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La intervención militar norteamericana que terminó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas generó un cimbronazo que se sintió con fuerza en la Plaza Cagancha este sábado. Mientras gran parte del continente observa el fin de la dictadura chavista con alivio, el senador comunista Óscar Andrade decidió pararse en la vereda de enfrente para repartir carnets de «cipayo» a todo aquel que no comparta su visión sesentista del mundo. En una movilización que pareció un viaje en el tiempo a la Guerra Fría, el legislador del PCU centró su discurso en defender la soberanía de un régimen acusado de narcoterrorismo, ignorando por completo el drama humanitario que expulsó a millones de venezolanos de su tierra.
El legislador, que parece ignorar las sistemáticas violaciones a los derechos humanos denunciadas por la ONU, centró su discurso en una supuesta «reformulación radical de la Doctrina Monroe». Para Andrade, la intervención militar norteamericana no tiene nada que ver con la liberación de un pueblo oprimido ni con la captura de un mandatario imputado por narcoterrorismo. En su visión del mundo, todo se reduce a un burdo plan de Donald Trump para apoderarse del petróleo venezolano y enriquecer a sus compañías, una teoría que le permite esquivar el bulto sobre la naturaleza dictatorial de sus aliados caribeños.
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La advertencia de Andrade sobre la intervención militar norteamericana
Durante su diálogo con la prensa, el senador comunista advirtió que lo ocurrido este sábado marca una «línea de difícil retorno» para el continente. Bajo su óptica, la intervención militar norteamericana en Venezuela es apenas el primer paso de un avance imperialista que mañana podría apuntar contra Colombia o incluso Brasil. Resulta curioso que Andrade hable de soberanía cuando el régimen que defiende ha entregado el control de sus recursos y su seguridad a potencias como Irán, Rusia y China, pero claro, en el manual de la izquierda radical, esas injerencias no parecen calificar como tales.
Andrade insistió en que «las tragedias de América Latina no se arreglan con militares», una frase que suena a ironía pura viniendo de un sector que ha respaldado históricamente a una dictadura que se sostuvo, justamente, sobre el poder de las armas y la represión ciudadana. Al calificar de cipayismo el apoyo a la intervención militar norteamericana, el senador intenta clausurar un debate necesario con insultos de barricada, ignorando que miles de venezolanos que hoy viven en Uruguay ven en este operativo la única oportunidad real de volver a sus casas tras años de miseria y persecución.
El petróleo como excusa ante la intervención militar norteamericana
Para desviar la atención de los cargos de narcotráfico que pesan sobre Maduro, Andrade recurrió al viejo truco del determinismo económico. Aseguró que el conflicto no se trata de «democracia o dictadura», sino de quién se queda con el crudo. Según el senador, la intervención militar norteamericana es una maniobra de saqueo, minimizando así el clamor de millones de venezolanos que pedían a gritos una salida al estancamiento de un régimen que convirtió al país más rico de la región en una fábrica de pobres.
El discurso de Andrade también incluyó referencias al Canal de Panamá, intentando tejer una red de conspiraciones que justifiquen su rechazo visceral a la caída de Maduro. Sin embargo, su retórica choca con la realidad de una Plaza de la Bandera que, a pocos kilómetros de allí, se llenaba de gente celebrando que el carcelero de Caracas finalmente tendrá que dar explicaciones ante un juez. La intervención militar norteamericana es, para el «Boca», una afrenta a la «dignidad de los pueblos», aunque esa dignidad haya sido pisoteada por el chavismo durante el último cuarto de siglo con el silencio cómplice de su partido.
El aislamiento del relato frente a la intervención militar norteamericana
Mientras Andrade marchaba junto a unos cientos de incondicionales, el resto de la región parece estar moviéndose en otra dirección. La insistencia en defender la soberanía de un «narcorégimen» pone al senador comunista en una posición de aislamiento que incluso incomoda a algunos sectores del Frente Amplio. Al afirmar que la intervención militar norteamericana es un acto de piratería moderna, Andrade se olvida de que la verdadera piratería fue la que vació las arcas del Estado venezolano mientras su población hurgaba en la basura para comer.
La movilización en Montevideo terminó siendo un ejercicio de retórica vacía, donde se gritó más contra Trump que a favor de la libertad de los presos políticos en Venezuela. Para Andrade, la intervención militar norteamericana es el pecado original, pero la tortura en El Helicoide o la masacre de opositores en las calles de Caracas parecen ser detalles menores que no merecen una concentración urgente. El término «cipayo» terminó siendo el bumerán de la jornada: ¿quién es más entreguista, el que apoya la caída de un tirano o el que defiende los intereses de una casta que destruyó una nación entera bajo consignas revolucionarias?
