional, el Ministerio de Salud Pública (MSP) decidió negar el acceso a los Gonzalo Moratorio medicamentos de alto costo que el científico requiere para combatir un tumor cerebral.
La corta memoria de un sistema que olvida a sus héroes
Uruguay parece haber olvidado rápido. El hombre que puso su intelecto, su tiempo y su propia salud al servicio de la nación durante la crisis sanitaria más profunda del siglo, hoy se encuentra en la vereda opuesta de la protección estatal. El Ministerio de Salud Pública, junto al Fondo Nacional de Recursos (FNR), emitió una respuesta negativa al recurso de amparo presentado por Gonzalo Moratorio. Este rechazo, aunque calificado como «de estilo» por los tecnicismos legales, golpea con una violencia simbólica inaudita: al científico que nos dio las herramientas para sobrevivir a la pandemia, hoy el Estado le niega las herramientas para su propia supervivencia.
A mediados del año pasado, Moratorio fue diagnosticado con una patología oncológica cerebral. Desde entonces, inició una batalla personal que hoy se traslada a los juzgados de Montevideo. Los fármacos solicitados, Nivolumab y Relatlimab, representan la diferencia entre la vida y un desenlace fatal inminente. Sin embargo, para la administración pública, el costo de US$ 30.000 mensuales parece ser un obstáculo mayor que el valor de la vida de quien fuera el principal escudo técnico del país en sus horas más oscuras.
El laberinto judicial de los medicamentos de alto costo
El equipo legal del virólogo, liderado por los abogados Martín Frustaci y Rodrigo Rolón, confirmó que la negativa administrativa es el primer escollo en una carrera contra el reloj. Este jueves, una audiencia judicial definirá si la balanza de la Justicia se inclina hacia el derecho a la vida o hacia el rigor presupuestario del MSP. La situación es crítica: Moratorio está agotando sus últimas dosis, y sin la continuidad de la inmunoterapia, los esfuerzos realizados hasta ahora podrían colapsar en cuestión de meses.
El riesgo de un desenlace fatal por burocracia
La advertencia de la defensa es tajante: si no se adjudica la medicación, el tratamiento complementario perderá eficacia. No se trata de un pedido caprichoso ni de una terapia experimental sin sustento; los resultados médicos actuales muestran que la enfermedad ha mostrado un retroceso significativo gracias a estas drogas. Es decir, el tratamiento funciona, pero el Estado prefiere discutir expedientes mientras el paciente consume sus últimas reservas de inmunoglobulinas.
Resulta paradójico y cruel que el mismo sistema que utilizó la imagen de Moratorio para transmitir calma y seguridad a tres millones de personas, hoy le cierre la puerta en la cara cuando el «alto costo» tiene nombre y apellido. El científico se encuentra estable, con buen ánimo y con ganas de seguir aportando al país, pero su existencia hoy depende de un giro en la política de rechazos automáticos de la cartera de salud.
Una deuda ética incalculable
Más allá de las leyes, este caso expone una quiebra ética en el contrato social uruguayo. Durante la pandemia, Moratorio no pidió recursos de amparo para trabajar día y noche en los testeos que salvaron la economía y la salud nacional. Lo dio todo sin pedir nada a cambio. Hoy, cuando la patología golpea a su puerta, la respuesta del Ministerio es un frío documento de rechazo que ignora su entrega absoluta al país.
La sociedad observa con estupor cómo se dilatan decisiones que no admiten demora. La inmunoterapia es el último bastión de defensa para Moratorio, y la negativa estatal es un mensaje desalentador para toda la comunidad científica. Si un referente de su calibre debe mendigar ante la Justicia lo que por derecho natural le corresponde, ¿qué queda para el ciudadano de a pie? Mañana, la Justicia tendrá la oportunidad de corregir este desprecio institucional y devolverle a Moratorio un poco de la vida que él ayudó a preservar en todos nosotros.
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